Red Rocket
Cine - Series / Sean Baker

Red Rocket

7 / 10
Daniel Grandes — 20-05-2022
Empresa — A24
Fotógrafo — Cartel de la Película

No me extraña nada que lo primero que escuchemos en “Red Rocket”, lo nuevo de Sean Baker (“Tangerine”, “The Florida Project”), sea “Bye Bye Bye” de *NSYNC. La historia que se nos pone frente a los ojos es a fin de cuentas un regreso a un pasado no muy lejano, el despliegue de una estética que se contradice profundamente con el imaginario del sueño americano. Mikey –un actor porno con una “exitosa” “carrera” de unos veinte años en Los Ángeles– se ve obligado a volver a su Texas natal después de dos décadas. Son veinte también los años que han pasado desde que *NSYNC publicaron su “Bye Bye Bye”. Lo que Baker coreografía aquí no es más que la infantilización de aquel que no podía creerse más adulto. El que conducía coches de lujo bajo el sol de la Meca americana del entretenimiento se mueve ahora en bicicleta por las calles en las que creció pero donde se le señala ya como anacronismo. ¿Acaso alguien tiene que decirle a un actor porno que lave sus platos después de comer? ¿Acaso un hombre blanco heterosexual que compara su pene con un sable puede seguir escuchando a boy bands de la pasada década? ¿Qué ocurre cuando lo ultramasculino tiene que volver con el rabo entre las piernas?

Como si de un western crepuscular se tratara, el hombre tradicionalmente entendido como héroe, definido siempre por su nomadismo, ha sido desplazado por la contemporaneidad y –paradójicamente– no puede hacer otra cosa que buscar un hogar (y, por supuesto, no aceptar que sus dones son ya cosa del pasado). El cowboy en la era Trump es para Sean Baker un actor porno con mentalidad de tiburón y, sinceramente, no me puede parecer más maravilloso. Lo único que el cineasta destierra de su interpretación moderna del llanero solitario es cualquier ápice de patriotismo. De hecho, “Red Rocket” es tan patriótica como fumarse un porro con la bandera de los Estados Unidos. Los símbolos que fueron defendidos enérgicamente del extranjero por John Wayne el pasado siglo son ahora el vehículo para la ironía, muestras de la falta de sentido que quizás nunca tuvieron. Para Baker, Estados Unidos no puede conjugarse en plural. Nada puede entenderse ya sin el filtro del individualismo encendido.

“Red Rocket” es una dosis de (nuevo) cine americano en vena. Al fin y al cabo si no fuera por la bicicleta nada diferenciaría al divagar de Mikey del crónico caminar del protagonista de “París, Texas” de Wim Wenders. De la misma forma que ese verde fluorescente, a medio camino entre el costumbrismo y el barroquismo, resucita esa policromada ciudad casi imposible de “Taxi Driver” de Martin Scorsese. ¿No hay algo de nuestro actor porno que recuerda al carisma natural del The Dude de “El Gran Lebowski” de los Coen? Sean Baker retrata a Estados Unidos con el mismo amor con el que Richard Linklater lo hace en “Dazed And Confused”, con la única diferencia de que en esta última la juventud aún tiene motivos para creer en un futuro mejor. Ante una moral aparentemente irrecuperable (las imágenes del rostro y discurso de Trump durante la película lo confirman), el héroe no es aquel que intenta repararla sino aquel que se aprovecha de lo amoral a su favor.

No hay nada que acerque a nuestro protagonista a la redención, no hay un arco de personaje. Esos son valores que murieron en el clasicismo. No hay otra forma de verlo. Esta es la historia de (con perdón) un gilipollas. Más concretamente, la historia de un gilipollas que tuvo la suerte de ser filmado por Sean Baker (es aquí donde nace la comedia). Que tuvo la suerte de tropezarse con una cámara que se esfuerza en encontrar el color en un mundo que él se empeña en pintar de gris y con unos secundarios que aportan carisma donde, según Hollywood, no debería haber nada. Puede que haya momentos donde ni siquiera el cine pueda edulcorar aquello que vemos y se materialice cierta distancia entre nosotros y Mikey. Puede que nos sintamos mal por sentir cierto apego hacia este Simon Rex (maravilloso en su interpretación). ¿Cómo puede atraer alguien con estos valores? ¿Cómo puede Estados Unidos verse reflejado en unos principios tan amorales y reprochables? ¿Cómo podemos seguir a este personaje? Espera… ¿Estamos hablando de Mikey o de Trump?

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