Raya y el último dragón
Cine - Series / Don Hall Y Carlos López Estrada

Raya y el último dragón

8 / 10
Judit Monferrer — 22-03-2021
Empresa — Disney +

Los ríos son fuente de vida y de alimento de las tierras por las que cruzan. Florecen las plantas, nacen los animales y los árboles dan frutos en el momento propicio. Pero los humanos, con sus guerras y su despreocupación, lo arrasan todo. Y hay que tener cuidado porque, al final, las flores dejan de crecer y lo que antes era verde y bello se vuelve árido. Cuando eso ocurre, la desesperación se transforma en avaricia, la necesidad en envidia y la unidad se resquebraja y se pudre por el poder. El territorio, antes uno, se divide por grupos, pueblos, fronteras. Las culturas, que por un tiempo convergían, se separan y sirven como excusa para el miedo, la desconfianza y la perpetuación de la ruptura de un mundo que puede volver a hermanarse, pero al que no dejamos hacerlo.

El tema del cambio climático no es en absoluto nuevo en la industria del cine. En la secuencia inicial de “Interstellar” (14), la familia protagonista encabezada por Matthew McConaughey huye de tormentas de arena y pasa hambre ante la total escasez de alimentos. Los efectos del calentamiento global son muy patentes en largometrajes como “Snowpiercer” (13), donde el mundo ha terminado totalmente congelado, o “El día de mañana” (04), en la que los huracanes, el aire gélido y los tsunamis arrasan la humanidad. Incluso otras películas de Disney ponen el acento en la importancia de cuidar la naturaleza, como “Frozen 2” (19) o “Vaiana” (16). En esta última, además, se habla sobre la importancia de permanecer unidos frente a la adversidad, clave también en la historia de “Big Hero 6” (14). Unas películas que elevan los registros humorísticos y dramáticos a los que nos tenían acostumbrados desde la Casa del Ratón (además de la llorera y las risas que provocaban, la caracterización de los personajes era especialmente compleja) y que tocan temáticas similares a las que aparecen en esta cinta. “Raya y el último dragón” comparte ese mismo espíritu de unidad y respeto por la naturaleza, aunque cambia la lucha de superhéroes y los paisajes de la polinesia por unos huérfanos combativos y el sudeste asiático.

Los creadores de la cinta son Paul Briggs, Carlos López Estrada y Don Hall. Este último es recurrente en Disney, ya que es el director de dos grandes filmes de la era digital de la compañía, precisamente, “Vaiana” y “Big Hero 6”. En ellas la aventura épica pasa por enfrentar un gran villano, ya sea la propia naturaleza o un hombre que busca venganza. Ese destino heroico lleva a los protagonistas y a sus compañeros a vivir situaciones peligrosas y a forjar una importante camaradería que supone, en última instancia, el viaje emocional y el triunfo de la misión. La fórmula que en ellas se desarrolla es la misma que encontramos aquí, aunque por tono la nueva película de Disney se encuentre a caballo entre lo cómico y lo trágico. En el mundo imaginario de Kumandra, Raya es una princesa guerrera que busca al dragón Sisu, quien ya salvó a la humanidad quinientos años atrás de unos enemigos que transformaban a las personas en piedra, para ayudarla a salvar de nuevo su pueblo. No es que “Raya y el último dragón” sea un filme rompedor ni aporte nada nuevo a las temáticas que suele barajar la compañía, pero es innegable que la historia parece fresca bajo esa espectacular animación y una deliciosa ambientación asiática en la que, como protagonista, tenemos a una princesa que bromea sobre no tener hijos, no se interesa por los hombres y es adiestrada en el arte marcial de Kali, originario de Filipinas.

Precedida por uno de los mejores cortos iniciales de la franquicia –el tiempo no puede volver atrás, pero dos abuelos unidos por el baile pueden volver a sentirse jóvenes en “Nosotros de nuevo”–, la cinta de Hall y compañía bien podría haberse estrenado en la nueva época dorada de Disney. Esto es, entre 1989 con “La Sirenita” y 1999 con “Tarzán”, pasando por todas las historias que han marcado a los millennials y a la generación Z (sí, hablo de “El Rey León” o “Mulán”). Y lo cierto es que “Raya y el último dragón” recuerda a esas grandes películas por las ganas que tiene de emular dicha era en la animación y por lo buena que es. Efectos y apartado visual a un lado, obviamente muy superiores a las de sus antecesoras gracias a la innovación digital, el espíritu clásico del filme se observa, por ejemplo, en el afán de enseñar una moraleja. Esos mensajes positivos que tanto le gustan a Disney, como los de proteger la naturaleza, estar unidos frente a la adversidad o confiar en los demás. Desgraciadamente el componente musical aquí no se encuentra presente, aunque por el tono quizá no encajara bien, pero sí tenemos a una princesa – la primera asiática, recordemos que Mulán era una soldado – y a un grupo variopinto que la acompaña. Una amalgama de personajes forzosamente solitarios y buenos que representan diferentes culturas y territorios de Asia y que se unen a Raya en esta noble misión.

Aun así no todo es perfecto en lo nuevo de Disney. Kumandra está arrasada y la mayoría de la población es huérfana desde hace años, lo cual ha obligado a los niños a crecer y madurar, pero la manera cómica en la que está prácticamente contada la historia resta tristeza a la narración. Por eso cuando llegan los momentos de desdicha no golpean como deberían, no duelen tanto, porque al poco llegan las escenas ultra positivas, tan típicas de los finales felices de la Casa del Ratón. La cinta está repleta de combates y acción desenfrenada, magistralmente rodada, aunque tanto movimiento deja pocas escenas de relax en las que podemos conocer mejor a los personajes o sus interacciones más íntimas. Sin embargo, lo malo queda en segundo plano ante todo lo demás, especialmente ante las características que convierten el filme en uno tan moderno. El toque humorístico, aunque afecte a lo duro de la historia, es un ingrediente que hace que rías a carcajadas, un honor que recae sobre todo en la dragona Sisu (“¿Sabes cuando en los trabajos en grupo siempre hay alguien que no hace nada y saca la misma nota que los demás? Esa soy yo”). Hasta Raya demuestra su lado más humano con bromas, como cuando asegura que no quiere tener hijos. La falta de interés romántico masculino y la relación de amistad-odio con Namaari, de otra tribu, hacen que Raya pueda ser lo que más se acerca a un personaje LGBT de Disney, y ojalá fuera así. Si estuvieran juntas conseguirían algo inaudito, volver a hermanar Kumandra, pero, además, unir lo ficticio con lo real. Porque entonces conseguirían crear un puente entre un estudio conservador y un mundo que, por fin, ya no ve las cosas como antes.

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