El último baile
Cine - Series / Jason Hehir

El último baile

9 / 10
Oriol Rodríguez — 20-05-2020
Empresa — ESPN / Netflix
Fotógrafo — Archivo

Creo que es en el primer capítulo de la serie. Si no, en el segundo. El hecho es que para plasmar el impacto que estaba teniendo Michael Jordan en Chicago, una ciudad en la que durante años hasta el fútbol sala tenía más seguidores que el baloncesto… ¡EL FÚTBOL SALA… EN LOS ESTADOS UNIDOS! la cámara recoge el testimonio de dos críos el día que los Bulls abren las taquillas para poner a la venta los abonos para la temporada. El niño y la niña explican que han decido que ese año no quieren tener regalos de Navidad sino que lo que realmente desean es tener entradas para ver todos los partidos en casa del equipo de Jordan.

La temporada 1997-98 iba a ser la última en la que Phil “El señor de los anillos” Jackson iba a sentarse en el banquillo de unos Bulls que perseguían conquistar su sexto campeonato de la NBA en ocho temporadas. Un récord brutal. Muy probablemente también iba a ser la última campaña de diversos de los jugadores de aquel equipo de leyenda: Jordan, Pippen, Kerr… defendiendo la camiseta de los Bulls. Era su último baile, como así lo describió ese maestro zen de dos metros, hippie reconvertido en sabio del baloncesto que es Jackson. Danza final que se propuso inmoratlizar un equipo de documentalistas que, con el permiso del club y la plantilla, que les permitió acceso total y poder filmar hasta sus momentos de máxima intimidad, siguió al equipo durante todo aquel curso. Sorprendentemente, aquellas grabaciones acabaron en un rincón de un almacén polvoriento. Hasta ahora, que el cineasta Jason Hehir las ha recuperado como base sobre la que edificar El último baile, la docuserie que a muchos nos ha salvado el confinamiento.

Aparentemente, El último baile es la crónica de la que supuestamente iba a ser la última temporada en activo de Michael Jordan antes de su retiro. Es eso pero también mucho más. Es la reconstrucción del fascinante recorrido vital de uno de los mayores iconos del siglo XX. Y también es la narración de la creación, consolidación y coronación de un equipo legendario conformado por personajes que superan lo extraordinario. Y es que más allá del propio Michael Jordan, en aquellos Bulls de los 90 militaban figuras tan carismáticas como Scottie Pippen, Dennis Rodman, Horace Grant, John Paxson, Steve Kerr o el ya mentado entrenador Phil Jackson. Todos ellos aportan su testimonio, como también lo hacen rivales y discípulos de Jordan, figuras fundamentales para hacer de la NBA el mayor espectáculo del mundo como Magic Johnson, Reggie Miller, Isiah Thomas, Larry Bird, Gary Payton, John Stockton o el añorado Kobe Bryant. Com ellos, familiares, periodistas…

El último baile empieza con un primer capítulo regulero, en el que se nos dice que toda la culpa del desmantelamiento de un de los grandes equipos de la historia del deporte fue de Jerry Krause, el general manager de los Chicago Bulls. Bajito y regordete, dicen que tenía complejo de inferioridad, que quería reivindicarse como parte fundamental del éxito de los Bulls durante aquellos años (y él, en parte, sí que fue el arquitecto que supo poner todas las piezas en su sitio), cuando en realidad las gestas y proezas eran propiedad de los jugadores. Un ejecutivo con aspecto de sapo feo. Como se queja Toni Kukoc, el genial baloncestista croata de aquellos Bulls (y durante un tiempo blanco de las iras de Jordan y Pippen por ser un capricho de Krause), un blanco demasiado fácil. Pero tan solo es un mal inicio. A partir de aquí la serie va creciendo a lo largo de sus diez capítulos, llegando a su máxima expresión con la quinta, la sétima y la dos últimas entregas, que, sencillamente, son sublimes.

Destacar también la forma narrativa de la serie. Cada capítulo tiene un eje central sobre el que gravita el guión: la importancia de Scottie Pippen, el escudero perfecto de Michael Jordan; la llegada al equipo del díscolo pero vital Dennis Rodman; el acuerdo de Jordan con Nike y como aquella alianza cambió para siempre la industria de las zapatillas deportivas, el mundo de la moda y la cultura popular; la primera retirada de MIchael Jordan del baloncesto… Una historia que, principalmente, se explica a través de las imágenes captadas aquella temporada 1997-98 y las declaraciones de los protagonistas en la actualidad, pero que acaban cobrando todo su sentido cuando el montaje se completa con ilustrativos saltos temporales en el tiempo enriquecidos con metraje de archivo. Un recurso para ejemplificar que lo que está sucediendo en aquel último baile es consecuencia de todo lo vivido por Jordan y sus compañeros a lo largo de sus vidas.

Jump 23 es el nombre de la productora audiovisual propiedad de Michael Jordan. No aparece acreditada, pero es una de las empresas detrás de esta serie de la que ya tenéis disponibles todos los capítulos en Netflix y Movistar +. Siendo malpensados, este hecho podría llevarnos a creer que El último baile es poco más que un tributo a mayor gloria de su principal protagonista. Y aunque lo es, a su favor hay que decir que ni esconde ni edulcora los capítulos más tristes y oscuros de la vida y personalidad de Michael Jordan, tratándose abiertamente temas como su supuesta adicción al juego, su escaso compromiso con la lucha por la plena consecución de los derechos civiles por parte de la población negra, la manera abusiva que tenía de tratar a los compañeros que creía que no estaban al nivel del equipo o el asesinato de su padre.

Y ya que estamos en una revista musical, elogiar una banda sonora espatarrante repleta de hitazos del hip hop de los 80 y 90 de artistas como LL Cool J, RUN D.M.C., A Tribe Called Quest, Naughty by Nature, Wu-Tang Clan, Nas, Outkast… Y una secuencia final sobrecogedora, en parte gracias a los acordes perfectamente sincronizados del “Present Tense” de Pearl Jam (una de las bandas favoritas, por cierto, de un Dennis Rodman que a gran amigo de un Eddie Vedder oriundo de Chicago y fan a muerte de los Bulls).

Uno de los últimos testimonios en aparecer en pantalla es el ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama. Un tipo al que siempre hay que escuchar cuando habla que afirma que la importancia de Michael Jordan y sus Bulls (unos Bulls de los que era fan, pero que en los primeros años de Jordan en la ciudad no los pudo disfrutar en directo porque explica que no se podía permitir las entradas) reside en el hecho que cambiaron para siempre la cultura popular. No hace falta decir nada más.

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