De golpe y MAZazo
Conciertos / Maz Basauri

De golpe y MAZazo

7 / 10
Asier Goikoetxea & Amaia Santana — hace 2 años
Empresa — Ayuntamiento de Basauri
Fecha — 27 abril, 2018
Sala — Social Antzokia / Basauri
Fotógrafo — David Mars

1ª Jornada MAZ Basauri: Sidonie y Rufus T. Firefly

Sold out para la primera noche del MAZ Basauri con dos bandas que se profesan amor pero que bien poco tienen que ver una con otra.

Abrieron ante una sala medio llena Rufus T Firefly, bien juntitos en el escenario en formación pentagonal y con mayor protagonismo para Julia a la batería y su cantante, guitarrista y teclista Victor. Setenteros y contemporáneos, precisos, intensos, intrincados en momentos y con unas dinámicas bestiales, dieron un señor bolazo. Repasaron sobre todo temas de su más reciente y tameimpalero (entre muchísimas otras referencias ) disco “Magnolia”, cayeron también “El problemático Winston Smith” y “Pompeya” de su aclamado “9”, presentaron algún tema nuevo del disco “Loto” que aún está por publicar. Ganaron nuevos adeptos sin duda ninguna.

Si esta fue la cara del concierto, la cruz la dieron Sidonie (foto inferior y encabezado) con el mismo espectáculo que vienen haciendo en la gira del ”El Peor grupo del mundo”, utilizando los mismos trucos de siempre pero con un punto de labor funcionarial. Empezaron fuerte, repasaron canciones de su primer disco como “Feeling down” o “Sidonie goes to Moog”, destacando “Fascinado”, pero se fueron desinflando con los temas de su último disco. No falto el humor en forma de cartelitos a lo videoclip de “Subterranean homesick blues ” de Dylan, en “No sé dibujar un perro” , o que Marc se diera una vuelta por el coso a lomos de un pipa cantando “Un Día de mierda”. Celebraron sus 20 años como banda e hicieron una recta final con “El Incendio” y pusieron a casi todo el mundo a bailar con “Estáis aquí”. Sus seguidores se fueron contentos para casa.

Asier Goikoetxea

2ª Jornada MAZ Basauri: Willis Drummond, Biznaga y Los Cosméticos 

El trío bilbaíno Los Cosméticos (foto inferior) regresa un año después al mismo escenario donde se alzó ganador del concurso de bandas Rockein. Vienen con una propuesta bastante diferente a lo que presentaron entonces: su nuevo y reluciente EP “Puro Plástico” se pasa al castellano y transita por una carretera secundaria, oscura y con baches, entre León y Benavente. Léase “Eclipse”, cuyos primeros acordes recuerdan mucho a la banda de indie canalla que lidera Abraham Boba. En “Bipolar” experimentan con ruidos y letras no menos desconcertantes: “Hoy estás en modo bipolar/En Mullholland Drive serías la mala”. “Úsame” conserva la esencia pop con unos toques de psicodelia retorcida.
También repasan su garagero “Danze! Zizek! Danze!”, con el que abren y cierran el bolo. Un disco muy a tener en cuenta por la mera mención al irreverente filósofo, ese que entre ostentosas gesticulaciones asegura que el amor es el mal y que realmente no queremos aquello que creemos desear. “Kukufat” es un trallazo macarrónico y “You’re The One” suena a los primeros Arctic Monkeys, los de guitarras roñosas y letras de amor adolescente fraguadas en un pub de Sheffield. Es una pena la tibia asistencia del público, al que parece le separa un abismo del escenario, debido a la disposición del teatro. A juzgar por la oscuridad de sus nuevos temas y su brutal portada, “Puro Plástico” sería una buen hilo musical mientras te realizan una vasectomía, o un realce de pómulos, o un quítame cuarto y mitad de aquí y pónmelo acá. Su propuesta de carnaval siniestro promete. Se despiden con la pegadiza y coreable “Only A Dream”.

