La casa Gucci
Cine - Series / Ridley Scott

La casa Gucci

8 / 10
J. Picatoste Verdejo — 26-11-2021
Empresa — Universal Pictures España
Fotógrafo — Cartel de la película

No es descabellado afirmar que, si la reciente cinta de Ridley Scott “El último duelo” tenía conexiones con “Rashomon” de Kurosawa, “La casa Gucci” las tiene con “El padrino” de Coppola. Y es que al film sobre la célebre casa de modas, al que no le hubiera desentonado el título “La familia Gucci”, con todas sus connotaciones mafiosas, se puede interpretar como una versión cínica y paródica de aquella, con esos Corleone de saldo que son los Gucci que muestra la película (en un momento de estancamiento creativo de la marca).

Maurizio Gucci (Adam Driver) es un nuevo Michael Corleone que no quiere saber nada de su padre (Jeremy Irons, que pasea su silueta siniestra) y prefiere trabajar entre camiones antes que seguir la senda familiar, pero acaba inmerso en ella debido a las ansias de poder de su Lady Macbeth, interpretada por la ídem Gaga. Precisamente, en una escena inicial, Irons se refiere despectivamente a ella, todavía no casada con el heredero Gucci, como “mafia”. Y no deja de ser gracioso que sea el Michael Corleone original, un Al Pacino divertido, expansivo y sensacional, quien consiga la reinserción del Gucci extraviado.

Sea por la mafia, sea por la ópera, no es la primera vez que Ridley Scott utiliza un contexto italiano para permitirse excesos. Si en “Todo el dinero del mundo” llevaba la violencia a extremos inquietantes, aquí hace su versión carnavalera de un culebrón de millonarios en decadencia. A esta fiesta de disfraces se entrega todo el reparto, desde un deliciosamente afectado Jared Leto, que forma pareja impagable con Pacino, su padre en la ficción, hasta Driver, intérprete que, en su faceta de trasunto de Michael Corleone, tiene un arco de transformación más claro y definido que el resto. Sin olvidar, claro, a una Gaga, más Queen que Lady, que, como ya hizo cuando se la conocía solo por su vertiente estético-musical, juega con su físico como quiere, irresistible maggiorata al principio, diminuta y grotesca al final. Paradigma de Gucci.

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