El vientre del mar
Cine - Series / Agustí Villaronga

El vientre del mar

8 / 10
J. Picatoste Verdejo — 03-12-2021
Empresa — Filmin
Fotógrafo — Fotograma de la película

¿Cuál es la verdadera naturaleza humana? ¿En que situaciones aflora? “El vientre del mar” (“El ventre del mar” en su versión original en catalán), de Agustí Villaronga, ganadora de seis premios en el último Festival de Málaga, viene a responder de manera contundente y pesimista, sin concesiones. Basada en la novela “Océano mar”, de Alessandro Baricco, inspirada a su vez por la tragedia que reflejaba el cuadro de Theodore Géricault, “La balsa de la Medusa”, la película del cineasta mallorquín contiene diversas capas bajo la apariencia de experimento teatral –de hecho, el guión se gestó durante el confinamiento después de que la pandemia frustrase el inminente estreno de una adaptación escénica de la novela por parte del director de “Pa negre”–, con diferentes texturas, tiempos y espacios, físicos o mentales.

“El ventre del mar” abriga en sus entrañas, entre otros, un relato trágico de aventuras navieras del siglo XIX, más narrado que visualizado, casi como cuando Eric Rohmer decidió contar a través de conversaciones la Revolución Francesa en “La inglesa y el duque”. Si allí el cineasta francés echaba mano de lienzos para representar la realidad exterior a esas pláticas de salón, aquí Villaronga parte de una vista judicial entre los dos únicos supervivientes de un naufragio y recrea en un edificio casi derruido (Es Sindicat, de Felanitx), con vestuario tan sencillo como extemporáneo, lo allí explicado. Este mecanismo de despojamiento de lo superfluo, que aquí apela a los recovecos mentales de los protagonistas, recuerda al que ponía en funcionamiento Lars Von Trier en “Dogville” trazando las lindes de los edificios en el suelo.

Versión introspectiva y lóbrega de las rebeliones a bordo y las naves de condenados –parafraseando títulos clásicos del cine de Hollywood– en su calidad de destilación fatalista de los filmes de aventuras marítimas, en “El ventre del mar” Villaronga bucea entre la locura, los miedos y la violencia de sus personajes, prisioneros de sus desvaríos. Especial mención a los dos actores que sostienen el cara a cara, Roger Casamajor, rostro avieso de la enajenación realzado por la fotografía en blanco y negro de Josep Maria Civit y Blai Tomàs, frente a Óscar Kapoya, faz de la rabia contenida. Si bien se celebra el reconocimiento fuera de Catalunya de Casamajor, ganador de un Gaudí por su espléndido trabajo en “Pa negre”, se antoja injusta su mención única en el certamen andaluz como Mejor Actor, olvidándose el jurado de Kapoya en el bautismo cinematográfico de este intérprete de teatro y televisión.

El film, además, extiende su incidencia hacia nuestros días enarbolando una reflexión sobre taras atávicas que se repiten en la actualidad: discriminación racial, abusos de poder y, especialmente, naufragios de pateras. Osada, grave, desesperanzada, “El ventre del mar” irrumpe insólitamente en el panorama cinematográfico español con su mirada implacable sobre la insignificancia del ser humano, sea o no, ante la inmensidad del mar.

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