Los discos de Suede, del peor al mejor
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Los discos de Suede, del peor al mejor

Raúl Julián — 25-03-2026
Fotografía — Archivo

Suede se encuentran ahora mismo ofreciendo un total de seis fechas sobre nuestros escenarios, dentro de esa generosa gira con la que defienden en directo las canciones de “Antidepressants” (BMG, 25).

Momento ideal para repasar la discografía de los británicos en base a un trazado por sus álbumes ordenando del peor al mejor y que, en cualquier caso, prueba esa capacidad de Brett Anderson y compañía para pivotar en torno a una serie de coordenadas que han enriquecido su propio catálogo, sin perder nunca de vista la misma esencia de Suede.

10 - “A New Morning” (Epic, 02)
Sin lugar a dudas, el patito feo dentro de la discografía de Suede y su título (a todas luces) más prescindible, además de un bajón de tal calibre que influyó de manera determinante en la separación del combo en 2003. Si “Coming Up” había abrazado el optimismo de la mejor manera posible (y en el momento adecuado), aquel bienestar aparente que Brett Anderson quiso plasmar a lo largo y ancho de “A New Morning” quedó cristalizado en mayoría de canciones facilonas que no daban la medida para un grupo con el catálogo histórico de Suede. Valgan como ejemplo los descafeinados singles “Positivity” y “Obsessions”. A pesar del evidente descalabro, el lanzamiento presentaba alguna pieza rescatable y, el que fuera quinto (y por entonces último) álbum de estudio de los británicos, escondía alguna que otra gema, concretada en el medio tiempo “Untitled”, “…Morning” y, sobre todo, la preciosa “Oceans”. Poco bagaje, en cualquier caso, como para dar de paso un álbum del que hasta el propio grupo reniega, llegando a afirmar que nunca debió ver la luz.

09 - “Head Music” (Nude, 98)
“Head Music” no es un mal disco y, de hecho, contiene un puñado de canciones destacadas, pero hace gala de un doble error de medida. Por un lado, se antoja como un trabajo demasiado extenso, con un total de trece canciones distribuidas en casi una hora. A eso habría que añadir que la elección de temas no fue la mejor y sumaba un no pocas mediocridades, relegando a Caras B canciones como “Let Go” que hubieran subido el nivel global de la referencia. Además, la producción de Steve Osborne (reemplazando al habitual Ed Buller) tampoco fue acertada, apostando por una excesiva presencia de sintetizadores lastrando el sonido global de la banda hasta tornarlo algo artificial. Por si fuera poco, Anderson se encentraba inmerso en un momento complicado en cuanto a su relación con drogas fuertes se trataba. El resultado es un álbum de trazado irregular, en el que hay canciones que no deberían haber pasado de caras B compartiendo espacio con dianas evidentes del tipo de “She’s In Fashion”, “Can’t Get Enough”, “Down” o “Everything Will Flow”. En cualquier caso, el tiempo parece haber jugado en su favor y, a día de hoy, alberga mejor imagen que la cosechada tras ver la luz el 3 de mayo de 1999 en base a una serie de críticas tirando a tibias.

08 - “Bloodsports” (Warner Bros, 13)
Tras un exitoso concierto reunión en el Royal Albert Hall de Londres a favor de la asociación ‘Teenage Cancer Trust’, la banda decide realizar una gira y, posteriormente, volver al estudio para certificar su regreso. El resultado, que a priori llegaba entre incógnitas importantes, rayó a gran nivel y (para la satisfacción de los fans) nos devolvió a una banda en forma, enérgica e inspirada, que (con acierto) vuelve a confiar en Ed Buller para llevar la manija de la producción. “Bloodsports” no es un álbum a situar en la zona noble de la discografía de Suede dado el elevadísimo nivel de la misma, pero es un disco notable que, a la postre, significó la primera (y sólida) piedra de lo que sería segunda etapa de un grupo que ya solo firmaría obras mayúsculas con las que optar al título de ‘mejor retorno de los noventa’. El sexto álbum en el casillero de los ingleses alterna, con soltura, aquellas canciones más introspectivas que apelan a la emoción (“Sometimes I Feel I'll Float Away”, “What Are You Not Telling Me?”) con éxitos instantáneos (“It Starts And Ends With You”, “Hit Me”). “Bloodsports” fue, en definitiva, una excelente noticia, reconfirmada además con una gira en la que el grupo mostró esa escandalosa forma escénica que ya no ha abandonado.

