Espectros presentes y ausentes
Conciertos / Ana Curra

Espectros presentes y ausentes

8 / 10
Sergio Amor Herrero — 12-03-2017
Empresa — Jimmy Jazz
Fecha — 11 marzo, 2017
Sala — Jimmy Jazz Gasteiz, Vitoria-Gasteiz
Fotógrafo — Sergio Martín

Con la sala aún semivacía, aparecieron en escena los vizcaínos Niños Pájaro. El proyecto postpunk de Mikel Biffs, ex Safety Pins, y Txarly Usher, inquieto vocalista curtido en mil batallas, comenzó recreando atmósferas al estilo de los primeros Cure, para ir derivando hacia sonidos más cercanos al punk terrorífico de Los Carniceros del Norte. Destacaron canciones como “Las Brujas De Dublín”, y gustó mucho el estilo pop de “Entre Ruinas”, con su pegadizo estribillo y su ritmo bailable. Tras cuarenta y cinco minutos, y ya ante una considerable cantidad de público, concluyeron su despliegue de épica pesimista.

Ana Curra se presentaba, por primera vez, en Vitoria para reivindicar el legado de Parálisis Permanente. La idea era recrear en directo “El Acto”, mítico y único disco largo grabado por el influyente y oscuro grupo madrileño. La cosa fue mucho más allá, y en la Jimmy Jazz pudimos disfrutar de la práctica totalidad del repertorio paralítico. Tras unos primeros instantes repletos de solemnidad, con los músicos permaneciendo estáticos entre la penumbra, la diva del dark underground hizo su entrada triunfal. El primer tema escuchado fue, precisamente, el que dio título a aquel LP del año 1982. Después, la colección de himnos dedicados a la decadencia existencial humana tomó vida propia. “Tengo Un Pasajero” sonó rotunda, aunque algo deslavazada. “Quiero Ser Santa”, sin embargo, creó el ambiente perfecto, apoyada en el sonido fantasmagórico del teclado de Ana, y dio pie a que nuestras gargantas se desgañitasen sin piedad. No faltaron las versiones de los Stooges, “Quiero Ser Tu Perro”, y de Bowie, “Heroes”. La segunda, interpretada con mucha intensidad después de un emotivo recuerdo a Eduardo Benavente y a todos los caídos del Rock y de la Vida. También hubo tiempo para saborear algún tema del trabajo de Ana en solitario, como “Pájaro De Mal Agüero”, y de su proyecto ochentero paralelo a Parálisis Permanente, Seres Vacíos, del que cantó la visceral “Ratas”. Resultó curiosa la reinterpretación de “Vamos A Jugar”, rebautizada para la ocasión como “Todo Sigue Igual”. No sé si el chico situado tras de mí, que estuvo durante una hora pidiéndola a voz en grito, acabaría muy contento con el cambio. Todas las canciones sonaron, obviamente, más rockeras y modernas, sin la distante frialdad de las grabaciones originales. Disfrutables resultaron también “Esto No Es”, cantada a dúo por Ana y uno de los guitarristas, esa oda a la misantropía titulada “Todo El Mundo”, y ese homenaje al amor gótico post mortem conocido como”Esa Extraña Sonrisa”. Ana Curra se dejó la piel durante todo el concierto, se nota que cree en lo que hace, aunque su exceso de ganas le hizo rozar la sobreactuación en algunos momentos. Y cuando todo parecía hecho y la suerte parecía echada, llegó el bis disfrazado de Cancerbero. El perro infernal de tres cabezas provocó el delirio entre las primeras y no tan primeras filas. “Adictos De La Lujuria”, “Autosuficiencia”, y una incendiaria y casi hardcore “Un Día En Texas”, pusieron un memorable punto final a un aquelarre inquietante y casi místico. La luz solar está sobrevalorada.

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