25 años de The Bends, la primera obra maestra de Radiohead
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25 años de The Bends, la primera obra maestra de Radiohead

Sergio Ariza — 13-03-2020
Fotógrafo — Archivo

En la categoría de las obras maestras en cuanto a discos suele haber dos extremos, los que suponen una revolución en cuanto al sonido, al concepto, a adelantarse a su época y los grandes éxitos, esas obras en las que todas sus canciones son una maravilla, en los que no flojea ni una, cuando más de esos dos extremos tenga un disco, mejor será. Entre los primeros están Pet Sounds, el debut de la Velvet Underground, el Autobahn de Kraftwerk o Kid A, entre los segundos Never Mind The Bollocks, Definitely Maybe, Is This It? o nuestro protagonista, The Bends de Radiohead.

Un ejemplo perfecto de cómo encaja este último en esta teoría, coge una canción como Sulk, una de las menos conocidas del disco (y la canción que menos veces han interpretado en directo del disco) e imagínate a la mayoría de los grupos de los noventa sacándola como sencillo, ese estribillo sería, con toda seguridad, lo mejor que hubieran hecho el noventa por ciento de ellos.

Lo curioso del caso es que la mayoría de estos discos suelen ser debuts, algo que tiene toda la lógica, una banda se crea y pasa un tiempo haciéndose un nombre tocando en todos los garitos posibles, creando un repertorio, hasta que alguien les descubre y se graba un disco con las mejores canciones que tiene esa banda. Si el disco tiene éxito, entonces, la banda se ve obligada a grabar un disco continuista sin muchos tiempo para componer tantas canciones como el primero, se le suele conocer como el síndrome del segundo disco.

Por eso pocos apostaban en 1994 que Radiohead fuera a ser capaz de entregar un disco como este. Su primer LP, Pablo Honey, no pasaba de normalito, siguiendo la dinámica del calmado/fuerte de los Pixies y con otras influencias como Nirvana, R.E.M.o U2, no era un disco en el que hubiera muchas grandes canciones, aunque sí que había una muy grande, Creep, pero precisamente el éxito de esa canción y la presión e insistencia de todo el mundo para que la emularan les iban a dar el combustible necesario para desmarcarse con su primera obra maestra tras un inicio dubitativo. Thom Yorke cantaba en Creep que quería ser especial pero fue con The Bends cuando su banda comenzó a serlo de veras.

 

Radiohead Vs Britpop

Lanzado en plena fiebre del britpop The Bends y Radiohead estaban en el polo opuesto de sus compatriotas. Frente al hedonista optimismo de muchos de sus contemporáneos, los de Yorke estaban al borde de la depresión. Además, sus referentes eran grupos americanos como R.E.M. o los Pixies y grupos totalmente despreciados por su supuesta pomposidad como Pink Floyd o U2, nada de nostalgia del swinging London. Musicalmente seguían aferrados al rock de guitarras pero tanto Yorke como Jonny Greenwood ponían un extra de originalidad en sus respectivos instrumentos, voz y guitarra, haciendo de la banda un ente extraño en el Reino Unido de Oasis y Blur.

Pocos lo podían predecir en ese 1995, pero el futuro les pertenecía a ellos y aunque después de The Bends llegarían nuevas cimas, éste fue el disco sobre el que se construyó la carrera de la banda que iba a definir el sonido de las siguientes décadas. Al final resulto que en medio de la tremenda fiesta del Britpop se colaron unos tipos para poner las cosas en perspectiva. Si algunos querían ser estrellas del rock y vivir para siempre a Radiohead le bastaba con pertenecer a la raza humana.

La banda había comenzado a grabar The Bends en febrero de 1994 junto al productor John Leckie, cuyo más famoso trabajo había sido en el debut de los Stone Roses, aunque lo que más le interesaba a Yorke era su colaboración con Magazine en su álbum Real Life.

Con Leckie apareció uno de los nombres fundamentales en la historia de Radiohead, se trataba de Nigel Godrich que trabajaba como ingeniero junto al productor. La química entre los de Oxford y el joven ingeniero pronto se haría palpable y cuando Leckie abandonó temporalmente el estudio la banda y Godrich se pusieron a trabajar en unas caras B de las que saldría Black Star que, a la postre, terminaría incluyéndose en el disco, siendo el inicio de la mítica relación entre ambos.