07 - “Autofiction” (BMG, 22)
Tras dos entregas tras sesudas como fueron “Night Thoughts” y “The Blue Hour”, Suede volvieron a demostrar su inquietud y capacidad de mutación (dentro de un orden lógico) enfilando un cambio de dirección que quedó concretado en “Autofiction”, el que ellos mismo se encargarían de calificar (de manera acertada) como su ‘disco punk’. El que hasta la fecha se sitúa como penúltimo álbum de los londinenses es, en efecto, un trabajo rabiosamente más directo y crudo que sus dos antecesores, que apuesta con escaso disimulo por esa visceralidad innegociable cuando de bandas de punk (las mismas que siempre fueron tan del gusto de Anderson) se trata. Blanco y negro desde la misma portada para impregnar hasta la médula diez canciones con cadencia por una violentada oscuridad. Además de piezas tan solventes como “Personality Disorder”, “Shadow Self” o “The Only Way I Can Love You”, el álbum se abre con la emocionantísima el homenaje de Brett a su madre en “She Still Leads Me On”, uno de esos himnos que procede adoptar como propio.

06 - “The Blue Hour” (Warner Music, 18)
“The Blue Hour” podría asumirse, al menos de inicio, como una especie continuación lógica de “Night Thoughts”. Y si este reclamaba una escucha paciente, en el disco publicado en 2018 la sensación se acrecienta de manera ostensible. La majestuosidad y solemnidad de la obra que hacía el octavo disco de estudio de Suede puede llegar a resultar intimidante, pero una vez que se accede a sus trabajadísimas texturas, la recompensa resulta del todo satisfecha. Los más de cincuenta operísticos minutos de “The Blue Hour” parecen dotados con vida propia, en la que posiblemente es, en términos de composición y ejecución, la obra más ambiciosa y compleja con la firma de Anderson y compañía hasta la fecha. Peculiaridades y dimensiones inéditas en una entrega que apenas alberga singles claros, apostando por el peso del conjunto y de piezas como “Wastelands”, “Don't Be Afraid If Nobody Loves You” o el glorioso cierre que supone “Flytipping”, en una serie a la que añadir la que es una de las mejores canciones grabadas por Suede en toda su carrera: “Life Is Golden”.

05 - “Night Thoughts” (Warner Music, 16)
El primer gran disco de la segunda época de Suede vino acompañado de un film de Roger Sargent, a modo de trabajo conceptual y en una maniobra ambiciosa y arriesgada de la que el grupo salió especialmente reforzado. Las tonalidades vuelven a arroparse sin tapujos con el dramatismo marca de la casa, en este caso consecuencia directa de los miedos de Brett Anderson ante la paternidad. Trabajadísimos arreglos orquestales y Scott Walker cogiendo el relevo con respecto a la perenne influencia de David Bowie marcaron el devenir de una obra grandiosa, empapada en épica elegante y argumentada en torno a un profundo mensaje. La madurez vocal de Anderson resulta ya evidente y cruza todo el álbum con orgullo, señalando a ese espléndido cantante que en realidad siempre fue, pero disfrutando en “Night Thoughts” de lo que podría interpretarse como el inicio de una nueva época. Un disco específicamente reflexivo, que invitaba (casi exigía) una calmada degustación si la intención era asimilar a conciencia la totalidad del contenido propuesto.

04 - “Antidepressants” (BMG, 25)
Si “Autofiction” fue el ‘disco punk’ de Suede, “Antidepressants” bien podría ser su disco post-punk. Tres años después de aquel, la banda incide en esas cualidades para firmar la referencia que opta al título de mejor disco de su segunda etapa. Una especie de continuación lógica que apuesta por sonido realista y directo, en donde el quinteto mantiene su esencia a lo largo de un elepé envuelto con entreverada oscuridad, con nervio contrastado, líneas gruesas, agresividad e influencias (intermitentes) de bandas como Joy Division, Wire o The Cure. Una obra visceral, en la que subyace la teatralidad y épica propias del grupo, pero alejadas de ese dramatismo más evidente y sin atisbo de arreglos orquestales. Un álbum que se lanza directo a la yugular, sin preliminares ni adornos y que, de alguna manera, asoma como la cara opuesta (y sombría) de “The Blue Hour”. Un compendio de inspiradísimas canciones, tan rabiosas como elegantes y distribuidas entre éxitos instantáneos –en donde se situaría esa “Dancing With The Europeans” directa al catálogo obligado del grupo sobre las tablas y que además da nombre a la pertinente gira europea–, o bellos pespuntes provenientes de atmósferas más reflexivas.

