José Fernández Torres –Tomatito– es, sin lugar a dudas, uno de los guitarristas más virtuosos en el panorama flamenco actual. Pero, a pesar de su audacia y maestría, el pasado viernes se enfrentó en Pamplona, en el marco de la quinta edición del festival Flamenco On Fire, al “Concierto de Aranjuez” junto a la Orquesta Sinfónica de Navarra, bajo la dirección de Manuel Hernández-Silva. Un reto que se adivinaba como una meta poco menos que quijotesca.

Durante las jornadas previas a su actuación, el artista almeriense confesaba que cada vez que se lo recordaban le daban “calambres en las piernas”. Tomatito, que ya había visitado el certamen navarro en su primera edición, en 2014, se enfrentaba por primera vez en su carrera a esta obra compuesta en 1939 en París por Joaquín Rodrigo. Se trata del primer concierto para guitarra y orquesta del siglo XX, pero creado para guitarra clásica. Y así, la pieza ha sido interpretada por músicos como John Williams, Ángel Romero, Pepe Romero, David Russell, Narciso Yepes… Pero hablamos de flamenco, una senda ya recorrida allá por 1991 por un genio como Paco de Lucía junto a la Orquestra de Cadaqués dirigida por Edmon Colomer. Y en aquella ocasión, el resultado fue brillante. ¿Se repetiría la gesta casi tres décadas después?

Nadie se lo quiso perder y la sala principal del Auditorio Baluarte lucía “sold out”. Desde los primeros compases, el guitarrista andaluz se enfrentó con valentía y tesón a la célebre composición, que sonó ciertamente flamenca. Pero pronto se demostró que la voluntad no era suficiente; la actuación devino en empresa fallida. Mientras la Sinfónica de Navarra nadaba en aguas conocidas, y su sonido era redondo y contundente, Tomatito naufragó saliendo fuera de su zona de confort. Se mostró desubicado entre las notas de Rodrigo, tratando sin éxito de seguir el rebufo de la orquesta. Al final, los tres movimientos del “Concierto de Aranjuez” se alzaron como molinos infranqueables para nuestro caballero de las seis cuerdas.

Y así transcurrió la primera parte de la velada. Pasados 45 minutos, se cerró el telón para volver a abrirse con un Tomatito que, esta vez sí, se reivindicó como el maestro del arte jondo que es. Los músicos de la Sinfónica dieron paso a dos cantaores, un percusionista, un palmero y a su propio hijo, el guitarrista José del Tomate, que, junto al almeriense, impartieron una una lección magistral a través de los distintos palos del flamenco: comenzando por bulerías, continuando por alegrías y siguiendo por tangos para concluir al ritmo de una rumba muy celebrada por el público. Durante la actuación, hubo momentos excelsos como “Two Much Love Theme” de Michael Camilo para la película de Fernando Trueba, dedicado a Paco de Lucía; “Oblivion” de Astor Piazzolla; o la revolucionaria “La Leyenda del Tiempo”, dedicada –¡cómo no!– a quien fuera su compañero de escenarios durante 18 años: Camarón de la Isla.