Éxito total de público y organización en la segunda edición del Azkena Rock. En un marco ideal y perfectamente equipado para garantizar la comodidad de todos los asistentes, se ubicaron dos escenarios en los que -con escrupulosa puntualidad- se presentaron de forma alternativa las veinte bandas que formaban el excepcional cartel.

La primera jornada la abrieron tres grupos vascos que cumplieron bien su cometido, aportando rock sobrio y bien ejecutado (Paniks), un aire tradicional melódico (Zein?) y buenas dosis de contundencia (La Secta). Después, Jason Ringenberg y su The Nashville All Stars (aunque procedan del norte de Europa) conectaron con la audiencia mediante genuino country-rock que mantiene vivo el espíritu de The Scorchers. Por lo que respecta a Ben Vaughn Combo, demostraron que su propuesta es interesante, aunque un tanto irregular. The Jayhawks, por su parte, son cada vez más una banda al servicio de su líder. Esto hizo destacar a Gary Louris como un guitarrista más endurecido, mientras el repertorio se centraba en su brillante último disco.

Por otra parte, la expectación para ver a The Cramps era grande, pero su show evidenció que el de Lux Interior y Poison Ivy es un grupo basado únicamente en la imagen y acabó gustando sólo a sus fans más incondicionales. El rock americano de Cracker, por el contrario, convenció plenamente con un enérgico directo que -versión de “Victoria” de los Kinks incluida- les erigió en uno de los triunfadores del festival. Ya de madrugada, llegó el momento de la esperadísima reunión de Iggy Pop & The Stooges. La iguana estuvo apabullante como siempre, mientras Ron Asheton cumplía sobradamente con la guitarra y el ex Minutemen Mike Watt lo bordaba con el bajo. El set-list tuvo en cuenta sólo los dos primeros discos de la mítica banda de Detroit, y aunque temas como “No Fun” y “I Wanna Be Your Dog” sonaron a gloria, se echaron de menos los clásicos del lamentablemente “censurado” “Raw Power”. El animado punto y final de la velada lo pusieron Fireballs Of Freedom, a base de high energy garajero impregnado de alcohol.

El segundo día se inició con Petti & Etxeko Utza, otro grupo de Euskadi que logró agradar con su breve actuación a los pocos que ya tan temprano estaban dispuestos a rockear de nuevo. Jet Lag les siguieron con sus temas sólo aptos para los menos reacios a las melodías pop, mientras numeroso público seguía llegando al recinto justo a tiempo para sorprenderse con la desbordante fuerza de Cherry Valence. Los norteamericanos aprovecharon para ganar nuevos adeptos, llegando al clímax con un “Baby Please Don´t Go” en el que sus dos baterías echaron chispas. Durante el fin de semana escuchamos a varios participantes citando a Johnny Cash, pero hasta que llegó el turno de The Jeevas no se escuchó el primer cover del malogrado icono de la música country. El grupo del ex Kula Shaker también versioneó a la Creedence y a Deep Purple, aunque en realidad su sonido sigue estando más bien cercano al pop británico. De vuelta en el escenario grande, el stoner-rock llegó de la mano de uno de sus reyes indiscutibles: John Garcia. Al frente de Hermano, el ex-cantante de Kyuss hizo las delicias de sus seguidores con su autenticidad, su look encantadoramente macarra y un repertorio que incluyó versiones de Misfits, AC/DC y un final apoteósico en el que revivió a los propios Kyuss.

A continuación, Teenage Fanclub pusieron la nota más poppie del evento. A pesar de ser el grupo que menos encajaba en la coherente línea del cartel, congregaron a un buen número de espectadores. Entre tanto, los menos interesados en su show fueron guardando un sitio para disfrutar de Steve Earle & The Dukes (con el Yayhoo Eric Ambel a la guitarra). Estuvieron impecables, si bien la arisca personalidad de Earle les impidió ponerse en el bolsillo al público no iniciado. En cuanto a Hellacopters, un vez más derrocharon actitud rockera y recordaron que la evolución de su lado punk hacia un rock más clásico les sienta de maravilla. Estuvieron a su nivel habitual y cerraron con un “Search & Destroy” al que se le sumó la innecesaria presencia de Texas Terri. Y finalmente llegó el momento de ver a uno de los compositores definitivos de la historia del rock: Ray Davies. El líder de The Kinks, a pesar de presentarse con una banda que no pasó de discreta, emocionó interpretando un buen puñado de sus inmortales canciones. Mientras el público coreaba sus temas más famosos él se mostró en plena forma, comunicativo (conserva referencias de su “Storyteller”), detallista (interpretó un tema del citado Johnny Cash) y, ante todo, ofreció una gran exhibición de clase. Tras una figura de este calibre no era fácil poner el broche de oro final al festival, pero The Dictators supieron estar a la altura aportando el toque festivo de sus himnos. Fue un placer reencontrarse con temas como “Baby Let´s Twist” o “Stay With Me”, pero sobre todo tuvo más sentido que nunca corear “Who Will Save Rock And Roll”, con esa célebre estrofa que dice “… I saw The Stooges”.

El resultado de esta primera edición grande del Azkena, en definitiva, augura continuidad. Habrá que estar atento y confiar en que el listón se mantenga tan alto como ha quedado situado tras ésta ya histórica cita.