03 - “Coming Up” (Nude, 96)
Bernard Butler (co-compositor de las canciones de los dos primeros discos) ha abandonado el grupo. Los medios dan por moribunda a una banda que, según presuponen, ha vivido rápido y dejado un bonito (precioso, en realidad) cadáver de título “Dog Man Star”. Pero los planes de Anderson no pasan por esa rendición. A cambio, ficha al jovencísimo (y virtuoso) Richard Oakes como sustituto de Butler y a Neil Colding como quinto miembro. Junto a ellos y los habituales Matt Osman y Simon Gilbert materializa su venganza en “Coming Up”, lo que no es sino una nueva vuelta de tuerca de Suede. La oscuridad y el drama de antaño se evaporan y dan paso a una celebración que, de paso, encaja a la perfección con el hedonismo inherente al Britpop (y ese apogeo nacionalista que años después la mayoría de bandas de la época rechazarán). Fuera como fuese, “Coming Up” es un disco luminoso, “para escuchar en verano en el coche con la ventanilla bajada” (tal y como lo describió el propio Anderson en una entrevista concedida en este mismo medio en 2016). Diez singles potenciales conformando lo que vendría siendo un disco redondo, apto para casi todos los públicos (no en vano es el disco más vendido de Suede), y que albergaba himnos para cantar a voz en grito como “Beautiful Ones”, “Trash” o “Filmstar”. Anderson y compañía habían superado el hándicap levantando la cabeza por encima de las tinieblas hasta otear la luz del sol.

02 - “Suede” (Nude, 93)
Suede se habían convertido en la banda de moda de Reino Unido antes incluso de que sacasen su disco debut, copando portadas y mutando, de la noche a la mañana, en un fenómeno. Cuando al fin se publica “Suede” tras tres singles previos, se convierte en el debut más vendido de todos los tiempos en Inglaterra. Un compendio arrasador de nocturnidad urbanita y sexualidad tan manifiesta como andrógina, sita en torno a un universo, el del grupo, que destila elegancia de mercadillo e irresistible magnetismo. El binomio formado por la imagen glamurosa (y al mismo tiempo terrenal) de Brett Anderson –extendida hasta su propia interpretación vocal– y las guitarras descriptivas de Bernard Butler resulta imbatible, siempre con la sombra de David Bowie apoyando la causa desde el fondo. El disco conecta inmediata y verticalmente con la juventud de la época, desesperanzada y ansiosa de evadirse entre aquellos efluvios de fin de semana que laten en proclamas vitales como “The Drowners”, “So Young”, “Metal Mickey” y, por supuesto, “Animal Nitrate”.

01 - “Dog Man Star” (Nude, 94)
Muy pronto quedaría claro que Suede no era una banda con tendencia al ostracismo. Solo año y medio después de debutar con un disco tan inexcusable como “Suede”, Anderson y Butler refrendan una ambiciosa aventura que sigue siendo su mejor obra, pero que también supondría el fin de la sociedad compositiva, con Butler abandonando la formación antes de la gira. “Dog Man Star” es pura belleza dramática, y muestra una versión sensiblemente más sofisticada de la banda con respecto a la que latía en “Suede” sin traicionar un ápice de su identidad. Los arreglos clásicos comparten protagonismo con las inspiradas líneas de guitarras de Butler, mientras Anderson canta un conjunto lírico capaz de desarmar al oyente en una canción tras otra. Una docena de piezas que proponen un viaje intenso y emocionante por los parajes ya propiedad del cuarteto. Un disco, en definitiva, absolutamente impecable y la cima compositiva de los londinenses, que resonaba tan conmovedor como ya por entonces familiar, y que incluía temas de marcadísima sensibilidad del tipo de “The Wild Ones”, “The 2 Of Us” o “Still Life”, junto a latigazos inflamables como “We Are The Pigs” o “New Generation”.

Bonus: “Sci-Fi Lullabies” (Nude, 97)
Si bien no es técnicamente un álbum de estudio, lo cierto es que este disco doble resultado de recopilar muchas de las excepcionales caras B rescatadas de entre los singles extraídos de los tres primeros discos de Suede, no es sino un auténtico clásico obligado entre los seguidores del grupo. La capacidad compositiva de los británicos en aquella época resultaba tan descomunal que, entre los extras que hacían las veces de gancho para acompañar a la canción principal extraída del disco en formato single, tenían cabida auténticas joyas. Canciones de idéntico nivel (en ocasiones incluso superiores) que las finalmente seleccionadas para formar parte del propio álbum. No pocos cortes de “Sci-Fi Lullabies” mutaron por derecho propio en queridísimas piezas del repertorio, caso de “My Insatiable One”, “Killing Of A Flash Boy”, “My Dark Star” o “Europe Is Our Playground”. El mismo Anderson se confesaba al respecto en la misma entrevista con Mondo Sonoro ofrecida en 2016: “Siendo sincero, y de alguna manera, me pesa; si pudiera volver atrás, incluiría algunas de esas grandes canciones en los discos”.

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