El Visitante (The Outsider)
Cine - Series / Richard Price

El Visitante (The Outsider)

7 / 10
Marcos Gendre — 16-03-2020
Empresa — Aggregate Films / MRC. Distribuida por HBO

Anunciado como uno de los grandes reclamos de la temporada en HBO, “El Visitante (The Outsider)” ha conseguido hacerse un hueco en la parrilla de esta plataforma por medio de una oferta, en principio, irrechazable. Aunque el resultado general es ciertamente notable, también cabe apuntar ciertos problemas que, de no existir, habrían aupado a esta producción como una de las destacadas cuando se haga recuento del año televisivo.

Por la parte más endeble de la serie, uno de los aspectos que más sorprenden es la falta de inspiración en los diálogos de Richard Price, novelista autor de monumentos literarios como “Clockers” y guionista de “The Wire”, entre otras hazañas de su trayectoria.

Sin decepcionar, en absoluto, tampoco podemos decir que se encuentre en su, sobresaliente, nivel habitual a la hora de armar frases cruzadas entre personajes. Quizá porque la sobre contención adoptada en el tono general de la serie hace que, salvo en los fabulosos encuentros entre Holly Gibney y Andy Katcavage, el resto del reparto actúe bajo una densidad, por momentos, vacía, como en los dos primeros episodios, donde la dirección de Jason Bateman subraya el desnivel entre la narrativa emocional adoptada con respecto la desafección absoluta con la que es tratado cada plano donde hay dos o más personajes encuadrados.

Para esta ocasión, queda totalmente injustificada esta densidad tan típica de todo producto HBO calificado como “televisión de gourmet”. Esto no pretende ser “The Wire” o “Westworld”, sin embargo, por momentos, da la impresión de querer enfundarse tallas de alta costura que le vienen grande, en relación a la materia abordada; por otro lado, la adaptación de uno de los libros más inspirados del inabarcable Stephen King.

Que “The Outsider” provenga de una novela del rey del terror de este último medio siglo añade un plus de morbo hacia el resultado final. Si bien últimamente el nivel de las reinvenciones televisivas y cinematográficas de King están siendo sugerentes, la sombra de adaptaciones setenteras como “Carrie”, “El Resplandor” o la excelente mini-serie que Tobe Hooper hizo de “El misterio de Salem’s Lot” siguen siendo una sombra demasiado grande para todo el que se quiera embarcar en una empresa más enjuiciada que con otros autores literarios.

Todo lo que se traslada a la pantalla del universo King cuenta siempre con la comparación instantánea sobre lo que cambió o no respecto a la fuente original. Y, en este caso, hay que reconocer un hecho que sobresale por encima de todos: el personaje de Holly Gibney gana en todos aspectos en su adaptación televisiva. Fascinante en todo momento, esta especie de detective médium atrapa por su sola presencia. Y es que la versátil Cynthia Erivo está enorme. En cada plano, silencio o frase lapidaria siempre exhala una sensación de incertidumbre, equilibrada entre una empatía extraña y brotes de contención helada; en este caso, plenamente justificados. Su relación con Andy Katcavage, un ser tan parco en expresividad como resuelto en extraer vis cómica de su bondad ilimitada, es el gran hallazgo de la trama compuesta, en la que también destaca el contraste entre la visión fantástica de Holly y el realismo pragmático de Ralph Anderson, interpretado por un Ben Mendelsohn en estado de gracia. En este duelo por entender lo inexplicable se encuentra una de las fuerzas motrices de la serie. Desde la aparición de Holly en el tercer episodio, dicha cuestión crea un conflicto en toda la facción anclada a la imposibilidad de aceptar la terrible argumentación de “El Cuco” que ella expone.

El adentramiento en el terror más puro refleja una de las virtudes más reconocibles de “El Visitante”: el tono oscuro y asfixiante del que hace gala, remarcado por la gestualidad mínima y parsimoniosa de un elenco que parece atrapado en la agobiante atmósfera creada. Más allá de que la misma se salte los límites entre excelencia y el código HBO aludido anteriormente, acaba funcionando, sobre todo, en los episodios dirigidos por Andrew Bernstein, que toma las riendas de la dirección a partir del tercer episodio, aunque bien es cierto que el tono general queda cimentado en los dos primeros capítulos, dirigidos por Bateman.

El propio Bateman es Terry Maitland, el protagonista en el arranque de la serie, el mismo que es acusado del atroz asesinato de un niño de once años. Este hecho marca la dinámica argumental de “El Visitante” en sus inicios al más puro estilo noir, aunque dentro de un enfoque demarcado por la incomodidad del horror aludido.

Dentro de las diferentes capas escondidas dentro del relato central, la falsa acusación y lapidación que sufre Maitland y su familia refrenda la crítica en estos tiempos de Trump, en los que el gatillo siempre suena antes que el aviso. La histeria colectiva y psicosis hacia el condenado bien podría cuadrar en una novela sureña anestesiada de Harry Crews o del gran Jim Thompson. Así de ambiciosa es “El Visitante”, que, ciertamente, va ganando en equilibrio entre tono y narrativa conforme se van sucediendo los episodios, si bien es cierto que la acampada de media docena de policías en la cabaña del hermano de Claude Bolton resulta tan poco creíble como resuelta de forma abrupta y sin sentido.

A pesar de este debe, “El Visitante” acaba emergiendo como una mezcla imposible entre un noir escandinavo e “It”. Curioso híbrido desde el que brotan los frutos más sabrosos de un trabajo que evade la típica tendencia a fusionar patrones ya conocidos sin más para, en su lugar, transcender como una entidad propia y autónoma, imperfecta en su conjunto, pero poseedora de momentos altamente impactantes. En este sentido, no hay más que quitarse el sombrero antes los diez minutos de tiroteo con los que arranca el último episodio y la escena de la feria en el pueblo, por citar dos destacados.

Dicho esto, cabe explicar que “El Visitante” es una mini serie de diez episodios. En principio, no habrá segunda temporada, aunque desde estas líneas sí que rogamos para que alguna lumbrera de la HBO entienda que un personaje como Holly Gibney se merece un spin-off solo para ella.

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