El Desierto Rojo ofrecía un interesante doble cartel, asumiendo riesgos tras apostar por dos bandas con (todavía) menos popularidad de la que sin duda merecen atendiendo a su calidad implícita. Y todo en una plaza habitualmente complicada como es la ciudad de Valladolid, que se saldó con la presencia de un público con olfato, no muy abundante pero implicado y dispuesto a disfrutar del espectáculo. Volvían así a reunirse dos bandas hermanadas desde hace ya tiempo, que comparten amistad pero también ciertos paralelismos en lo artístico. Hablamos de un par de grupos cuya solemnidad sonora y áspera honestidad se sitúan fuera de toda duda, apostando unos y otros por aquella propuesta que les satisface creativamente tras ignorar cualquier tipo de moda o tendencia vigente. Atención Tsunami fueron los encargados de inaugurar el escenario, después de casi dos años alejados de los mismos. Un parón imperceptible en términos de solvencia, con el quinteto ofreciendo su habitual actuación explícita, tornada por momentos en anárquica e incluso distópica. Los madrileños aprovecharon sus cuarenta y cinco minutos para presentar varios temas inéditos que formarán parte de su inminente nuevo disco, junto con alguna pieza habitual en su repertorio, dejando referencias alternas que saltan de PAL a Pony Bravo, pasando por El Columpio Asesino, Joe Crepúsculo o Schwarz.

Por su parte, El Lado Oscuro de la Broca acaban de publicar el EP “Oeste” (El Genio Equivocado, 19) como complemento de “Salvaje” (El Genio Equivocado, 18), referencia lanzada el pasado año en mismo formato. El sexteto venía de hacer la presentación oficial sólo una semana antes en su ciudad, ofreciendo entonces un concierto más matizado y definido. Sin embargo, en esta ocasión los zamoranos optaron por mostrar su versión más brumosa, claramente virada hacia el shoegaze y protagonizada en primer plano por un sinfín de distorsiones y pedales con los que levantar espesas capas de sonido. Contundencia en grado máximo para demostrar que son capaces de salir airosos de ambas opciones, tras probar el combo que saben jugar con las diferentes alternativas. Consecución que tiene parte de su mérito en un repertorio que la formación acaba de enriquecer con tres temas nuevos y que, después de una década en activo, comienza a contar con importante número de trallazos inapelables. Si además el concierto dura unos cincuenta minutos, el impacto del asunto resulta potenciado y su indie-rock de querencia post-punk resulta ciertamente disfrutable. Una velada interesante, propicia para ese tipo de aficionado que todavía disfruta rebuscando entre aquellos estratos de la escena que se alejan de la aburrida alineación propiciada por muchos.