Jack Daniel’s había puesto todo de su parte para que el festival fuera de escándalo: el blanco y negro copaba la Terraza del Estadio Olímpico en un ejercicio majestuoso de posicionamiento corporativo. En el cartel, tantas buenas bandas como combinados en la barra, de lujo.

Como de lujo la apertura de un sobrio Sr. Chinarro, de enhorabuena con su Presidente. Y de un estreno, al rodaje de los I am Kloot. Bolo pasado de voltaje al principio pero rico en detalles brit, acústica o country durante su desarrollo, todo cimentado en el arrojo de John Bramwell. Por si no fueran suficientes los alicientes, entre acto y acto, amenizando Pin & Pon Dj’s, entre otros, además de cócteles malabares.

A medida que la hora avanzaba, ambos escenarios iban presentado mejor aspecto haciendo justicia no solo a los cocos del cartel sino también a la apuesta del escenario dos: desde el indie poético-musical de Odio París, hasta los enérgicos Frankie Rose & The Outs, lo-fi y noise de categoría. Con medio cartel despejado, el combinado necesitaba aún de la guinda: We are Scientists, desde el principio descargando hits en una carpa, ahora sí, a reventar. “Nice guys”, “Rules don’t stop me” o “The great escape” sonaron con oficio y profundidad, y el show demostró que con “With Love And Squalor”, los chicos se entienden con su público.

En pleno clímax de los californianos, el escenario dos merecía visita, Arizona Baby se disponía a cantar verdades: “Esto está gravísimo a morir”, decía Javi a su técnico, haciéndose eco de uno de los pocos lastres del festival: la contaminación acústica de la carpa principal a la secundaria. Problemas aparte, Arizona Baby se mostraron más americanos y añejos que el propio whisky de las barras. La mecha ya estaba encendida tras los vallisoletanos y el foco puesto a continuación en Nada Surf -de repaso empático por su abanico de éxitos-. Power pop, rock, covers, baile, chapurreo del español y “Blankest Year”, muy entonados. Y, para acabar, nueva catarsis tras la aparición de Cold Cave; con ellos y su new wave, la tarima ya no dejaría de vibrar. Si a priori se sospechaba que el objetivo del festival era puramente comercial, tras siete horas, este aspecto quedó relegado a un segundo plano, gracias a un cóctel musical, sin duda, ganador.