Esperamos material nuevo de Biznaga (foto inferior) con la misma urgencia con que ejecutan su rabia intrínseca y fugaz. La banda madrileña irrumpe con “Las Brigadas Enfadadas”, de su debut en LP “Centro Dramático Nacional”. Su melodía de pop envenenado cala, y se antoja una buena banda sonora para las movilizaciones a las que hoy asistimos en las calles grises de una ciudad cualquiera…“¡Qué sitio tan bonito para una música tan fea!”, observa Álvaro, cantante y guitarra -¡además de gran letrista!-. Entre gritos enfurecidos, guitarreo salvaje y frenético, esa “música fea” guarda letras oscuras que irradian lucidez. Poetas-punk de un sistema infame y decadente, son cronistas de estos tiempos (los cuales sí son verdaderamente feos). La rabia y venas del cuello hinchadas del cantante provocan un escalofrío que evoca la figura de Iosu Eskorbuto. Da la sensación de que cada vez tocan más rápido, así que la etiqueta “demenciales chicos acelerados” les viene al pelo. Somos pocos, pero el keroseno de Biznaga empieza a calentar el ambiente al grito de proclamas como “¡Somos putas! ¡Somos putas! ¡Somos putas!” (“Máquinas blandas”). Sangre, cuerpos inanes y balas a la altura de la panza, ¿quién da más? Hay más, como el baile frenético al grito paralíticopermanente “¡Fiebre!”. Banda y público convienen en su petición de más sonido. “Héroes Del No” muestra la fiereza de su trabajo más reciente, “Sentido del espectáculo”. Si pestañeas, no es que te lo pierdas: ¡te llevas un tortazo en la cara! Esta noche les acompaña David Iñurrieta, AKA Dave Petrone, voz y guitarra de Terrier. Sustituye a Pablo –“que está en Sicilia, el cabrón”, apunta Álvaro-. El invitado especial se autodenomina con humildad “el becario”. Llega la incombustible “Nigredo” en forma de anuncio televisivo de un detergente 100% corrosivo y testado dermatológicamente (piel de gallina, tibios abstenerse). “¡Qué silencio! ¡Parece que estamos en Japón!”, pronuncia la lengua viperina del cantante. “Todo el mundo tiene el corazón joven…”, murmulla misterioso, entre carcajadas. Milky, batería maníaco de sonrisa endiablada, se viene tan arriba que empieza a descuajeringar su batería y tiene que ser asistido por un técnico, a quien le da indicaciones Jurgi Ekiza de Willis Drummond, desde un lateral del escenario. “Los Cachorros” y “Una Nueva Época Del Terror” son un pack indivisible como los productos con los que te abruman en el hipermercado. “Nos despedimos con un tema sobre Basauri”, anuncia con sorna el bajista Jorge. A “Una Ciudad Cualquiera” le sigue otro temazo, “Mediocridad y Confort”. A ver si salimos de la zona de confort, sí; que hay bandas de sangre joven e hirviente, con garras, ideas y un discurso que se está tejiendo aquí y ahora. No sé si esta banda es fucsia, pero sí pura poesía anti-idiotez.

Tras un par de amagos de inicio del bolo, Willis Drummond (foto inferior) arranca con la poderosa “Athabasca”, previo del triste anuncio del bajista Xan Bidegain: dedica el concierto a la memoria de la hermana de su novia. El ahora trío de Iparralde nos conduce por caminos sinuosos que llevan a paisajes tormentosos y cautivadores. Inevitable echar en falta a Joseba B. Lenoir, es una gran baza, sin duda. Con todo, esta vuelta a los orígenes no decepciona ni mucho menos. Lo de power trio se les queda corto. De hecho, su potencia a duras penas se puede medir en vatios, quizá deberíamos hablar de una nueva unidad Willis Drummond o algo así. Su rock pesado podría a priori ahondar en demasía en esa tozudez de guitarras chirriantes y melodías acongojantes -siempre sobre la batería salvavidas del genial Felix Buff-. Uno de esos estilos que o bien te entusiasma o desconectas al tercer tema, por monótono. No es el caso de Willis Drummond: la versión que vemos hoy hace todo tipo de virguerías sobre una amplia paleta de tonos, ritmos y matices. Desde baladas rotundas (“A ala B”) a un duelo inquietante de consecuencias catastróficas (“Hondamendi Hontan”), además de convincentes muestras de potente stoner y el rock más árido. Todo el peso de la guitarra recae de nuevo sobre un siempre resolutivo y exultante Jurgi Ekiza, cuyo lenguaje corporal baila un swing desquiciante.
Xan Bidegain, por su parte, tira de sus habituales golpes en la cabeza y en el pecho como muestra de la pasión con que abordan –y desbordan- cada uno de sus innumerables directos. Buena dosis de distorsión introspectiva con intrépidas incursiones en el ruidismo, gracias a la vibrante “Ate Ttipia” o las demoledoras “Anai” e “Ilegala”.
Traen consigo un juego de luces no apto para miopes fotofóbicos, eso sí. Te tocan la fibra óptica y caes en el trance de su cadencia hipnótica y arrasadora. Se balancean sobre la ley de la gravedad con su rock denso, que desgranan con aplastante solvencia. Tras unos aclamados bises como traca (tralla) final, Ekiza reivindica: “Gora bizitza!” (¡Viva la vida!). Y tanto.

Amaia Santana

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