Viernes 10 de julio
La madrileña Nat Simons, encargada de abrir la jornada y algo abrumada por la ocasión, lo hizo bonito y bien en un concierto tranquilo, de temas lentos pero bien llevados y acompañada por el extraordinario guitarrista (y productor de su disco), David Gwynn, al que el volumen de producción dio poco protagonismo y un repertorio que combinaba sus temas más dylanianos con algún otro más denso en un recorrido por su LP, Home on High (2013) hasta su último trabajo, el EP titulado “Trouble Man”. No faltaron las versiones de Chris Isaak y de Creedence Cleanwater Revival (“Bad Moon Rising”)

La contundencia con la que salieron al escenario Old 97’s (por algo son la banda con el sonido más sucio de todo el cartel de Huercasa) no les hizo justicia a los de Texas que, a pesar de darlo todo en el escenario, les faltó mucha potencia de sonido acusado, sobre todo, en bajo y eléctrica. Aún así, no faltaron temas para celebrar como “W-I-F-E” o “Let`s get drunk & Get in on”. Rhett Miller, ejerciendo de buen front man, saludó a todos los asistentes en un español con acento tejano que no paró de intentar chapurrear durante todo el concierto. Aplaudida fue su versión tex-mex de Solamente una vez de Agustín Lara.

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Laura Cantrell es la perfecta embajadora del sonido de su Nashville natal y fue, sin lugar a dudas, la gran sorpresa del festival. Bien engalanada con una banda colosal, respaldada por Francis McDonald, batería de Teenage Fanclub, en la que destacaraon el joven guitarrista Lyle Brewer y los soberbios coros de la bajista Jordan Caress. Un concierto con muchos matices en la que la voz de la cantautora estuvo impecable, especialmente en temas como “When The Roses Bloom Again”, versión de su querido Billy Bragg, “All the girls are complicated”, dedicada a su hija y su madre o la especialmente brillante, “No way there from here”, que hizo aparecer un brillo en los ojos de todos los que asistimos a semejante demostración de talento y elegante magia en el escenario. Laura demostró que el folk-country y el sonido americana, en general, es una música que ante todo cuenta historias de gente anónima que se convierte en la fuente de inspiración de generaciones.

Sábado 11 de julio
Comenzó la jornada con caos organizativo: colas inmensas de gente esperando a comprar tickets o pedir comida y bebida. Sin duda, un aforo sobrepasado que hacía difícil poder caminar por el recinto y poder disfrutar como se merecía del esmerado cartel del día.
Se encargaron de abrir la sesión unos entregados Huercasa All-Star Band, formada por músicos ya consolidados y con el ímpetu perfecto para romper el hielo con un bien pensado repertorio de versiones (Van Morrison, Buddy Holly o Bob Dylan, entre otros) a pesar de que el bajo volumen de sonido, como el viernes, desmereciera a algunos instrumentos como el violín, la mandolina o la armónica.

US Rails salieron a demostrar que si algo les caracteriza es la absoluta armonía tanto musical como personal de sus miembros. Con proyectos por separado, sus integrantes dejaron claro que todos tienen muy desarrollada tanto tu faceta vocal como compositiva con temas en acústico que iban desde baladas hasta clásicos como “Burning Fire”. Destacaron también “Old Song on the Radio”, a pesar de que apenas pudieron apreciarse los teclados (una vez más, problemas de volumen) o la traca final, con plena declaración de intenciones, de “Do What You Love”, en la que el público reventó en aplausos.

Quizá esperábamos alguna sorpresa más de Emmylou Harris y Rodney Crowell que estuvieron correctos, por momentos superiores y por otros, más planos, en un concierto de medios tiempos y baladas como “Here We Are” o temas más bailados como “Bring It on Home to Memphis”, que junto con clásicos como “If I needed You”, compusieron los momentos más lúcidos y emocionantes de su actuación. Quizá no llenaron el escenario de magia tanto como supo hacerlo la noche anterior Laura Cantrell y su banda pero, sin duda, dejaron el pabellón del country puro muy alto.

Cuando ya pensábamos que estaba todo el pescado vendido nos encontramos con una grata y clandestina sorpresa fuera del recinto, en el parking, con la actuación de una banda navarra que supusieron el cierre perfecto, el sabor de boca ideal para volver el año que viene con más fuerza: Jo & The Swiss Knife que, furgoneta en carretera, habían dejado su Pamplona natal solo para arrancar un par de yihaaas a un entregado público que se quedó con ganas de más. Lo consiguieron con creces gracias a versiones de The Band, entre otros, y sus temas propios. Muy recomendables.