Ni gigantes ni molinos
Conciertos / Niño De Elche

Ni gigantes ni molinos

8 / 10
David Pérez Marín — 26-11-2020
Fecha — 21 noviembre, 2020
Sala — Teatro Cervantes / Málaga
Fotógrafo — Daniel Pérez

Francisco Contreras Molina, en su camaleónico y periférico camino, tras el vermú y el tapeo de un domingo soleado malagueño, con un raro horario adelantado por restricciones y toques de queda imperantes, nos cita en el Teatro Cervantes a las cuatro de la tarde para revisitar su Antología del cante flamenco heterodoxo (18). Una oportunidad más y única, para intentar atrapar por un momento en la foto finish y la etiqueta, a un artista poliédrico en continua combustión que, irremediablemente, volverá a escaparse entre los dedos.

Del despegue, desintegración espacial y renacer en el imprescindible Voces del extremo (15), donde su garganta voló y bailó libre entre poetas de la conciencia y corrosivas bases kraut, a la sanadora locura rave con Los Voluble, o el rugido descarnando de exquirla en La marcha de los 150.000.000, junto a Toundra en Para quienes aún viven (17), pasando por el ritual indie de éxtasis y psicodelia flamenca de Fuerza Nueva, desenmascarando himnos y desenterrando raíces con Los Planetas; hasta llegar a ese reparto de caramelos de cocaína sonora, envueltos en cantes de ida y vuelta con un extra de “tropicalismo caníbal bogotano”, Eblis Álvarez in da house, en Colombiana (19). Sin olvidar las innumerables colaboraciones y proyectos artísticos multidisciplinares, como la bola de fuego “Deserto rosso” en la Caravana (17) de Quentin Gas & Los Zíngaros, o los exitosos Un veneno y Tú me dejaste de querer, de la mano de su querido C.Tangana; más libro recién salido de horno bajo el brazo, el sincero In memoriam. Posesiones de un exflamenco (20) y el ambicioso e inminente proyecto basado en el legado sonoro de Val del Omar, que ya germinó en una instalación que se puede visitar en el Museo Reina Sofía hasta el 26 de abril de 2021 y que seguirá ramificándose, hasta concretarse el próximo 11 de diciembre en un nuevo disco, La distancia entre el barro y la electrónica. Siete diferencias valdelomarianas.

Con esas mimbres infinitas, se abre el telón y Niño de Elche, vestido de calle, con zapatillas deportivas y sudadera con capucha, en un envolvente silencio, comienza a desnudarse. Como los toreros antes de pisar el albero y manchar de inocente sangre y sudor animal su traje de luces. Francisco Contreras, comienza el ritual de mudar la piel y vestirse de flamenco rodeado y ayudado por sus músicos, Alejandro Rojas Marcos, Alicia Acuña y Raúl Cantizano. Del rito, al mito, a porta gayola por farruca, con Cantizano al toque y sentado en silla de anea trenzada con “La Farruca de Juli Vallmitjana”, haciendo temblar el patio de butacas con una flamencura y poderío al alcance de muy pocos.
Bajamos las pulsaciones y este domingo sí vamos a misa, con un Prefacio a la Malagueña de El Mellizo rebosante de espiritualidad a las teclas de Rojas, con Niño de Elche casi en trance, susurrando sacramentos a base de luz cegadora, fundiendo en sus cuerdas vocales toda feligresía y tornándose carne en las Seguiriyas del Silogismo, con Cantizano haciendo jirones el aire a la guitarra.

La pasión jonda continúa a ritmo de repique de tambor y el teatro huele a incienso, desgarrando por Saeta y Mariana con cada quejío que parece salir del centro de la Tierra. Cantizano deja las baquetas y toca la guitarra con un arco, a forma de chello, con Cale y la Velvet sobrevolándonos, aireando folclore y raíces, sumando Alejandro Rojas aromas mil y magia al clavicordio.

El discurso antiflamenquista y antitaurino alcanza una de las cimas del show en Recitando de Eugenio Noel, con la bailaora Alicia Acuña en escena y Niño de Elche declamando con rabia los versos del bohemio escritor madrileño. No hay pausa en el filosofar flamenco a martillazos y todos reciben su merecido, de progres a puristas, y así, tras encajar frases de Noel a dentelladas en cada zapateo de Alicia, pasamos del borboteante Polo de Falla, a invocar a Shostakóvich y acordarnos del discurso universal de Cohen. El bendito caos no cesa, enloqueciendo en La canción de cuna de Crumb y orbitando alrededor de los ecos espectrales lorquianos, absorbidos por la oscuridad de un Deep song de Tim Buckley que nos engulle como un agujero negro. “No eres más que un hombre en las carreteras de la muerte” y Francisco Contreras traza un giro vocal imposible tras otro, pasando por aullidos, guturales y lamentos, con Cantizano rasgando sus seis cuerdas y exprimiendo sonidos metálicos que se funden en un huracán de quejíos, arañazos noise y grindcore, con el micro golpeando el aire como una guadaña y colgando a modo de péndulo que no entiende de medidas temporales, solo de éxtasis y desenfreno vital.

Recuperamos el aliento con el sentido Fandango cubista de Pepe Marchena y, con el cuadro al completo sobre las tablas, el fin de fiestas coge regusto a zarzuela y la llama aumenta en El tango de la Menegilda, para terminar a lo grande con la Caña por pasodoble de Rafael Romero, con el Niño de Elche también a la guitarra, quemando las naves entre castañuelas y arrojando un “¡olé!” final al cielo. Teatro en pie y ovación a prueba de mascarillas.
Flamenco o exflamenco, el arte que lleva dentro es imparable y seguirá su camino, latiendo y mutando libremente como única esencia, venciendo a molinos, gigantes y a todo aquel que se oponga a su paso.

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