Kiko Veneno, día muy grande
Conciertos / Kiko Veneno

Kiko Veneno, día muy grande

8 / 10
Cristina V. Miranda — 17-03-2011
Empresa — Spanish Bombs
Sala — Joy Eslava, Madrid
Fotógrafo — Alfredo Arias

Para los seguidores de Kiko Veneno que habíamos asumido que lo mejor de su carrera se había quedado en los 90 y que lo que ahora quedaba era seguir disfrutándole con cariño y pocas pretensiones, el lanzamiento de “Dice la Gente” supuso una bofetada en todos los morros. Una bofetada maravillosa, claro, de las que te espabilan y te mantienen alerta. Como ayer nos mantuvo, durante las dos horas largas que duró el concierto. Kiko comenzó suavecito, de blanco impoluto, como ya nos tiene acostumbrados, desde el primer pelo de la cabeza a los pies, y acompañado por su banda habitual, a saber: guitarras, bajo, percusiones, batería, teclado y todo tipo de pequeños instrumentos, en total, siete personas en el escenario que no harían sino ir creciendo a medida que avanzaba la noche.
Como decía, empezó suavecito, desgranando las canciones de su último disco con la paciencia del que sabe que tiene un buen material entre sus manos, e intercalándolas, sin prisas, con alguno de sus éxitos atemporales como “Los delicuentes”, que sonó un tanto descafeinada y carente de la crudeza y la garra de sus primeros tiempos. Y aquí finalizan las pegas al concierto, en algún momento entre los cajones flamencos y los chascarrillos sobre lo extrasensorial, Kiko y su banda ibicenco-rumbera conectaron definitivamente con el público. Empezaron a sonar entonces “Andalucía”, “Dice la gente”, “El duende” y otros de los grandes temas que han retirado a Veneno de las filas de los artistas de la nostalgia. Y es así, en el marco de un presente luminoso, como mejor suenan clásicos como “Respeto” o “Joselito”. Pero Kiko, que había empezado suavecito, tenía preparados varios ases bajo la manga y, tras presentar a su banda y hacernos creer que ya estaba todo el pescado vendido, invita a Martirio y se canta con ella “En un Mercedes blanco”. Un momento de clímax que hubiese funcionado como perfecto final, pero que él quiso mantener versionando el “Palabras para Julia” de Paco Ibáñez y, después de hacerse un poquito de rogar, invitando también a Jorge Drexler, Tomasito y Muchachito Bombo Inferno a acompañarle, en un intento por llenar hasta el último rincón del escenario de la Joy. Como no podía ser de otra manera, aprovechó la buena compañía para finalizar con su “Volando voy”, demostrando que esa cosa del “duende” existe y que, a veces, habita dentro de un señor de Figueres que ha hecho de Sevilla y del cante su vida, y que aún sabe despedir un concierto con la elegancia de un ‘ha sido un día muy grande’.

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