Viene del este
ComicsAntonio J. Jiménez

Viene del este

6 / 10
José Martínez Ros — 16-09-2026
Empresa — Blackie Books

Hay innumerables obras literarias y cinematográficas que imaginan el mundo después del Apocalipsis. De hecho, se trata de uno de los subgéneros más populares de nuestro tiempo, quizá porque nos resulta más fácil concebir el colapso de la civilización que alternativas viables al hipercapitalismo que nos asedia. Parece que la única transformación radical que alcanzamos a imaginar para nuestro modo de vida es, sencillamente, la extinción.

Sin embargo, son muchas menos las obras que se detienen en los últimos días de la humanidad, como hacía, por ejemplo, Lars von Trier en su magnífica “Melancolía”, donde el fin del mundo aparecía casi como una alternativa deseable frente al sufrimiento de la depresión. La principal diferencia con el cómic de Antonio J. Jiménez (1993), “Viene del este”, es que sus protagonistas ignoran la inminencia del desastre. El lector, en cambio, sí es consciente de ello gracias a un breve prólogo que muestra a una niña en la ciudad sin nombre donde transcurre la historia –una urbe que podría ser cualquier ciudad occidental– sometida a continuos bombardeos.

La acción se sitúa en Semana Santa, apenas unas semanas después del inicio de la invasión de Ucrania. Esas son las inquietantes noticias que “vienen del este”. Pero saber que la guerra se desarrolla a cientos o miles de kilómetros apenas altera la rutina de quienes sobreviven atrapados en empleos precarios o luchan por llegar a fin de mes. En su poema “La roca”, T. S. Eliot se pregunta: “¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido por la información?”. Esa corriente incesante de datos que nos llega desde todas partes en un mundo lleno de pantallas, en la que lo crucial se mezcla con lo trivial y lo absurdo, constituye el ruido de fondo que atraviesa todo el cómic. Tan absorbidos estamos por nuestros propios conflictos cotidianos que somos incapaces de percibir lo trascendente. Por ejemplo, una guerra cada vez más próxima.

A medida que avanza la historia, Jiménez deja de seguir a unos pocos personajes para abrir el foco y mostrar la ciudad en su conjunto, al modo de “Manhattan Transfer”, la célebre novela de John Dos Passos, o de “La colmena”, de Camilo José Cela. La sensación es la de observar un inmenso hormiguero humano en el que decenas de vidas se cruzan sin apenas advertirlo. Un repartidor que acaba de sufrir un accidente, un anciano ciego que afronta la jornada con un sorprendente buen ánimo, dos chavales que trabajan en una librería, un grupo de chicas que sale de fiesta al caer la noche... Poco a poco, sus caminos se entrelazan y terminan componiendo el retrato de una comunidad entera. A través de estos personajes corrientes, el autor muestra algunas de las preocupaciones que marcan nuestro presente: la dificultad para encontrar una vivienda, la inestabilidad laboral, la creciente soledad y una hiperconectividad que, pese a mantenernos permanentemente comunicados, nos aleja de quienes tenemos más cerca.

Para transmitir la sensación de saturación que define nuestro tiempo, Jiménez construye páginas densas y fragmentadas, llenas de imágenes, conversaciones superpuestas y letras de canciones que se mezclan como el flujo continuo de información que nos rodea. Incluso obliga al lector a girar el cómic en determinados momentos, convirtiendo la lectura en una experiencia física que reproduce la ansiedad y la dispersión de sus personajes. Todo ello, junto con el uso de líneas claras y colores planos, pone de manifiesto que la influencia de Chris Ware gravita sobre cada página de “Viene del este”.

Si hubiera que señalar un defecto en esta ópera prima tremendamente ambiciosa, sería que su guion no está del todo a la altura de su envoltorio visual. Un relato coral necesita que cada microhistoria posea entidad suficiente para sostener el conjunto, y eso no siempre ocurre aquí. No obstante, la obra posee la potencia gráfica necesaria para que merezca la pena seguir los futuros pasos de su autor. Si es que aún contamos con algún futuro.

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