Con el Estadio Olímpico lleno hasta la bandera de un público heterogéneo a más no poder -alta cota de seguidores foráneos, eso sí-, ayer tuvo lugar la única cita en España de la gira “On The Run II Tour” de Jay Z y Beyoncé. ¿Y qué mejor plan para las vacaciones que hacer una escapadita a la montaña de Montjuïc para pasar una velada a la fresca mientras una de las parejas más mediáticas de los tabloides internacionales ameniza con duetos, solos y algún que otro baile agarrao en la “intimidad” de un estadio con capacidad para más de 55.000 fans? La pareja decidió volver a la carretera con un nuevo tour, dicen que para desmentir una presunta degradación en la consistencia matrimonial. Lo que es cierto es que su anterior gira, de hace cuatro años, fue una de las que mayores beneficios obtuvo durante aquella temporada.

Empezaron con “Holy Grail”, un pelotazo de Jay Z que fue grabado hace algunos años con Justin Timberlake para “Magna Carta”. Eso sí, esta vez la pareja era su señora, Beyoncé. A partir de aquí plantearon un directo en el que se iban alternando uno y otro, y en el que en algunos momentos participaban los dos. La verdad es que la fórmula fue más que efectiva, ya que el ritmo fue movido en gran medida y el abanico estilístico inabarcable. Con “03 Bonnie & Clyde” consiguieron volver loco al público por primera vez. Y es que, en este contexto, el toque latino sumó, o mejor dicho multiplicó. En este momento es cuando se separaron por primera vez, tomando cada uno su pasarela correspondiente, conectando el escenario principal con el centro de la pista. Hasta ese momento, los únicos protagonistas fueron los dos, esta especie de Pimpinela a la americana -la del norte, claro-, que habían venido a demostrarnos su amor infinito y eterno. Eran ellos y una pantalla gigantesca con una resolución del futuro, pero luego fueron apareciendo nuevos personajes: por un lado las bailarinas que acompañaron a la diva de las divas en las coreografías; por otro, los músicos que permanecieron en un escenario vertical, distribuidos en tres niveles de altura. Hasta bien pasada una hora no llegó la primera balada, con “Resentment” y con ella el primer descanso. Eso sí, fue una balada que culminó con una exhibición vocal de Beyoncé de las que hacen afición. Musicalmente no hicieron ascos a ninguna fuente: hubo momentos jamaicanos, latinos, phonk, trap… Y si las influencias sonoras vienen y van en sus directos, lo mismo podemos decir del vestuario de ambos. En prácticamente cada bloque de dos o tres temas que interpretó cada uno hubo una renovación integral del atuendo. Y es que sus giras están a medio camino entre la pasarela de moda, el videoclip, el anuncio de tendencias y el concierto de rock. Los temas se fueron sucediendo hasta más allá de las dos horas. Atención especial mereció el tramo final, en el que se despacharon a gusto con hits de la talla de “Niggas In Paris”, “Public Service Announcement”, “The Story Of O.J.”, por parte de Jay Z y de la de “Run The World (Girls)” y el doblete “Crazy In Love” y “Freedom” por parte de Beyoncé. Al final sorprendieron con una versión de “Forever Young” de Alphaville y con un mensaje claro a todos sus fans: “This Is Real Love”. Momento catártico, que acabó con un abrazo y un beso entre ambos. Fue un momento hiper-edulcorado fiel reflejo del universo que envuelve a la pareja estos días, puertas afuera.

La propuesta dio buenos resultados. Dejando de lado el storytelling del asunto: demostrar que el amor entre ambos está por encima de todo -incluso de las infidelidades-, y una presentación estudiada y medida hasta el último de los detalles. Hay que reconocer que, dejando atrás cualquier tipo de prejuicio, el espectáculo es contundente y resolutivo. Después de tantos años en la cresta de la ola conocen el show business como pocos. Y sí, fue un concierto en el que primó la imagen, claro está (vídeos, pirotecnia, baile…), pero también el sonido. No es nada fácil ecualizar en un espacio tan amplio como es un estadio olímpico, pero la calidad sonora de ayer desgraciadamente es poco habitual en un espectáculo de grandes dimensiones.