Better Call Saul (T5)
Cine - Series / Vince Gilligan Y Peter Gould

Better Call Saul (T5)

8 / 10
JC Peña — 01-02-2021
Empresa — AMC
Fotógrafo — Archivo

Al inicio de esta quinta temporada, la metamorfosis del perdedor Jimmy McGill en el exuberante y turbio abogado Saul Goodman arranca con el fatídico cambio de nombre en el registro. Sin embargo, tendremos que esperar a la temporada final para ver su abducción definitiva por el hampa de Nuevo México, que le conducirá inexorablemente a currar de incógnito en un centro comercial de Nebraska, como sabemos por los arranques en blanco y negro de muchos de los episodios. El estrafalario picapleitos vendemotos y bocazas que le robó planos al mismísimo Walter White ha empezado su particular descenso a los infiernos, en una temporada repleta del humor negro marca de la casa (como siempre, emparentado con el de los Coen), pero con una mayor carga de amargura, explosiones de acción y una tensión que va haciéndose insoportable. Además, ya tenemos una valiosa revelación: como muchos sospechábamos, Jimmy/Saul comparte con Walter el mismo resentimiento reprimido, al que da rienda suelta para rechazar airadamente la oferta de Howard Hamlin (Patrick Fabian) para que se una a su despacho. Es una de las escenas más inolvidables de toda la serie, una confesión paralela a la que hizo el gran Walter White explicando con total sinceridad por qué había hecho lo que había hecho.

Si has llegado hasta aquí, sabes que la cuarta temporada arrancaba con la trágica (y me atrevería a decir casi merecida) muerte de Chuck, el engreído y brillante hermano de Jimmy, sobre cuya tormentosa relación había pivotado hasta entonces un spin off que, con una profundidad de personajes poco habitual bajo su tono humilde y desenfadado, no tenía nada que envidiar a la serie matriz. Con la desaparición de tan extraordinario personaje (Michael McKean), en la cuarta temporada el sórdido ambiente criminal fronterizo empezó a solaparse más con el de Jimmy y el duro hombre para todo Michael (Jonathan Banks). La entrada progresiva de personajes ligados a la tragicomedia de White (del pulcro, maniático e implacable Gustavo Fring (Giancarlo Esposito), cabecilla de la cadena de restaurantes-pantalla Los Pollos Hermanos, el capo inválido Héctor Salamanca (Mark Margolis), el policía cuñado de Walter (Dean Norris) o los sicarios gemelos que tanto juego dieron en la serie madre, no se fuerza… más allá del hecho de que los años no pasen en balde y algunos intérpretes sean visiblemente mayores en unos acontecimientos previos.

En cualquier caso, esta temporada atesora algunos de los momentos más memorables de la saga completa: el hilarante spot casero con el que Jimmy/Saul torpedea el trabajo de la pareja que no merece, la dura abogada Kim Wexler interpretada por Rhea Seehorn: otro gran personaje; la odisea en el desierto en clave de cine de aventuras con uno de esos detalles escatológicos tan de la casa (baste decir que de por medio hay una botella rellena de orín…), o la tensa irrupción en casa de Jimmy y Kim del chulo y amenazador Lalo Salamanca (Tony Dalton). El trabajo de los guionistas es meticuloso a la hora de explorar y conectar las intrincadas relaciones entre los miembros del cartel mexicano y la organización de Gustavo Fring; en medio, el torturado Héctor Varga (Michael Mando), chantajeado con su padre de por medio, para reportar a Fring las actividades del granítico Salamanca. La ficción desemboca en un final explosivo e inesperado, cuyas consecuencias serán probablemente devastadoras para el pobre Saul. Juega a favor de la historia, como siempre, el ritmo pausado y esa fotografía impecable en la que los cielos de Nuevo México y su paisaje duro y árido son un personaje más. Los planos absurdos desde todo tipo de agujeros u oquedades (más difícil todavía: desde un desagüe) se hacen omnipresentes; la cámara actúa con la precisión entomológica de quien recoge las actividades humanas en toda su absurda y dramática ridiculez, pero sin estorbar en la trama. Tampoco lo hacen las canciones intercaladas estratégicamente y que casi siempre no pueden contrastar más con las imágenes.

Como hizo de modo admirable “Breaking Bad”, “Better Call Saul”, habla de personajes aparentemente ordinarios que se pasan al lado salvaje, con consecuencias que no pueden ser sino desastrosas… y cómicas. Las circunstancias están ahí: el sueño americano ha expirado hace mucho tiempo; pero es el ego maltratado, la ambición sin límite, la incapacidad para superar complejos y, por qué no decirlo, la estupidez, los que acaban venciendo la balanza hacia el lado equivocado. He ahí el genio de Gilligan.

Lo fascinante de Jimmy/Saul en esta fase final de su transformación es que su ambivalencia queda más expuesta que nunca: Jimmy es un tipo agradable, decente y bienintencionado, el abogado al que todos recurriríamos por su labia y oficio; pero también un mentiroso patológico y un enredapueblos de primera división, ávido de protagonismo, para el cual el fin siempre justifica los medios. Víctima de su optimismo desmedido y de una herida perpetua en su orgullo, Saul (es decir, Jimmy) no puede evitar liarla. Los remordimientos que le torturan en los últimos capítulos, cuando la sombra del desastre eclipsa su lado bufonesco, elevan la dimensión del personaje, haciéndole totalmente reconocible en su fallida, trágica dimensión humana. Jimmy sabe que la ha cagado pero no puede evitarlo y ya es muy tarde para volver atrás. El cómico Bob Odenkirk compone un personaje sensacional del cual a muy duras penas podrá desprenderse, como le pasó, por cierto, a Bryan Cranston con Walter. Pero ¿cuántos actores tienen una oportunidad semejante?

La edición en Blu-ray incluye unas impagables “Lecciones de ética” de Kim Wexler, estupendos cortos con animaciones repletos de guiños a la saga, con los que AMC promocionó el estreno televisivo en Estados Unidos.

 

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