Borrachos y orgullosos. Ése era
el titular que aparecía en el MondoSonoro a propósito de una entrevista a Dropkick
Murphys realizada en el año 2000. Diez años más tarde, puedo asegurar que los
de Boston se emborrachan igual pero que están el doble de orgullosos a la vista
de las cotas de popularidad alcanzada por la banda (lleno absoluto en la sala
Razzmatazz 2). También cabe apuntar que su repertorio actual en directo  poco tiene que ver con el que mostraron
en el concierto más entrañable de la banda: “Live On St. Patrick’s day”
, un bolo del 2002 en su Boston natal que también fue
publicado en disco. “The Gauntlet”, “Barroom Heroes”, “The Spicy McHaggis Jig”
y “Boys On The Docks” son las únicas cuatro canciones clásicas que siguen
tocando. Todas las demás son temas de sus últimos trabajos. La pena es que sea
difícil trasladar al directo el sonido de la gaita, del acordeón y de la
mandolina, elementos que, al fin y al cabo, son los que dotan al sonido de
Dropkick Murphys de ese punto extra de originalidad y autenticidad. Sin ese
toque folk, los Murphys no pasan de ser una buena banda de punk-rock cervecero
para hooligans
. El concierto de Barcelona
(en su segunda visita a la ciudad en toda su trayectoria) no fue una excepción
y la saturación de volumen de las guitarras y de las voces impidió apreciar el
trabajo de los vientos. Después de una hora y media justa de actuación, me
quedo con las dos invasiones consentidas de escenario del final, primero de
chicas y luego de chicos, al grito unísono de “Let’s Go Murphys!”