 

Thom Yorke encuentra su voz gracias a Jeff Buckley

Pero puede que el momento más importante de la grabación de The Bends se produjera fuera del estudio. El 27 de agosto habían tocado en el Festival de Reading. Allí se veía a una banda todavía cabreada con su mayor éxito, la canción que llevaban tocando todos los conciertos desde hacía dos años, Creep. Nada más interpretarla, de una manera poco sutil, se lanzaron con la canción que iba a adelantar su nuevo. Se trataba de My Iron Lung una crítica nada velada a Creep en la que decían cosas como “This, this is our new song / Just like the last one / A total waste of time / My iron lung”. Blanco y en botella. Pero el caso es que esa misma actuación la habían comenzado con Thom Yorke cantando a capella el Sing A Song For You de Tim Buckley. La cosa no tendría mucha más importancia si el hijo de Tim, Jeff, no hubiera sacado un disco cuatro días antes llamado Grace.

El pequeño de los Buckley se encontraba en Inglaterra presentando el disco y tocó al día siguiente en el mismo festival de Reading en el que tocaron Radiohead. No se sabe a ciencia cierta si lo vieron, lo que sí que está documentado es que el 1 de septiembre Buckley volvió a actuar en Londres en The Garage. Ese mismo día la banda inglesa estaba en el estudio luchando, una vez más, por encontrar una buena toma de Fake Plastic Trees. La cosa no estaba funcionando así que John Leckie, dijo “¿por qué no salimos un rato?”. Así decidieron ir a ver a Buckley y allí Thom Yorke tendría una revelación fundamental en su carrera, no tanto por la música que sonó sino por la forma en que fue interpretada por la increíble garganta del cantante. Su utilización de la voz como el más expresivo de los instrumentos le permitiría a Yorke dar una nueva dimensión a la suya, una influencia que se haría efectiva desde el primer momento . Y es que, tras finalizar el concierto, la banda volvió al estudio y se lanzaron a tocar Fake Plastic Tres con Yorke sentado en el suelo. Tras tres tomas, éste rompió a llorar, y ésa fue la versión que se utilizó en el disco. Yorke había encontrado su voz y, como diría Leckie, la actuación de Buckley le hizo darse cuenta de que se podía cantar en falsete sin sonar ñoño.

Esa influencia llegaría a toda una nueva generación de cantantes a través del filtro de Yorke. Porque a pesar de que Matt Bellamy o Chris Martin dicen que cuando les comparan con Yorke es por compartir la influencia de Buckley, cuando escuchas a Muse o a Coldplay no piensas tanto en Grace como en The Bends.

 

“Punk Floyd”

Y es que el segundo disco de Radiohead no tiene una sola canción que baje del notable. Desde el momento en el que comienza la sinuosa Planet Telex se tiene la certeza de estar ante algo especial, la banda se ha sofisticado y ha encontrado su propio sonido. Aparecen teclados y empiezan a meter muchas más capas , cortesía principalmente de sus tres guitarristas, el propio Yorke, Ed O’Brien y, sobre todo, un Jonny Greenwood que encontrará definitivamente su sonido con una vieja Telecaster. Ya no tocan todos lo mismo, cada uno aporta algo distinto: Yorke suele ser el guitarra rítmico, con O’Brien poniendo toques a lo Johnny Marr, y Greenwood ejerciendo de solista, con sus solos sirviendo de contrapunto melódico a la voz de Yorke, compartiendo protagonismo. Su pericia instrumental llevó a algunos a calificarlos como “Punk Floyd”, al conseguir unir dos aspectos que parecían contrapuestos: la rabia del punk y la musicalidad de los de Roger Waters. La vieja fórmula del arrebato fuerte/calmado que habían tomado prestada de los Pixies y Nirvana y utilizada con mucho éxito en Creep había quedado, definitivamente, atrás.

