Alguien dijo que el concierto que John Paul Keith ofreció en el Azkena Rock en el año 2015 fue, con diferencia, el mejor de aquella edición. Dejando aparte los gustos personales, tal afirmación puede resultar un tanto exagerada, pero lo que está bastante claro es que el músico y cantante de Memphis suele bordar cada actuación. Esta vez (como él mismo comentó, su séptima visita a Vitoria) apareció en formato trío, acompañado por un bajista y un baterista, ambos de estilo sobrio y efectivo, y que cedieron el total protagonismo a John Paul y sus guitarras.

Comenzó con “Never Could Say No” y ” You Devil You”, ambas de su ya lejano y estupendo “The Man The Time Forgot”, para a continuación acometer con desparpajo una de las estrellas de su más reciente álbum, el aclamado ‘”Heart Shaped Shadow”. “Something So Wrong”, a pesar de echarse en falta la sección de metales, que aporta un brillo especial a la versión de estudio, apabulló desde el primer acorde y empezó a calentar al personal. En “We Got All Night”, del no menos excelente “Memphis Circa 3 AM”, demostró cualidades de guitar hero y deleitó con unos brillantes punteos marca de la casa. Así, sin apenas pausa entre canción y canción (en hora y tres cuartos escuchamos casi una treintena de temas), fue desgranando joyitas de sus diferentes grabaciones, saltando con soltura del rock and roll al neocountry y del rhythm and blues a las baladas románticas. Dos ejemplos de estas últimas fueron la derritecorazones “901 Number” y la preciosa “Miracle Drug”, durante la cual pudimos visualizar a Roy Orbison amenizando con extrema calidez un baile de fin de curso en un instituto norteamericano cualquiera.

Hubo tiempo también para disfrutar de alguna composición de su proyecto paralelo Motel Mirrors, como la optimista “Meet Me On The Corner” y la más introspectiva “Let Me Be Sweet To You”. Dentro de la fenomenal tónica general del recital, al que también asistieron Elvis Presley y Buddy Holly, entre otros, sobresalieron varios momentos de rock enérgico. “Lucille” sonó muy cañera y mejoró la original de Little Richard, y la electrizante “Leave Them Girls Alone” nos hizo vibrar con su ritmo trotón. La elegida como despedida fue “I Work At Night”. La banda trabajó, y de qué manera, en ese instante y durante toda la velada, incluyendo el interludio jazzístico  que adornó la presentación y exhibición de los dos componentes de la sección rítmica. En el bis de diez minutos destacaron “Afraid To Look”, con ese riff adictivo tan contagioso, y la magnífica apropiación debida del clásico rockabilly de los años 50, “Seven Nights To Rock”. El tipo al que el tiempo no olvidará.