Hace poco más de un año, Dan Peralbo i El Comboi estaban haciendo lo que mejor se les da: Poner patas arriba el modesto escenario de la sala Wolf de Barcelona, en una actuación gratuita enclavada dentro de las Fiestas Demoscópicas de Mondo Sonoro. Por aquel entonces tenían todavía fresco su primer álbum homónimo de debut, y canciones ganadoras como "Angelina Jolie" o "He begut (una mica massa)" eran coreadas a pleno pulmón por una entregada parroquia que ha ido creciendo desde entonces. Por eso, no es de extrañar que me haga especial ilusión volver a reencontrarme con Dan e iniciar nuestra charla con el inevitable balance de lo sucedido desde la última vez que nos vimos en circunstancias mucho más etílicas. "Pues lo cierto es que estamos muy contentos de cómo están funcionando las cosas. Piensa que hemos pasado de llenar el Heliogàbal a hacer un Apolo, con lo que el crecimiento ha sido increíble. Hemos cuadriplicado los seguidores en todas partes y eso que no hacemos el estilo de música más urbano que es el que hasta ahora ha imperado en Cataluña. No sabemos cuál es el motivo, pero parece que hay un giro de guion y las guitarras cada día están más presentes en todas partes. Y, bueno, lo cierto es que se han superado nuestras expectativas y nos sentimos muy valorados y ahora tan solo esperamos que con este nuevo disco se doblen las expectativas”. Crecimiento que los ha llevado también a encarar algo que está a las antípodas de su probado espíritu gamberro y que no deja de ser consecuencia directa de su éxito. Dar el salto a cierta profesionalización y constituirse como empresa. “¡Buff! Eso ha sido un follón increíble. Pero es que hubo un momento en el que, en lugar de ensayar un par de veces por semana, quedábamos para hacer números y revisar facturas [risas]. Menos mal que ahora tenemos la cobertura de un sello como Montgrí, con una estructura que no habíamos tenido nunca, y nos estamos acostumbrando a este nuevo paso”.
“Cuando decidí mudarme de nuevo de Barcelona al pueblo pensé que todo sería mucho más calmado"
“Quin Goig” escenifica, por tanto, el segundo peldaño de una carrera que, además de resultar expansiva, no parece sujeta a las reglas no escritas de la industria. Si la tendencia actual es mostrar cuatro o más singles de adelanto, para ir alimentando las redes durante meses, los Peralbo lanzaron tan solo uno (“Un bitllet per tu”) con la absoluta confianza de que su público no precisaba de ninguna estrategia de mercado. “Es que hoy en día parece que a la gente se lo has de dar todo masticado o sino no se lo come. Pero nosotros tenemos ese punto de romanticismo que nos lleva a pensar que nuestro público no escucha nuestra música como si fuera un restaurante de comida rápida, sino que tiene ganas de escuchar el disco entero de principio a fin”. Actitud que también se ha visto reflejada en la portada del álbum. Una combinación de engranajes que configuran uno mayor y que simboliza ese espíritu de unión y camaradería que impera en la banda. “Ha sido un proceso de años durante los que nos hemos ido sumando. Al principio el proyecto era tan solo yo, luego llegó El Comboi, después apareció el mánager, el sello… y así han ido surgiendo pequeños engranajes que se han sumado para hacer que la máquina funcione… Y lo cierto es que en la actualidad estamos en un momento de la hostia, pero es que ¡no nos hemos discutido nunca! Y esto, que parece que lo suelto medio en broma, no lo es para nada. Pasamos muchas horas juntos y hoy en día es muy fácil que pueda haber alguna enganchada, pero es que no ha habido ninguna. Por eso la portada y por eso el titulo porque en realidad es toda una gozada y no deja de ser algo muy bonito”.
Por último, cabe decir también que, en este “Quin Goig”, se dan cita las diferentes texturas estilísticas del grupo que pueden pasar muy bien de temas rápidos, trepidantes y expansivos como “El Comboi”, “Que passin les hores” o “Jimmy Is The Only One” a otros mucho más pop, saltarines y festivos como “Un bitllet per tu”, “Si Deu vol”, “Ai ai ai quin goig que fas” o incluso delicados como “Els amics”, “Com un principiant” o “Pingüins”. Una diversidad que juega a favor de un disco para el que han contado de nuevo con la supervisión a los controles de Cala Vento y las mezclas de Joel Condal. “Creo que repetir sí ha jugado a favor del álbum porque ya nos conocemos todos y sabemos las dinámicas y manías que tiene cada uno de nosotros. Eso ha significado que todo haya sido muy cómodo y nos hemos respetado mucho”. Y todo imbuido del ambiente único de un pueblo como Torelló, en el que nada es lo que parece… “Cuando decidí mudarme de nuevo de Barcelona al pueblo pensé que todo sería mucho más calmado, pero no tuve en cuenta que este es un pueblo repleto de liantes y, como yo también soy un liante, pues ya lo tienes. Ha sido un año muy frenético con mucha vida social tanto en el Torelló como en Barcelona, a la que he seguido bajando muy a menudo porque hay que dejarse ver”. Ese ambiente festivo ha quedado recogido en un “Quin goig” que irá ganado adeptos a medida que los diferentes engranajes que lo integran empiecen a funcionar, sobre todo, en un directo que promete ponerlo todo patas arriba.

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