El  legado sideral de Pau Riba
Especiales / Pau Riba

El legado sideral de Pau Riba

Yeray S. Iborra — 07-03-2022
Fotógrafo — Archivo

Pau Riba trascendió el hippismo para instalarse en una personal e irreverente concepción de lo social y lo cultural. El catalán, que puso orden a sus extraordinarios mundos gracias al arte, extendió su trayectoria por medio siglo. La revisamos en ocho hitos.

Pau Riba i Romeva ha sido uno de los cosmólogos más extraordinarios. Un artista capaz de dar sentido a una irreconciliable maraña: libertad, divinidad, delirio, anarquía, tronío y canción. Más de medio siglo de canción. Y de poesía. De directos vitalistas. De lengua incendiaria. De contracultura. De puentes generacionales.

Su reciente fallecimiento, rodeado de los suyos en Tiana, deja un vacío insalvable en la escena catalana, de la que ha sido fuente de inspiración, participante y verdugo. No por ese orden: desde sus inicios anduvo con un pie dentro y dos fuera. Trovador del amor, la naturaleza, la contradicción humana y el hedonismo. Artesano de sonidos de universo dylaniano, folk, psicodelia o rock. Pau Riba, un ser sideral.

Una canción - “Noia de porcellana” (1968)

Reducir a un tema la discografía del catalán es absurdo como decir que crisis es siempre oportunidad. Pero si alguna de sus canciones ha trascendido, esa es “Noia de porcellana” (68), tema universal donde se preste en su discografía, y lo más cercano al sentimentalismo que editó Riba.

Un disco - "Dioptria" (1969-1970)

Poco acostumbrado a la convención, sus grabaciones viven en un universo paralelo donde todo lo que se cuela en el micrófono es válido. Así es lo popular: incluso un gallo es material sensible. De ese mismo espíritu bebe "Dioptria", contenedor de “Noia de porcelana” y tantas otras canciones míticas del artista. Riba huyó del corsé burgués y se inmiscuyó en el hippismo pronto. Si bien su trayectoria empezó a finales de los años sesenta colaborando con Grup de Folk, su disco más reivindicado llegó en 1969 y 1970.

Una reedición - "Jo, la donya i el gripau" 

La discográfica BankRobber puso luz sobre un largo en el olvido y al que "Dioptria" había hecho demasiada sombra. Nada tenía que envidiarle: "Jo, la donya i el gripau" es Pau Riba en estado puro. Grabado un año después que el doble LP, esta vez en Formentera, es su álbum más místico, reflejo de una época a menudo caricaturizada pero de inspiradores revisiones de valores familiares, sociales… y químicos. La obra, elaborada junto a Toti y Martí Soler, Mario Pacheco y Xavier Riba está llena de tesoros como “Donya Mixeires”. El cineasta Isaki Lacuesta elaboró un documental por los 40 años del disco en 2011. En él se incluyen films de Mario Pacheco, fotos de Ferran Freixa, de Mercè Pastor y del archivo de Matriu Matràs.

Un libro - "Història de l’univers"

Junta letras locuaz, Pau Riba también se prodigó en la poesía (una docena de obras) e incluso el ensayo; el último título que publicó fue "Història de l’univers" en 2021. La editorial Males Herbes hizo una serie documental a propósito del libro. Sobre Riba, se editó en 2018 "Pau Riba en 20 cançons".

Una colaboración - "Mosques de colors" (2013) 

Riba estableció lazos con infinidad de artistas. Obviamente, los más especiales de cada generación. Uno de sus últimos álbumes de estudio lo compartió con Pascal Comelade: el irregular, pero a tramos delicioso, "Mosques de colors" (13). La canción de título homónimo, de piano juguetón, efectitos y voz susurrante, es buena muestra que el genio creativo de Riba se mantuvo con los años. El disco incluyó una sola versión, “Taxista”, que daba título al EP con el que el catalán debutó en 1967.

Siempre sorprendente, mantuvo la mirada ácida. Especialmente respecto a las nuevas tecnologías y la deriva que adoptamos con ellas. En la última entrevista que hizo para este medio a propósito de "Mosques de colors", ataviado con sus singulares pantalones de pescar y chancletas (en pleno invierno), confesaba: “Estamos como niños con zapatos nuevos, pero la relación hombre-máquina debe serenarse. ¿Por qué coño debemos reproducir la realidad en todos sus aspectos? ¿Por qué queremos doblarla?”.

Un legado

La descendencia de Pau Riba es vasta. Tanto si se aplica el criterio de consanguinidad como sino. Caïm y Pauet Riba, quienes fueron miembros de la banda Pastora, también son músicos. El más pequeño de sus primogénitos participó en los conciertos de celebración de la reedición de "Jo, la donya i el gripau". Más allá de eso, artistas como El Petit de Cal Eril, Mazoni (versionó “Cançó 7a en colors” en "Esgarrapada"), Manel o La Ludwig Band han reconocido su influencia. Todos sus coetáneos le han rendido pleitesía: Jaume Sisa, Enric Cassasses o Albert Pla. Una de las relaciones más productivas que mantuvo el catalán en los últimos años fue con Orchestra Fireluche, de la que surgió la inmortal “Nina de Miraguano”.

Un concierto

Horario laxo, ropas sedosas y al aire, suelo polvoriento y mucho verde en el ambiente. El Canet Rock fue un festival moderno antes que los festivales siquiera fueran festivales. Allí se produjo una de sus actuaciones más genuinas, lo-fi por momentos. Delirante por lo general.

Una ‘tradición'

Otra de las grandes tradiciones de Riba. Tal vez la más prolongada en el tiempo: la Navidad revisitada junto a De Mortimers, el Jisàs de Netzerit. Pese a ser él un desmonta tradiciones profesional, esta la mantuvo veinte años. El último pase lo hizo en una de sus muchas casas, en Tiana.

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