Cruzar el charco para ofrecer un concierto en un país distinto y con una terrible crisis económica es una tarea áspera para cualquier banda. Pero no fue nada que perturbara a la sobresaliente solidez escénica y estética de La Plata, que en cuestión de poco tiempo se han labrado un nombre en esto tan ecléctico del punk y el pop. Los valencianos no pararon de repetir durante todo el concierto en el Teatro Xirgu del barrio de San Telmo de Buenos Aires lo contentos que estaban de poder tocar en la capital argentina. La mecha inicial de La Plata, “Un atasco”, canción que subió el cantante Diego Escriche, convirtió a la banda en un referente en carteles de festivales y salas. Tras dos años, decenas de conciertos y un disco publicado -”Desorden” (Sonido Muchacho, 18)-, nada de la base creativa de la banda ha cambiado: ni su manera de entender la música en grupo ni su pasión y concentración a la hora de llevarla al escenario.

La elegancia de la banda, mezclada con la sobriedad del lugar, ofrecían al público una experiencia diferente al tipo de escenarios y salas en los que La Plata suele tocar. Un Xirgu a medio llenar que reflejaba la situación económica del público porteño pero que no supuso un problema para la banda, que manejó la hora de duración del concierto con extrema sensibilidad y saber hacer en escena. Presentaron su disco debut con una energía descomunal con singles como “Miedo” o “Me voy”, dos de las más cantadas por el público. Una fuerza y un ritmo entre el pop y el punk, entre lo bailable y desenfrenado y las letras llenas de decepción y movilización. Con apenas una tela con el logo -tan singular- de la banda, podía parecer que les quedaría demasiado grande por ser un grupo con solo dos años de trayectoria. Pero cuando se sabe hacer buena música, no se necesita nada más.

Escriche, tan concentrado como desenfadado, tomaba el micrófono en mano para acercarse al público, que cantaba a la perfección sus letras. No hacía falta que animaran a los asistentes a cantar: todo el mundo se sabía sus canciones y bailaba sin parar. La Plata ha conseguido en tan solo dos años crear un público genuino que echaba de menos el toque macarra en lo pop, una reversión de la oscuridad de la adolescencia, no importa en qué parte del mundo. Unos asistentes que se volvieron locos al escuchar las últimas canciones, capitaneadas por “Un Atasco” y “Esta Ciudad”.

Los cinco componentes de la banda, vestidos de negro, se compenetraban de una manera más que sublime, con el detalle de un reloj pero la simpatía y la naturalidad de un grupo de amigos, algo que el público, ansioso de sus hits, palpaba a la perfección. Despedirse con “Me Miras Desde Lejos” fue la metáfora de lo que La Plata significa para el público porteño: una banda lejana en kilómetros pero cercana, palpable y necesaria tanto en temáticas como en estilo.