(Consulta las fechas de sus actuaciones en directo al final de esta entrevista).
Charlamos con Norman Blake (Belshill, Escocia, 1965), un tipo siempre encantador. Tanto que a uno le sabe mal insinuar – solo insinuar – que el conservadurismo musical de la banda les ha hecho ir perdiendo chispa con el paso del tiempo.
¿Qué tiene este álbum de especial para vosotros?
Lo sentimos como diferente, en parte por el lugar en el que lo grabamos, en la isla de Gran Bernera, al noroeste de Escocia, en un estudio que está localizado en una bahía en la que no tienes a nadie en muchísimos kilómetros. Bueno, había un barco. Poco más. Nos gusta cambiar de emplazamiento a la hora de grabar cada disco, esperando que nos inspire algo distinto. Aunque el proceso sigue siendo el mismo: Raymond (McGinley) y yo escribimos las canciones y entre los cinco les damos forma en el estudio.
¿Os generó una tranquilidad de espíritu especial o una mayor conexión con la naturaleza?
Un poco, aunque siempre que hacemos un disco hay algo de riesgo, porque nunca entramos en el estudio con canciones ya terminadas: siempre nos lo proponemos, pero nunca lo cumplimos. No hacemos ninguna pre producción, dejamos que todo surja en el momento, en el estudio. Construimos las canciones sobre estrofas y estribillos que están más o menos definidos, pero que no adquieren su forma hasta que no entramos en el estudio, en el momento en el que todos aportan algo instrumentalmente. Cuando estaba Gerard (Love) con nosotros y éramos un trío de escritores, funcionábamos distinto: cada uno de los tres era como el director musical de su propia canción, dando indicaciones sobre cómo debía sonar el bajo o la batería. Pero ya no trabajamos así. Dejamos que cada cual toque sus partes como considere, y luego hacemos los arreglos. Nos funciona, como un grupo de personas.
“Podríamos hacer canciones deprimentes, dado el estado del mundo, pero siempre hemos sido optimistas”
Teniendo en cuenta que Euros (Childs) y Francis (McDonald) también son buenos escritores de canciones, y el segundo, de hecho, ya ha escrito en alguna ocasión para Teenage Fanclub, ¿no habéis pensado en abrir la mano para que también aporten desde la composición?
Podría ocurrir, pero hasta ahora nos hemos manejado bien así. Euros (Childs) y yo hemos escrito canciones juntos, en Jonny. Y Francis (McDonald) escribió “Planets” conmigo. También es vedad que ellos también trabajan en sus propios proyectos y tienen esa cuota cubierta. Teenage Fanclub siempre se ha basado en las canciones. Si quisiéramos hacer algo distinto, lo haríamos con otra gente y en otros proyectos. Pero no nos cerramos a que en un futuro ellos dos puedan escribir también.
¿Es fácil mantener la ilusión después de tantos años y tantos discos? Son casi cuarenta años de carrera.
Es mucho tiempo, sí. Pero nosotros no estamos continuamente escribiendo canciones, como hace mucha otra gente. Y esto (señala su teléfono móvil) es fantástico, porque muchas veces te sirve para gabar una idea que tenías almacenada desde hace tiempo. Yo acumulo muchos fragmentos, pequeñas ideas, y al cabo de meses las reviso, para ver cuál puede funcionar. Siempre que afrontas una nueva colección de canciones te preguntas “¿cómo hago esto?, ¿cómo lo acabo?, ¿cómo le escribo una letra?, ¿cómo hago la melodía?”, y es como si volvieras de nuevo a la casilla de salida. Puede que mientras eso ocurra, te mantengas fresco. Eso genera ilusión. Como el entrar en el estudio con una idea muy simple y ver cómo coge alas, y crece, especialmente cuando se enriquece con la colaboración de otras personas. Con las armonías vocales, por ejemplo, Euros (Childs) nos aporta mucho. Nos incita a probar cosas nuevas, también desde los teclados. Cuando llega la copia de prueba del disco, el test pressing para ponerlo sobre el plato y comprobar cómo suena, siempre es ilusionante.
La canción más sorprendente aquí es “Tomorrow People”, escrita por Raymond, que está estructurada en tres partes muy diferenciadas, como si fuera una suite.
