La decepcionante ausencia de The Van Pelt a causa de la cancelación de vuelos desde Estados Unidos por el temporal de nieve que sufrió la Costa Este norteamericana, no deslució la celebración madrileña del décimo aniversario del sello y promotor de Barcelona La Castanya. Difícil que lo hiciera culminando con el memorable, pletórico, concierto de Hot Snakes. La buena entrada en la sala acompañó, pese al severo contratiempo, en la fiesta.

Y eso que el evento fue de menos a más: es evidente que White Magic no tuvieron su día. Minutos de tenso desconcierto entre Mira Billotte y su estupendo batería estuvieron a punto de hacerles naufragar, o al menos eso temió parte del respetable, que intentó animarles con las palmas. La norteamericana empezó sola y a capella en plan trovadora medieval con efluvios entre hippies y de vanguardia neoyorquina, voz y daf (una especie de tambor de mano). Pasó después al piano con el apoyo del batería, que introducía matices jazzísticos sobre los acordes minimalistas de la cantante, que apenas se soltó. Sobreponiéndose a los desajustes, se dejaron lo mejor para el final y consiguieron terminar dejándonos buen sabor de boca.

Flasher son un joven trío de Washington DC que llegaba con su LP de debut, Constant Image, publicado este verano por Domino. Se mostraron tan cómodos y efectivos con una receta que, sin inventar nada nuevo, funcionó de principio a fin, por encima de un sonido poco nítido. Energía guitarrera fresca, coros bien empastados e influencias ilustres, del shoegaze al pop espídico, el punk inteligente o clásicos como Pixies. Tan buenas sensaciones dejaron, que se hartaron a vender vinilos. A destacar el fenomenal trabajo de su batería Emma Baker, que me volvió a confirmar esa teoría peregrina de un buen amigo: en proporción, las chicas entienden mucho mejor este instrumento que los tíos, demasiadas veces enredados en fatuos despliegues circenses.

Hot Snakes juegan en otra liga: la de los mejores grupos de rock que uno puede ver hoy. Catorce años después, los de San Diego han regresado por la puerta grande con un cuarto disco que redobla su apuesta por ese post-hardcore, punk o rock a secas tan personal como recio y abrasivo, sin un gramo de grasa. Su momento es tan poderoso como certifica Jericho Sirens(Sub Pop, 18), que no es sino fiel reflejo del aguerrido y engrasado desempeño del veterano cuarteto sobre el escenario. Su actuación fue un torbellino desde el primer segundo hasta el último, con momentos de intensidad eléctrica que muchos creían ya perdidos en la noche de los tiempos, y un sonido de hormigón armado. Disfrutamos de instantes de espontaneidad mágica, como cuando una valiente se arrojó desde el escenario a ritmo de la demoledora Six Wave Hold-Down, una de sus cumbres compositivas.

Cierto que algunas canciones se parecen demasiado, pero ¿a quién le importa con un derroche de sudor, química, tablas y actitud como el que ofrecieron Rick Froberg, John Reis, Gar Wood y Jason Kourkounis? (Mario Rubalcaba, su segundo batería, esta vez no compareció). Hot Snakes dejan en evidencia a todos aquellos diletantes que se suben a un escenario a cubrir el expediente y dignifican esa máxima del rock and roll y de tantas cosas: si uno no está dispuesto a ponerlo todo sobre el escenario, mejor que se quede en casa. Es algo que sigue apreciando la gente, que se rindió a la entrega y emocionante pundonor de una banda que por fin está recibiendo parte del reconocimiento que merece.