Arcade Fire,el consenso
Conciertos / Arcade Fire

Arcade Fire,el consenso

9 / 10
Jorge Ramos — 20-11-2010
Empresa — Live Nation España S.A.U.
Sala — Palacio de Deportes de la C. de Madrid
Fotógrafo — David Durán

“Ahora haced como que cantáis vuestra canción favorita”, bromeaba Win Butler justo antes de atacar los rasgueos de entrada de “Wake Up” para cerrar los bises. Una vez más, la última, se rozaba el delirio en lo que había sido hora y media larga de apoteosis sostenida, de asombro y risa floja, la que se te escapa cuando te das de bruces con una versión aumentada de lo que estabas esperando. Era el de Arcade Fire un concierto en el que había que estar, daba esa sensación. El Palacio de Deportes acogía la actuación del grupo de referencia, del grupo que de verdad lo ha conseguido. Daba la sensación de que era un concierto que cerraba un círculo o una época, o que finalmente dotaba de sentido final a mucho que lo que ha estado sucediendo en la música en los últimos diez años. Daba igual que la falta de organización en los accesos provocase niveles de confusión y hasta momentos de tensión alarmantes en los preliminares (había que ver la zona reservada a la prensa, llena de “gente normal”, como me dijo con resignación un conocido presentador radiofónico). Daba igual que proliferase, y de qué manera, la figura del arribista que cuenta que está en el concierto mientras mira el concierto a través de la pantalla LCD de su dispositivo móvil. Daba igual que por momentos el sonido se ahogase debido a las pésimas condiciones del pabellón como recinto para espectáculos de música. Había que estar porque, con todo, incluso con el revestimiento a ratos excesivamente populista de su propuesta, el de Arcade Fire es sin duda uno de los actos más interesantes y con más sustancia que el rock actual es capaz de ofrecer. Si no el que más, eso es así. El caso es que la noche se cerraba con “Wake Up”, decía, aquel himno de su archirreconocido “Funeral”, de 2004, y ahora no sabemos si fue David Bowie, si fue la intelligentzia indie de Internet, si fueron los medios generalistas o si fue el boca a oreja, pero el caso es que algún motivo habrá para que ese disco, que en su día estuvo cogiendo polvo en las estanterías durante meses, sea la corona de la década que ahora termina. Algún motivo habrá para que la cuota de “Funeral” seleccionada en el repertorio fuera lo mejor de la noche. Junto a “No Cars Go” (de lo poco que sonó del “Neon Bible”), canciones como las de la secuencia “Neighborhood” tomaron en directo una dimensión monumental. Los ocho compenentes dando todo todo el rato, cambiando instrumentos, añadiendo variaciones a las versiones originales, subiéndose rabiosamente en la ola de volumen que un segundo antes amenazaba con seguir hueca toda la noche. El espectáculo total. Casi se agradecía que el grupo se empeñase en ponerse el traje de grupo normal para interpretar los cortes de su reciente “The Suburbs” en la parte central (“Rococo”, “The Suburbs”, “Modern Man”). Y así transcurrió una de las citas del año, entre el abandono a la agitación total y el cuidadoso manejo de los tiempos. Butler alternó protagonismo con Régine Chassagne, la otra mitad, que entre que iba y volvía de la batería cantó “Sprawl II” y “Haïti” pero que nos dejó con las ganas a quienes habíamos leído que en esta misma gira también está cantando “In The Backseat”. Y todo funcionó. La interacción con el público y los discursos de agradecimiento sonaron sinceros todo el rato, las luces y demás contingentes accesorios (pocos) sólo arañaron protagonismo a la música en algún momento puntual, la intensidad no escondió los detalles de la ejecución, el repertorio contentó por igual a ambos lados del estúpido dualismo creado recientemente entre sus seguidores (sí, los tres discos son muy buenos; y no, Arcade Fire no se han convertido en U2). La noche se recordará.

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