En otro tiempo, en otro lugar
Conciertos / 091

En otro tiempo, en otro lugar

8 / 10
Bruno Corrales — 08-11-2016
Empresa — Riff Producciones
Fecha — 29 octubre, 2016
Sala — La Riviera, Madrid
Fotógrafo — Nacho Ballesteros

Se acerca lo inevitable, lo que se ha venido a denominar “maniobra final” -es decir, su nuevo último concierto, el 17 de diciembre en Granada- y, visto lo visto, da la impresión de parecer más inoportuna que nunca. Esto funciona, ¿realmente tiene que acabar? “A nadie le gustan las despedidas, a mí tampoco. Con esta canción os decimos… hasta luego”, decía un ambiguo José Antonio García, indescifrable tras sus gafas de sol segundos antes de que comenzasen a sonar los acordes de “La torre de la vela”.

Impecables, apabullantes, en La Riviera todo fue un poco mejor. En cuanto a precisión y en cuanto a sensaciones. Es patente que si la maquinaria de 091 volvía a ponerse en marcha no iba a hacerlo sin un nivel superlativo de autoexigencia, bastante fue el hecho de tener que romper su palabra para regresar. Tras aquellas tres noches consecutivas en Joy Eslava que sentarían las bases de un año frenético, tocaba despedirse de Madrid por todo lo alto, y no era precisamente el momento de reservarse.

Algo que no iban a dejar que sucediese ya solo a juzgar por el repertorio, con la tradicional intro (“Palo cortao”) y, así, sin apenas verlas venir, “Qué fue del siglo XX” y “Zapatos de piel de caimán”. Pero la noche sería convenientemente larga y atravesaría distintos momentos y estados de ánimo, de la rabia impotente de “Huellas” a la melancolía de “Nubes con forma de pistola”, junto a otro de los emblemas de los de Granada, “Este es nuestro tiempo”, dueña en su arranque de los reconocibles riffs de la banda. Recordándonos el triunfo de sonar a ellos mismos.

A continuación llegarían hasta dos bises, comenzando con el momento más emotivo, la versión acústica del clásico “La canción del espantapájaros” con José Antonio y José Ignacio Lapido solos sobre el escenario. Y aún quedaba el truco final y una sorpresa, sonando “La calle del viento” y, ya en un definitivo tiempo extra, “La vida qué mala es” y un alucinante despliegue de rabia punk con “Fuego en mi oficina”. ¿Entonces esto era una simple reunión nostálgica?

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