Hablamos con Javier Ibarra, conocido artísticamente como Kase.O, largo y tendido. Se despacha a gusto sobre la valentía de expresarse, la radiografía de los haters y lo abrasivas que pueden llegar a ser unas críticas que él considera injustas, además remarca su personalidad altamente sensible y su relación con la inspiración divina, también hace autocrítica con las conspiraciones en internet, de donde reconoce que se “tragó muchísima mierda que le ha hecho más infeliz”, y reflexiona sobre la actual degradación de la comunidad hip hop.
Más allá de gustos musicales, creo que tu figura es indiscutible dentro del rap español. Una de las cosas que más me ha llamado la atención del disco es que, en una época en la que muchas veces el rap parece decir mucho sin terminar diciendo nada, tú has decidido mojarte. Más allá de que el oyente esté o no de acuerdo contigo, hay una voluntad muy clara de expresar lo que piensas.
Ese es uno de los mayores logros del disco, más que el contenido, haberme atrevido a decirlo y vencer ciertos miedos, porque parece que quieren acojonar a quienes intentamos ir un poco a contracorriente o simplemente expresar lo que pensamos. También quería lanzar un mensaje a la gente joven: el rap nació como una música de denuncia y de crítica social. Da la sensación de que el rap se ha ido ablandando y hemos acabado hablando demasiado de lo superficial. No sé exactamente de quién es la culpa, probablemente de todos los que hacemos rap, que nos hemos ablandado. Pero aquí estoy yo, con cuarenta y seis palos, haciendo un disco combativo y de crítica social.
“Obsesionarme con las conspiraciones me hizo más infeliz”
En España parece que cuando un artista supera los treinta y cinco o los cuarenta años se le empieza a juzgar de otra manera.
Siempre habrá alguien cruel que, por falta de argumentos, te diga que te retires porque eres mayor. Pero es una minoría tan insignificante que no merece la pena darle importancia. Mi público ha ido creciendo conmigo. No hago rap pensando en chavalines; hago rap para gente que lleva veinte años escuchándome. No es mi objetivo pescar jóvenes.
Creo que una de tus mayores virtudes como artista es tu sensibilidad. Pero esa misma sensibilidad también puede convertirse en un peso cuando llegan las críticas. ¿Te consideras una persona especialmente sensible?
Has dado en el clavo. Soy ultrasensible y eso es precisamente lo que me permite percibir y contemplar cosas que quizá otras personas pasan por alto. Ahí nacen muchos detalles de mis letras y de mi forma de entender el rap. Pero tiene un precio. Si eres muy sensible, las críticas te afectan más. No puedes ser extremadamente receptivo para unas cosas y completamente impermeable para otras. Yo puedo entrar al mar mirando una nube y emocionarme según cómo le esté dando el sol. Puedo ponerme a llorar simplemente contemplando un paisaje. Y no lo veo como una debilidad, sino como un disfrute de los pequeños detalles.
¿Las críticas te dolían porque eran duras o porque sentías que eran injustas?
Porque eran tremendamente injustas, no tenían ni pies ni cabeza. Hoy en día se juzga a alguien por un titular o por tres palabras sacadas de contexto. Qué te voy a contar a ti que eres periodista. Poco a poco uno va haciendo callo, pero era como si el mundo hubiera entendido exactamente lo contrario de lo que yo quería decir. Tengo millones de personas que me apoyan y sería absurdo centrar toda mi atención en cinco personas haciendo ruido. Internet está lleno de basura y de violencia gratuita. Hay mucha gente que necesita un abrazo y está descargando sus propios traumas sobre cualquiera. Los artistas tendemos a fijarnos mucho más en el insulto que en los miles de mensajes positivos. Y transformar ese odio en comprensión es muy difícil, pero a mí me ayuda a no convertirme en una persona llena de rencor.
Precisamente en muchas de tus canciones hablas del amor como una forma de estar en el mundo. ¿Todo este proceso te ha servido para reafirmarte en la idea de que no merece la pena entrar en guerras imposibles de ganar en Internet?
Siempre agradezco muchísimo el apoyo de mis seguidores. Incluso les digo que militen a mi favor, que, cuando vean un comentario ofensivo, respondan con educación o, mejor aún, con un abrazo simbólico. Sería una contradicción pedirles que devolvieran la misma violencia. En Internet muchas veces ni siquiera sabes quién hay detrás de cada comentario. Puede ser un chaval de trece años o alguien que es subnormal, o que simplemente está muy perdido. ¿Voy a darle más importancia a eso que al cariño de la gente que me sigue desde hace tantos años? No tendría sentido. Yo tengo la conciencia muy tranquila y no vivo permanentemente en ese ambiente. No tengo redes sociales. En mi día a día estoy con mi familia, disfruto de la naturaleza y llevo una vida muy tranquila. Solo me expongo cuando saco un disco porque forma parte de mi trabajo.