Hay veces en las que escribimos un listado de posibles títulos, extraídos de alguna temática. Los escribimos en una pizarra. Esta vez fueron títulos de programas de televisión británicos de los años setenta. “Tomorrow People” fue un espacio de ciencia ficción para niños. La canción no va sobre el programa, pero el título sí catalizó su letra. Quisimos ir un poco más allá con ella y alguien sugirió hacerla así, a diferencia de otras que, en solo un día, las tenemos ya hechas. Puede que Raymond no tuviera ni idea de cómo iba a terminar cuando empezamos a trabajar en ella de buena mañana. Hay veces en las que vas probando cosas
¿Es cierto que el título, "Do Not Dare To Dream", se burla un poco de esos mensajes de superación personal tan recurrentes en las redes sociales?
Algo así. La vida no es tan simple. No basta con soñar con algo para conseguirlo. El ochenta por ciento de la canción es autobiográfica. Hablo sobre mí y sobre mi divorcio, y cómo es mi vida tras una década viviendo con quien era mi mujer en Canadá y tratando de amoldarme de nuevo a la vida en Escocia. Las pruebas y tribulaciones de ese proceso. Hay bajones y subidones en la vida, pero lo cierto es que muchas veces las cosas no resultan fáciles. No puedes esperar que los problemas se resuelvan sin más. Así que no te atrevas a soñar, porque puede que eso haga que las cosas no salgan como quieres (risas).
Pese a estas circunstancias personales tuyas y al estado en el que se encuentra el mundo, vuestras melodías siguen sonando esperanzadoras, hasta cierto punto optimistas, como si las cosas no hubieran cambiado demasiado.
Es complicado a veces ver las noticias en la tele, pero somos un grupo de personas optimistas, eso no se puede negar. No somos cínicos. Podríamos serlo, y pensar que todo es horrible, pero no somos así como colectivo. Siempre ha habido un nivel razonable de optimismo en Teenage Fanclub. También he escrito más sobre temas personales en los últimos tiempos, sobre cómo me sitúo en el mundo y cómo navego mis circunstancias personales… y nunca hemos escrito de forma abiertamente política como banda, y en parte porque seguro que tenemos opiniones distintas. Todos estamos en una sintonía similar, pero hay matices que no compartiríamos. Y no sería justo que uno de nosotros se erigiera en portavoz. Por eso nunca hemos escrito así. Pero es verdad que, dado el estado en el que está el mundo, podría escribir canciones muy deprimentes.
¿En qué parte de Canadá vivías y cómo de distinta es la vida allí respecto a Escocia?
En Kitchener, a una hora en coche de Toronto, al oeste de Ontario, cerca del lago América (risas)… no sé si has visto que Donald Trump quiere llamar así al lago Ontario, y que Google y Apple lo han secundado. Ontario es una palabra indígena: se ha llamado así desde hace muchísimo tiempo. Es algo muy loco. Los veranos allí con maravillosos, tienes unos paisajes increíbles y estás a diez horas en coche de Nueva York, más o menos lo mismo que de Chicago, pero los inviernos son increíblemente duros cuando no estás acostumbrado. Tienes un metro y medio de nieve en la puerta de casa. Nuestra propiedad hacía esquina y éramos los responsables de despejar la nieve con una pala, y eso puede ocurrir muchas veces en el transcurso de un mes. Y desde finales de noviembre hasta finales de abril tienes invierno. Cuesta acostumbrarse. Aquí en Escocia llueve más, pero es más templado. No tenemos nieve. Dicho esto, Canadá es un bonito lugar para vivir.
La primera vez que os vi en directo fue cuando teloneasteis a Nirvana en la plaza de toros de Valencia, en julio de 1992. Es obvio que ha pasado mucho tiempo, pero ¿no sentís la tentación de volver a hacer un poco de ruido como en aquella época?
Tengo el cartel de aquel concierto, aquel enorme que colgaba desde la pared de la Plaza de Toros. Hablé con alguien y me lo pasó. Lo tengo guardado, porque es demasiado grande para enmarcarlo. Creo que una de las razones por las que seguimos girando tanto por España es gracias a aquellos conciertos. Mucha gente nos conoció entonces. Fue una experiencia maravillosa hacer la manga europea de la gira de "Nevermind" (1992). Parece mentira que hayan pasado casi 35 años. Sobre lo que me preguntas, he de decir que sigo comprando pedales de distorsión para las guitarras (risas), y aunque hemos rebajado el tono con los años, creo que en directo sonamos un poco más fuertes, con los amplificadores, que en los discos. Hay un cierto equilibrio. Y creo que el sonido de los amplificadores, auqnue no es muy bueno para los oídos, recrea un poco eso.

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