Elvis
Cine - Series / Baz Luhrmann

Elvis

8 / 10
J. Picatoste Verdejo — 24-06-2022
Empresa — Warner Bros
Fotógrafo — Cartel de la película

En el apartado de los biopics de cantantes de rock, este “Elvis” de Baz Luhrmann se ha de situar en el mismo estante en el que hace tres décadas se colocó “The Doors” de Oliver Stone. En ambos la personalidad de los directores trasciende las convenciones habituales de las biografías filmadas. No obstante, si Stone era coétaneo de Jim Morrison y por lo tanto el director hablaba de una época de la que había sido testigo, Luhrmann era un adolescente cuando Elvis Presley murió en 1977.

Así, hemos de entender el film como un gesto reverencial hacia una figura imprescindible de la música popular americana (y mundial). Un gesto que se traduce en una progresiva moderación formal –sobre todo si se compara con “Moulin Rouge”, también de Luhrmann– para no pasar por alto el drama interno del homenajeado, en una duración de casi tres horas (¡y existe una versión de cuatro!), dato que incide en la grandeza del personaje y en la intención de destacar tanto la lucha del cantante por expresarse con voz propia frente a las directrices del entorno como la vinculación de Presley con un tiempo convulso de conflictos raciales.

Paradójica e inteligentemente, la película se desarrolla a través de una polémica voz narrativa –igual que “Amadeus” de Milos Forman, en el que el relato era contado por el antagonista de Mozart, Antonio Salieri–: aquí, el odioso mánager de Presley, el coronel Tom Parker –equilibrada caricatura ejecutada con maestría por Tom Hanks frente a un buen Austin Butler como Elvis– justifica su versión de los hechos.

Pese a la relativa moderación antes mencionada, Luhrmann deja su impronta a través de un montaje avasallador (especialmente en la primera parte), el anacronismo sonoro que incluye piezas de rap y unos momentos inolvidables y eléctricos como las actuaciones de Presley en Las Vegas, el éxtasis femenino grupal que provocan sus movimientos pélvicos y la transmisión catártica, a modo de ritual eclesiástico, de los ritmos negros a un Elvis todavía niño.

 

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