Una de las colaboraciones que más sorprendió fue la de Evaristo. Los dos compartís esa manera de decir lo que pensáis sin demasiados filtros. ¿Cómo surgió? ¿Desde el principio tenías claro que querías contar con él?
Sí, para mí es un honor. Evaristo no suele colaborar con mucha gente, así que fue un auténtico regalo. No sé hasta qué punto conocía mi música, pero sí sé que la gente de su entorno le animó a participar y acabamos conociéndonos en persona. Fue una de las tardes más bonitas que he vivido este año. Estar en el local de ensayo de La Polla Records, verle trabajar y pasar varias horas con él fue una experiencia increíble. Conocerle fue uno de los mejores momentos de mi carrera. Confirmó la imagen que tenía de él: un tipo generoso, inteligentísimo y con un sentido del humor espectacular.
Gran parte de la producción lleva la firma de Harto Rodríguez. Me parece muy llamativo porque hace apenas unos meses produjo el último disco de Erik Urano, que sonaba completamente distinto.
A Harto lo conozco desde hace muchos años y he podido ver toda su evolución como productor. Al principio creo que ni él mismo se terminó de creer que quisiera que produjera el álbum entero.
¿Qué te aportó como productor?
Muchísimo. Buena parte del mérito musical del disco es suyo. Yo suelo ser bastante controlador con la producción y normalmente estoy encima de cada detalle. Sin embargo, en este proyecto decidí delegar mucho más. Antes pasaba horas delante de la pantalla pendiente de absolutamente todo. Esta vez muchas veces estaba sentado al fondo del estudio bebiéndome una botella de champán y moviendo la cabeza mientras él hacía los ritmos. Eso fue un lujo. Quería un álbum con esencia clásica, pero con un sonido completamente contemporáneo. Aunque llegó un momento en el que sentimos que necesitábamos sonidos distintos. Había canciones más oscuras y agresivas para las que queríamos otra energía, por eso también están Sabiobeats, Nico JP, Animoss, Hazhe y R de Rumba, que no podía faltar, y que me mandó un beat que parecía sacado de “Vivir para contarlo”. Me escribí esa misma noche la letra del tirón y la mandé al grupo de Violadores del Verso para que se uniesen. Ver la ilusión en sus caras fue uno de los momentos más bonitos de todo el proceso.
En varias ocasiones has hablado de la inspiración casi como una experiencia espiritual. Grandes compositores como Mozart o Beethoven decían sentirse simples transmisores de una fuerza superior. ¿Tú también lo vives así?
Puede sonar extraño para mucha gente más cerrada de mente, pero yo lo he sentido así muchas veces. La he vivido demasiadas veces como para pensar que todo nace únicamente de mi cabeza. Con la intro del disco tuve la sensación de que la idea me fue enviada. No sentí que hubiera nacido de mí, sino que simplemente la capté. Yo suelo decir que el mérito siempre pertenece a Dios o al universo, como cada uno quiera llamarlo. No creo que las ideas surjan de uno mismo, sino que las captas de un gran mar cósmico en el que están todas las ideas posibles que puedan concebirse y tú si estás en medio de un proceso creativo, día tras día bajando a tu local, invocas a ese espíritu creativo. Hay momentos en los que levanto la vista y digo: “Venga, dame algo. Soy un instrumento de Dios, utilízame”. Antes de grabar muchas canciones rezaba y encendía una vela. La inspiración por sí sola no sirve de nada si después no desarrollas la idea, pero tampoco todo puede explicarse únicamente desde el esfuerzo. Las ideas existen antes que nosotros.
En el disco sorprende encontrar samples de Nathy Peluso y Sofía Gabbana. No es algo que mucha gente esperara.
A Nathy la sigo desde sus primeros trabajos y ya la vi venir. Ya entonces me parecía una artista con muchísimo carácter y siempre que he tenido ocasión le he dicho que soy muy fan suyo. Además, mi hija escuchaba muchísimo la sesión de Bizarrap con Nathy. Su voz tiene un timbre increíble para samplear. Es total influencia de mi hija porque yo no estoy tan conectado con la música actual. Con Sofía Gabanna pasó algo parecido. La sigo desde hace tiempo y un día escuché una frase que me llamó muchísimo la atención: “Dicen que esto es raro y eso es un halago”. La apunté inmediatamente porque resumía muy bien mi manera de entender las cosas.
