O Corpo Aberto (Cuerpo Abierto)
Cine - Series / Ángeles Huerta


O Corpo Aberto (Cuerpo Abierto)

6 / 10
Redacción — 09-12-2022
Empresa — Filmax
Fotografía — Cartel de la película

Hay miedos que tan solo con ser oídos pueden erizarnos el vello, turbarnos o revolvernos por dentro, obligándonos a capitular sin condición. Lugares embarrados y cenagosos de nuestra mente, repletos de sentimientos y memorias que nos arrastran más allá de la razón, y de los que nunca regresaremos siendo los mismos. De las sombrías entrañas de la prosa de Xosé Luis Méndez Ferrín, nace ahora el intento de la cineasta asturiana Ángeles Huerta por homenajear al mismo y llevarnos a un terreno de falsas apariencias con “O Corpo Aberto”, su obra prima de ficción y con la que a partir del uso del folklore gallego, las tradiciones más atávicas y espirituales, y un misticismo de corte gótico buscará sobrecogernos con elementos que van más allá de lo que nuestros ojos pueden ver.

Si lo logra o no, de eso ya dependerá nuestra personal habilidad para sugestionarnos y entrar en ese juego de claroscuros enigmáticos que la trama plantea, donde nada es lo que parece y los cabos sueltos se acumulan hasta ser zanjados de forma autodidacta por el espectador. Huerta juega con ello, y su personal habilidad para presentarnos un relato complejo derivará, a partir de su ecuador, de una narración al uso a una completa demencia en la que el deseo, la liberación sexual y un trance de lo más perverso se suman en un delirio final del que saldremos incómodos y descompuestos. Aunque eso sí, sus tintes pasionales y arrebatados pretenden transmitir mucho más, y esa lectura corre por cuenta propia.

Los ojos de Don Miguel (Tamar Novas), anclados en la cordura y en la ciencia, nos sirven de punto de partida, aportando esa estabilidad racional que el espectador requiere, con su llegada a una aldea situada en la frontera entre Galicia y Portugal, donde ejercerá el rol de nuevo maestro de escuela. La belleza sin igual que Lobosandaus –pues así se llama este particular punto de la geografía gallega- servirá como escenario para presentarnos diversos caminos argumentales defendidos por el resto de su elenco (Victória Guerra, María Vázquez, Federico Pérez, Elena Seijo, Miquel Insúa, José Fidalgo, Nicolás Otero, Izan González), y cuyo fin común será el mismo: convencernos de que nuestro paso por allí nos hará cambiar nuestra percepción sobre la vida y la muerte, abrir debates internos que nos importunen y ahondar en materias que no necesariamente requieren ser resueltas desde la sensatez y lo prudente.

Sus referencias directas al patrimonio rural más enraizado y esotérico – ese guiño a la danza do abellón, con el puntual zumbido de las abejas, o esa forma de abrazarnos con una sonoridad orgánica ofrecida a través de la magnífica música de Mercedes Peón-, sumadas a una fotografía excelente que nos traslada a las profundidades de la áspera vida rural de principios de siglo, serán claves para que no nos distraigamos en ese singular mar de interrogantes que la cinta suscita, invitándonos a que nos dejemos llevar, para variar, por aquello que no tiene una base lógica.

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