Repasamos en este artículo especial y, canción a canción, uno de los discos más influyentes en el universo alternativo de los noventa, el “Crooked Rain, Crooked Rain de Pavement. Un hito que no ha hecho más que ganar con los años.

Fue a partir de la explosión de Nirvana, cuando el jugoso campo de batalla fraguado por Sonic Youth, Dinosaur Jr., Throwing Muses, Minutemen y Hüsker Dü fue decayendo progresivamente en las manos de la industria del rock. Anomalías como Thinking Fellers Union 282, Mercury Rev y Pavement fueron la vía de escape más inspirada a un panorama al que estos últimos regalaron caballos de Troya como “Crooked Rain, Crooked Rain”. El mismo disco donde se mofaban de Stone Temple Pilots y Smashing Pumpkins. Un corte de mangas que iba más allá de la ironía dentada. No hay más que dejarse caer por la docena de canciones que arman este clásico entre clásicos.

 

 

Silence Kit 

Después de empaparse en la quintaesencia del DIY a través de “Slanted and Enchanted” (1992), Stephen Malkmus y compañía se encontraban ante la disyuntiva de proseguir el camino marcado o pegar un volantazo, sin perder su identidad en el mismo.
El 14 de febrero de 1994 esas dudas quedaron despejadas desde la primera acometida de su segundo retoño. “Silence Kit” (bautizada así finalmente tras el fallo de imprenta que cambió “kid” por “kit”) muestra a un Malkmus con Buddy Holly en la sesera, mientras en el último requiebro de la canción se dedica saquear nota por nota la guitarra del “Bold As Love” de Jimi Hendrix. En apenas tres minutos, ha reescrito el desdoblamiento más influyente de la historia del rock. Pero lo que realmente conmueve de esta canción es poder recordarnos a un cruce maquetero entre Big Star y los Replacements.

 

Elevate Me Later  

Tras un primero asalto altamente revelador, el segundo envite confirma que, dentro de su caldo de cultivo, han sustituido a The Fall por el lustre power pop. Eso sí, sin perder sus filias por coger una guitarra y hacer que suene tan afilada que la melodía sangre. Eso ocurre en la crecida gloriosa del estribillo, donde se doctoran como habilidosos titiriteros de la confusión genérica. Solo así es posible que, bajo los cánones de la escuela Alex Chilton, sean capaces de realizar un transfusión de nervio noise que no difumine los anclajes melódicos, sino que los realce en un espasmo de belleza cegadora.

 

Stop Breathing 

La concesión de Pavement a cierto grado de “normalidad” propuesta en los dos primeros cortes es aniquilada en “Stop Breathing”. Pura hipnosis de acordes atonales, Malkmus parece que ha cambiado la púa por un cuchillo oxidado. Entre acorde y acorde, va fluyendo una letra acerca de La Guerra Civil y el tenis. Solo Malkmus es capaz de traducir galimatías lírico en hallazgo. Y así lo hace por medio de un estribillo casi espontáneo, jaspeado, en la línea del Lou Reed taciturno.
Maravillas de la heterodoxia pop como la aquí presente demuestran por qué fue imposible que “Crooked Rain, Crooked Rain” pasara del puesto 121 en los charts norteamericanos. A pesar de ello, el interés de la MTV por el quinteto hizo que Matador Records, su sello, se hiciera más visible que nunca.

 

Cut Your Hair

Y llegamos al “single”. Para el caso, los de Stockton se sumergen en la ortodoxia del rock californiano setentero como nunca antes lo habían hecho. El propio Malkmus no negaba que “estaba pensando en algún tipo de rock clásico, como los Eagles, y los riffs que eran más Dinosaur Jr. Tenía algo de eso, pero realmente quería dirigirlo hacia la explosión del sonido soft rock de los 70, y tocarlo. Además, algunas de las letras eran comentarios sobre ese tipo de música: los mitos de los arquetipos del hombre rico en el rock clásico que trataban las canciones de Doobie Brothers”.

 

Newark Wilder  

Tras la algarabía pop de “Cut Your Hair”, caemos en un pozo de melancolía través de una nueva demostración de cómo traducir ejecución atonal en lágrimas de electricidad azul. El efecto es desgarrador. La integración de la vertiente experimental dentro del molde pop es incluso más brillante que en “Experimental Jet Set, Trash and No Star”, publicado aquel mismo año por Sonic Youth. El estribillo, a la deriva, entre el plano-contraplano de la voz de fondo y la central, no hace más que confirmar la capacidad de Pavement para sonar tan emocionales como indagadores de lo inusual.

 

Unfair  

De las sensaciones extrañamente familiares en “Newark Wilder”, pasamos al corte más directo del disco. Adecuación, a su manera, de los códices indies que marcaban la línea borrosa entre indie y grunge. Descartarla como single fue una decisión tan inaudita como el boyante estado de creatividad que Malkmus vivía en aquel momento, y que Scott Kanberg recuerda desde el mismo día que comenzaron a fraguar el álbum: “Steve vino con un montón de canciones nuevas que había estado escribiendo. En aquella época, fue jodidamente prolífico. Escribió ‘Unfair’, ‘Gold Soundz’ y las canciones clásicas de este disco. Mientras estábamos sentados en la casa de mis padres tocando, él me decía: ‘¿Te gusta esta? ¿Te gusta esta otra?’. Y yo le respondía: ‘Sí, supongo que eso va a funcionar’”.

