Después de contemplar y sentir la melancólica voz de la brillante Nicole Atkins, estábamos con el corazón reblandecido. Pero con la llegada de E y sus compañeros de Eels, enfundados en sendos chándales y con una actitud claramente rockera, cambiamos el chip de golpe. Hoy nos tocaría ver a la versión más enérgica de la formación de Mark Oliver Everett.

Se acercaban a nuestro país para presentar su último disco hasta la fecha, “Wonderful, Glorious”, y lo hicieron como si su actuación fuese el mayor espectáculo del siglo. Everett parecía un telepredicador ultravitaminado dispuesto a hacerle muy pocas concesiones a la tranquilidad de épocas pasadas, como “That Look You Give That Guy” (“esta es para las chicas”, susurró) o “Fresh Feeling”. “I need fiesta”, gritaba, y por su hiperactividad se notó que decía la verdad.
“New Alphabet” o “Peach Blossom” fueron algunas de sus demostraciones más guitarreras.

Se fueron dos veces del escenario, regresando con bises tan coreados como “I’m Your Brave Little Soldier” o “My Beloved Monster”, aunque la guinda del pastel llegó cuando pensábamos que ya se habían marchado definitivamente y con la mitad del público ya en la calle: Eels volvieron sin avisar a nadie y con las luces abiertas para protagonizar un último bis, marcando la que sin duda será la anécdota a recordar por todos los asistentes a tan maravilloso y glorioso –por hacerle un guiño a su último trabajo- concierto.

PD: Según algunos de nuestros lectores, Mark Oliver Everett decía “I need siesta”, no “fiesta”… el debate está servido. Acepten las disculpas los que tengan razón.