De vuelta a casa en el tren que lleva lo que queda de mí y aún resuenan y se entremezclan con el traqueteo los ecos de la armónica sureña de Johnny Sansone, la guitarra de Keb Mo o la voz verdadera de Grandpa Elliott. Y es que ese pueblo que se encuentra ‘tras un mar de olivares bajo el cielo andaluz’,desprende magia por los cuatro costaos cuando el sol de Julio más aprieta. En sus calles y plazas rebosa la alegría de Nueva Orleans, el agua de sus fuentes sabe a Mississippi y cada uno de sus 8000 habitantes esconde y te da un pedazo de alma negra, negra del mejor blues de Chicago. 2012 era el año de su mayoría de edad, así que más que nunca, Cazorleans tenía que ser una fiesta: Más de una treintena de artistas repartidos en cinco escenarios (a los cuatro de siempre se sumaba el de la Plaza de la Corredera para la tarde del jueves).

Nada más llegar nos atrapó la noche y el blues: hicimos el paseíllo en la plaza de toros más bluesera del mundo de la mano de Keb Mo. Brillante como siempre y más ecléctico que nunca en esta nueva etapa ofreciendo una fusión de Blues, Jazz, Rhythm and Blues y Soul. Nos regaló los mejores momentos cuando nos reflejamos en su mítica guitarra plateada, blues añejo y reposado del Delta. Sonó eterna ‘We Don’t Need It’ de su último disco ‘The Reflection’ y el respetable movió un poco las caderas con ‘The Whole Enchilada’. Quizás una actuación demasiado relajada para empezar el festival, pero auténtica y llena de clase.
Este año tras la calma llegó la tempestad: Kitty, Daisy & Lewis subieron la temperatura y contagiaron rápidamente su vitalidad y energía. Cambiaban deinstrumentos y de estilo sin parpadear: Rhythm and blues, ska, country, blues o rock ‘n’ roll. A destacar ‘(Baby) Hold Me Tight’ y ‘I’m So Sorry’, temas en los que se sumó al baile el famoso trompetista jamaicano Eddie Tan Tan Thornton. Uno de los momentos imborrables del año.

Qué decir de Rosendo, el público entregado desde antes que pisara las tablas. Hora y media de puro Rock ‘n’ Roll. Se acercó al blues con “Mala vida” y la gente coreó cada tema hasta perder la voz. Muy arriba quedaron “Masculinosingular” y el final apoteósico de “Agradecido”.

Pasada las tres de la madrugada el sevillano Pájaro y sus secuaces nos presentaron su nuevo disco “Santa Leone”, puro western salpicado de rock sureño con una corneta con sabor a incienso que dejó con la boca abierta a más de uno.

Los más de cuarenta grados del viernes no nos impidieron invadir la plaza de Santa María y disfrutar de la música, la buena gente y la típica ‘guerra de agua’. Prohibido no bailar con Tío Calambre y los suyos. Y gran sorpresa cuando vimos subirse al escenario (estaban anunciados para el día siguiente) a Txus Blues & Jose Bluesfinger y cantar “Cazorleans”, himno del festival, y es que‘da igual la carretera, el calor da igual, vale la pena la espera, la vida es un festival…’.
Haciendo escala en el escenario ‘Jaen Paraíso interior’, pisamos sin darnos cuenta de nuevo el albero del escenario principal y disfrutamos con el swing y el sonido cien por cien New Orleans de California Honeydrops.
Después llego el turno de uno de los conciertos más blueseros del festival, Bob Margolin, escudero de lujo de Muddy Waters durante tantos años. Y sin apenas pausa, sonó la armónica que más ha brillado en esta decimoctava edición de Cazorleans, la de Johnny Sansone. Presento su nuevo disco “The Lord Is Waiting and the Devil is Too”. Nunca había tocado antes en España y se vació en el escenario. Los 16 músicos de Travelling Brohters Big Band, fueron la guinda de una noche de música en mayúsculas.

Era ya sábado y tocaba seguir disfrutando del blues y del buen ambiente de la Plaza de Santa María. Tras Carlos Segarra Trío fuimos a encontrarnos una vez más con Txus Blues & Jose Bluesfinger. La gente rió y bailó con sus adaptaciones libres de clásicos.
No nos quedaban fuerzas pero seguimos y nos emocionamos con Playing For Change. Nunca olvidaré cuando estaba fuera de la plaza y corrí hacia el escenario tras reconocer el “A Change Is Gonna Come” de Sam Cooke. Increíble Grandpa Elliott. Dos platos más para puristas del blues, The Mannish Boys y Lucky Peterson. Peterson reapareció en Cazorla tras cuatro años de pausa y su último disco bajo el brazo, “You can always turn around”. No defraudaron y dieron un concierto lleno de potencia y vitalidad.
Eric Sardinas
y su guitarra con una actuación incendiaria, pusieron el broche de oro a una edición que tuvo récord de asistencia (se colgó el cartel de ‘no hay billetes’) con más de 20.000 espectadores.
Ya queda menos para poder volver a cantar aquello de: ‘Estoy en Cazorleans, estoy en Cazorleans, por favor no me pellizques, que no me quiero despertar’. Cada año el espíritu de Robert Johnson veraneará en Cazorla y tenemos claro que nunca caminará solo. ¡Larga vida a Cazorleans!