 

Gold Sound 

Del barnizado tipo Nirvana de “Unfair” al power pop de terciopelo, no había más que pasar al siguiente corte. “Gold Soundz” es la prueba. Caramelo envenenado donde Malkmus reparte sopapos contra la industria del rock a través de un collage casi indescifrable de letras. Que Pitchfork la eligiera como número uno de su lista de las 200 mejores canciones de los 90 es tan desproporcionado como, igualmente, justo.
Nunca antes el single perfecto había surgido de la mugre lo-fi. Y este no solo brillaba, sino que llevaba al paroxismo los poderes hipnóticos de un Malkmus que estaba honrando su querencia por el soft rock californiano a pecho descubierto.

 

5-4=Unity

Como no podía ser de otra forma, después de tocar el cielo con “Gold Soundz” era necesario recordar lo imprevisible de cualquier acto perpetrado por Pavement. En este caso, el contraste más díscolo: un brote inflamado de jazz zappaniano, donde vuelven a jugar con el lenguaje de la raqueta, al mismo tiempo que corroboraban lo que periodistas de Spin como Jim Greer pensaba de Pavement desde el día que irrumpieron en el circo indie: “Creo que ‘Slanted And Enchantd’ elevó la expectativa de que hicieran algo realmente especial… Yo dije que esta banda era importante. En verdad, no puedo decir por qué me sentí así, excepto que cumplía todos mis requisitos. Por alguna razón, sonaba nuevo y emocionante. Para mí, ellos tomaron cosas de varias fuentes, desde Sonic Youth a, obviamente, The Fall, pero también hasta New Order y algunas de las cosas más melódicas, y no hicieron más que juntarlo todo. Y esa estética lo-fi, se sentía realmente novedosa en aquel momento”.

 

Range Life  

Empujados por un magnético trote country, así es como Pavement se presentan con esta joya, a la altura de los grandes trovadores del género como Townes Van Zandt. Poca broma. “Range Life” es la demostración de que Pavement podían sonar clásicos y atemporales al mismo tiempo. Un ejercicio de purasangres versados en los más diferentes rincones de la liturgia rock, folk y pop, capaces de armar una canción de hermosura crepuscular y encorajinada, al mismo tiempo.
A través de sus butifarras a Smashing Pumpkins y Stone Temple Pilots, Malkmus se muestra más ácido que nunca en su visión del cambio a la baja que las renovadas ansias comerciales de los sellos dominantes del rock habían instaurado tras la fiebre Nirvana.
Para los más curiosos, se hace obligatoria la escucha de la versión primeriza de este corte, con su batería original, Gary Young. Nada que ver con la finalmente escogida para el álbum.

 

Heaven Is A Truck  

La chulería reediana en clave Velvet Underground se hace presente en esta delicia de poso fronterizo. Malkmus se deja invadir por los reflejos de su educación musical y los desafía por medio de un nuevo ejercicio de clasicismo bien entendido. Prueba definitiva de su ilimitado mapa de referencias, Bob Nastanovich recordaba que “he escuchado casi todas las canciones de Sonic Youth y Pixies, y me encantan. Pero también amamos a la ELO y Fleetwood Mac. Tenemos una gama mucho más diversa de cosas que la mayoría de bandas indie. Hay una gran cantidad de grupos que únicamente se quedan con tres o cuatro bandas. Y esas bandas toman gran fuerza en la conformación de su estilo. Sin duda, hay un montón de bandas en los Estados Unidos que obviamente me encantan. Big Black, Dinosaur Jr. Pero también puedes ver todo el daño creado por ese espíritu Sub Pop…”.

 

Hit The Plane Down  

A pesar de haber rebajado la impronta The Fall al máximo, Malkmus no podía acabar el álbum sin, al menos, un guiño al grupo de Mark E. Smith. En este sentido, “Hit the Plane Down” bebe tanto de los de Mánchester como de Swell Maps, otra de las formaciones que, dentro de la rama del post-punk británico, se inclinaban por la deriva arty. Conexión harto representativa de cómo sonaban los Pavement pre-“Wowee Zowee” (1995), su siguiente y, en su momento, incomprendido trabajo en estudio.
La dinámica que Pavement tomaron a la largo de su trayectoria fue partir de Faust y terminar con Fleetwood Mac. Por el camino, cortes como este nos recordaban que su corazoncito indie siempre mantuvo el vibrato de la inquietud.

 

Fillmore Jive  

Curiosamente, el cierre a “Crooked Rain, Crooked Rain” estaba predestinado a la grandiosidad de un corte de casi siete minutos, que en directo se podía prolongar a la decena.
La épica anti-mainstream por antonomasia, “Fillmore Jive” es todo lo que U2 y Arcade Fire jamás podrán armar: un tour de forcé donde cada crecida y bajada suene en carne vida, sin un gramo de pretenciosidad. Heroicidad rock bajo la que subyace la declaración de defunción oficial del mismo a través de letras para la historia como “Goodnight to the rock and roll era, cause they don’t need you anymore. Little girl, boy, girl”.
Después de tan valiente sentencia, Pavement desecharon estas palabras en cada uno de sus trabajos posteriores. Brillantes aunque jamás con la intensidad de esta obra canónica del indie rock. ¿O sería más adecuado decir rock clásico?