Desde que Fulgencio Pimentel se lanzara a apostar por él sin reservas, Simon Hanselmann ha consolidado su estatus como uno de los autores indies más refrescantes del panorama del cómic. Acaba de publicar “El mal camino” en, precisamente, Fulgencio Pimentel.

Desde que, unos años atrás, la editorial Fulgencio Pimentel se lanzara a apostar por él sin reservas, Simon Hanselmann se ha consolidado como uno de los autores indies más interesantes y refrescantes del cómic actual. El padre de Megg Mogg y Búho dejó huella en más de un sentido en su primera visita a España y, ahora, respaldado por la publicación de su obra en todo el mundo, ha repetido gira en varias ciudades españolas para presentar una nueva entrega de la saga de sus antihéroes slacker, “El mal camino”. Un oportuno descanso entre sesiones de firmas, eventos varios y apariciones televisivas nos ha permitido lanzar un puñado de preguntas al autor.

Hablemos de “El mal camino”. ¿Cuánto tiempo te ha llevado acabarlo, qué pasaba en tu vida mientras lo hacías?
Todo el proceso duró poco más de un año. Dos meses para planear y escribir el guión, maquetar las páginas. Luego, alrededor de tres meses para dibujar a lápiz todo. El entintado y la rotulación es lo siguiente, lo hice en cuarenta días, fue muy rápido. Por último, tardé alrededor de siete meses en colorearlo. El color es el proceso más largo, trabajaba prácticamente dieciseis horas diarias, fue agotador. Es la primera vez que he sido capaz de hacer esto, de centrarme en un único proyecto sin distracciones. Apenas salí de casa en todo el año.

¿Tienes toda la historia de Megg y Mogg en tu mente o vas avanzando conforme dibujas nuevas historias?
Sí, escribo un guión cerrado por adelantado. No puedo imaginarme haciéndolo a medida que avanzo. Creo que el resultado de eso sería un libro malo y descuidado, con poco sentido.

¿Crees que podrás hacer cómics sin Megg, Mogg y Búho en un futuro, que acabarás por prescindir de ellos?
Llevo haciendo cómics desde 1989 y he pasado por muchos personajes e historias diferentes. Siento mucho apego por Megg y Mogg, y planeo seguir con ellos durante muchos años. Hay otras cosas que quiero hacer, pero no tengo prisa. Mis lectores parecen disfrutar de Megg y Mogg, y a mí me gusta mucho escribir y dibujar sus historias. Tengo muchas, muchas cosas planeadas para ellos, me siguen pareciendo personajes muy frescos. Apenas he rascado su superficie.

En tus historias siempre hay una gran cantidad de autodestrucción, un constante “por eso no podemos tener cosas bonitas”. ¿Es una forma de dejar ir frustraciones, de gestionar temas personales, o simplemente algo que te interesa como artista?
Sólo escribo sobre la vida, mis filosofías, la realidad y su aterradora naturaleza. Es muy difícil estar vivo, muy confuso y fascinante. Nos estamos destruyendo como individuos y como especie, destruyendo el planeta. Los humanos, definitivamente, no podemos tener cosas bonitas. La vida urbana moderna es la muerte, deberíamos volver a vivir en el bosque, dedicarnos a la agricultura, tirar los teléfonos móviles al mar.

“En Sevilla firmé la copa menstrual de alguien, y en Zaragoza el plug anal de un joven caballero, lo que fue muy divertido”

¿Cómo es un día de trabajo normal para ti?
Trabajo, trabajo, trabajo, trabajo. Todo lo que hago es trabajar, es todo en lo que pienso. Trabajo en casa, así que me despierto, reviso mi correo electrónico, paso de responder correos electrónicos y luego me pongo a trabajar. Tengo siete conejos, así que cuando me tomo un descanso me quedo con los conejos, les doy de comer y les canto canciones.

Esta es tu segunda gira por España. Cuéntame buenos y malos momentos.
Han sido casi todo momentos buenos. Me encanta estar aquí, me encanta mi editor, me encanta la gente y la cultura. Me gustaría que mi esposa y yo nos mudásemos aquí algún día. Todos los eventos han sido geniales, ha venido mucha gente encantadora. En Sevilla firmé la copa menstrual de alguien, y en Zaragoza el plug anal de un joven caballero, lo que fue muy divertido. Me aseguré de lavarme las manos después, claro. Igual el fin de semana en Madrid se me fue un poco de las manos, y luego la firma del domingo fue dura, me quería morir, ¡pero sobreviví!

¿Cómo ha cambiado las cosas el hecho de mudarte a Seattle?
Siento que mi vida no ha cambiado drásticamente. Sigo pasando la mayoría del tiempo sentado en una mesa pequeña, mirando un pedazo de papel, moviendo las manos, perdido en un mundo de fantasía. Aunque, en general, soy mucho más feliz. Amo a mi esposa, amo a mis conejos y, seguramente, como un poco mejor que antes.

¿Alguna vez soñaste que serías capaz de vivir de ser un dibujante profesional caricaturista?
(Risas) Siempre soñé que lo haría pero, desde luego, no estaba seguro de ello. Ha sido un largo camino. Sobre los treinta años estaba muy deprimido, quería desesperadamente poder dedicarme exclusivamente a hacer mis cómics, estaba cansado de perder el tiempo con trabajos de mierda y me preguntaba si era un fracasado, si estaba perdiendo el tiempo. Al final todo salió bien y, de todas formas, no habría sido una pérdida de tiempo. Me encanta dibujar cómics, y aunque nadie los leyese, los seguiría haciendo sólo para mi propio disfrute. Todos necesitamos una distracción del horror y la monotonía de la vida diaria.