Grandes letras, magnetismo y hieratismo. Reacciones de amor y odio a partes iguales, y una innegable evolución. Una estática y desafiante Ariadna (ni un ápice de movimiento en la hora que duró el concierto), delineó canciones pertenecientes a sus dos primeros discos y presentó en el segundo concierto programado del ciclo Nocturama, su nuevo trabajo, “Una montaña es una montaña”, producido por El Guincho, quizás el culpable de esta progresión, y abundante de grandes temazos contestatarios llenos de fuerza y matices.
Mirando al vacío y haciendo gala de su imperturbabilidad, conquistaron con irreverentes, corrosivos y conocidos temas, como “Tus amigos”, todo un himno que desató el entusiasmo de los presentes, esa declaración de principios que es “Dinero”, la contundente “Fondo de armario” o “Maricas”, coreadamente recibida, mientras se proyectaban bizarras imágenes (pudimos leer entre otras frases lapidarias “mis ingresos son mis mayores gastos”), que ilustraban de manera complementaria su total inexpresividad.
Actitud desafiante que porta como gamberro emblema, y es compensada por letras, un gran sonido, arreglos, instrumentación y melodías, sin deslucir el notable conjunto de ruidosas y retorcidas composiciones que fueron diseccionando; estreno de la tanda de nuevas canciones, que fueron desentrañando de una forma acertada. Entre ellas maravillaron sobremanera “Alférez Provisional”, capaz de aderezar sensaciones a la primera escucha de esos trallazos guitarreros que ahora más que nunca son su seña de identidad, “Tráfico de órganos de iglesia”, un single potencial en el que revalidan cómo han pulido sus posibles vicios sin dejar de lado su mordacidad y distorsiones, “155”, una canción redonda y que cuaja con un estribillo tarareable, y “Mis amigos”, estridente y socarrón humor negro que habitó el mejor momento de la noche. Un marcado estilo shoegaze que no cedió ante la petición de bises a Antonna y su inmutable compañía, quienes sólo esbozaron un sobrio “gracias, buenas noches” en el último segundo. Que sigan explorando calidad y mala leche a lo largo de esta travesía montañosa repleta de crestas y valles.