The Bends, la canción, se abría con una explosión guitarrera y Thom Yorke gritando. Era glorioso rock hecho a guitarrazos, pero cuando comenzaba la letra lo primero que nos decían era “Where do we go from here”. En medio de la locura del Britpop Yorke decía cosas como “And I wish it was the sixties, I wish I could be happy I wish, I wish, I wish that something would happen“. Pero no eran los sesenta y Yorke y sus camaradas estaban bastante lejos de sentirse felices. Todas esas contradicciones hacen de este un disco realmente especial, un trabajo en conflicto consigo mismo, ahogándose en esos mismos guitarrazos, en esa fuerza salvaje tan propia de las estrellas del rock a las que no se quieren parecer. Esa incómoda sensación de ser incapaces de comunicarse de otra forma. Algo que, con el tiempo, aprenderían a hacer, abriéndose a múltiples influencias y músicas, pero que ya es evidente en este The Bends. Eso se puede entrever en una entrevista de la época cuando  Thom Yorke se expresaba así: “Me da mucha envidia cuando escucho buena música ‘jungle’ o cosas en el disco de Tricky. Tengo la sensación de que lo hicieron de forma aislada y que no era necesario estar en una puta banda en la que alguien grite ‘Quiero mi solo de guitarra’“.

 

La alienación de Radiohead

La palabra que mejor definía por lo que estaba pasando Yorke, y con él Radiohead, era alienación. No se sentían parte de la escena británica ni eran parte del grunge. No sentían el optimismo de los primeros, ni el cinismo de los segundos. Se sentían fuera de cualquier conexión con nada, y lo demostraban de forma explícita cuando cantaban: “I wanna live / I wanna breathe / I wanna be part of the human race“. Pero ese sentimiento de aislamiento sería el que les llevaría a encontrarse a ellos mismos. Su pesimismo parecía fuera de lugar en una escena entregada al hedonismo y a la celebración, pero la banda se estaba encontrando a sí misma e iba a probar que su alienación estaba más cercana al ‘zeitgeist’ de los tiempos de lo que se creía. Lo que nadie se daba cuenta en ese momento era que Radiohead no entraba en ninguna etiqueta. Eran, simplemente, ellos mismos y no se iban a repetir.

Durante los siguientes años saldrían miles de imitadores de este disco. Unos se quedarían con las delicadezas acústicas y harían carrera con ellas como Coldplay, Keane o Travis, mientras que otros se quedarían con las explosiones eléctricas de Greenwood -os estoy mirando a vosotros, Muse-. Pero Radiohead no volvería a pisar este territorio. No lo harían con Ok Computer, ni con ninguno de sus discos posteriores, movidos siempre por el fantasma del “Where do we go from here”.

Street Spirit (Fade Out) cerraba el disco de la mejor manera posible, adelantando la desesperación existencial de Ok Computer. Para Yorke es la canción más triste que jamás haya escrito. Eso sí, hasta en este lamento en el que, según sus propias palabras, no hay resquicio para la esperanza acababa diciendo “Inmerse your soul in love”. Claro que, como ocurría con Creep, Yorke experimentó sentimientos encontrados cuando la cantaba en directo, llegando a afirmar que le dolía inmensamente interpretarla y ver a miles de personas sonriendo felices, ajenas al verdadero significado de la canción. Algo que comparó a cuando vas al veterinario a ponerle una inyección a tu perro y este te mira feliz moviendo la cola. Con declaraciones como ésta podían parecer una parodia de grupo ‘miserabilista’, pero Yorke y los suyos eran mucho más que unos chicos tristes y cínicos, detrás había un sincero deseo de conectar con el mundo.

Hubo muchos que vieron en este disco el molde sobre el que construir una carrera. Pónganse Parachutes según terminen de escuchar The Bends y verán como es el resultado de coger el disco de Radiohead y quitarle las canciones más guitarreras, como la titular, Bones, o Just (con estas se hacen los dos primeros discos de Muse). Si en el año 2000 alguien quería escuchar de nuevo High & Dry entonces ya tenía Yellow, y si quería una nueva My Iron Lung ya tenía Plug In Baby. Pero en ese momento Radiohead ya estaba a un millón de años luz de allí diciendo que “todo estaba en su sitio” y sacudiendo por completo el mundo de la música con Kid A. “¿A dónde vamos desde aquí?”. Radiohead tenía claro que la respuesta no podía estar en el mismo sitio, aunque ese sitio fuera un manantial tan rico como The Bends.

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