Hay una canción que me parece especialmente interesante: “Puto Internet”. Más que una crítica a las conspiraciones me parece una autocrítica. Da la sensación de que reconoces haberte dejado arrastrar por ese mundillo, el tema de las vacunas…
Tenía miedo de que la canción no se entendiera así, pero esa era la intención. Siempre me han fascinado las conspiraciones. Cuando escribí “Puto Internet” tenía tantísimo material acumulado de haberme tragado tanta mierda que podía haber hecho cinco canciones diferentes. Había leído tantas cosas durante tantos años que necesitaba vaciarme.
“Internet está lleno de basura y violencia gratuita”
Haces como una especie de recorrido por todo lo que has ido consumiendo y creyéndote durante años.
Todas esas mierdas han estado en mi mente. Y quizá alguna incluso sea cierta. Nunca lo sabremos. Pero esa obsesión con la conspiración me ha hecho más mal que bien. Me ha vuelto más desconfiado, más pesimista y, probablemente, más infeliz. Sí creo que me ha servido para desarrollar cierto espíritu crítico y para cuestionarme cómo funciona el mundo. Eso me parece sano, creer que las cosas no son lo que parece que son. Lo que ya no es sano es pensar que cualquier vídeo de Internet contiene una verdad oculta. Pero oye, si gracias a una de las referencias que hago alguien pasa una tarde investigando por curiosidad, tampoco me parece mal. Lo importante es mantener siempre cierta distancia y entender que hay muchísimas cosas que probablemente nunca llegaremos a saber.
Si echas la vista atrás y comparas el rap español de hace veinte años con el actual, ¿qué sensación te deja?
Veo que estamos igual. Musicalmente han aparecido muchos géneros nuevos. El trap, el reguetón... Hoy conviven todos y eso forma parte de la realidad. Lo que sí te puedo decir es que la comunidad hip hop se ha ido a la mierda. Nosotros crecimos sintiendo que pertenecíamos a una cultura con unos valores muy claros. Ibas a un certamen de grafiti, luego a un concierto, conocías gente nueva... Había un sentimiento de pertenencia muy fuerte a algo superior a ti. Compartíamos una filosofía antirracista, antifascista, de camaradería y de amor por la música. Bastaba con cruzarte con alguien que llevara pantalones anchos para sentir que ya tenías algo en común con esa persona, incluso te podías quedar a dormir en casa de esa persona simplemente porque le gustaba Public Enemy. No sé hasta qué punto eso sigue existiendo hoy porque ya se ha mezclado todo… Eso del hip hop y de tener conocimiento acerca de la cultura afroamericana ya es café para muy cafeteros, cuando antes era lo más normal y te hacías respetar únicamente por la cultura hip hop que tenías.
¿Crees que el individualismo ha terminado imponiéndose?
Han influido muchos factores. También es verdad que ese tipo de filosofía en mis tiempos era bastante cerrada y sectaria, ahora hay más libertad. A un verdadero rapero de mi época le habría dado vergüenza perrear y reconocer que escuchaba reggaetón. Hoy los chavales entienden la música de una manera más libre, escuchan de todo y no sienten la necesidad de encerrarse dentro de una sola etiqueta. Eso tiene cosas buenas. Tampoco hemos sabido transmitirles bien nuestra filosofía de comunidad y conocimiento hip hop. En nuestros discos solo había un atisbo. Lo que quizá se ha perdido es ese interés por conocer la historia de la cultura hip hop. Antes era habitual hablar de Public Enemy, A Tribe Called Quest o de toda la tradición afroamericana que dio origen a esta música. Ahora sigue habiendo gente joven muy preparada, claro que sí. He conocido chavales con un conocimiento impresionante de los noventa, pero son una minoría.
Siempre termino las entrevistas con la misma pregunta. Para ti, ¿cuál es la lección más valiosa del amor?
El amor salva y tiene muchísimo que ver con el agradecimiento. Con agradecer las cosas pequeñas y también las grandes. Y, sobre todo, con el perdón. Creo que uno de los actos más difíciles que existen es perdonar a tu enemigo, a alguien que te ha hecho daño. Incluso aunque esa persona nunca llegue a pedirte perdón, eso te va a sanar y te va a limpiar el rencor y el odio. Ese es el amor más difícil y del que hablaba Jesucristo. El más elevado. Tú puedes decidir sanar esa herida dentro de ti. Eso no significa justificar lo que hizo, sino liberarte del rencor. Porque el odio termina destruyéndote antes a ti que a la otra persona. También hay que saber pedir perdón cuando uno se equivoca y agradecer a quienes permanecen a tu lado en los momentos más complicados. Hay que trabajarse a diario y ser autoconsciente. Yo he tenido la suerte de vivir una experiencia muy bonita en ese sentido. He hecho sufrir a una persona importante para mí y, aun así, eligió responder desde el amor y el perdón. Eso me enseñó muchísimo.

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