Aprovechando la publicación del sustancioso análisis llevado a cabo por nuestro colaborador Carlos Pérez de Ziriza en su libro “Música Disco”, proponemos diez puertas abiertas ideales para todo el que quiera probar el frenesí rítmico de una religión que, con el paso de los años, ha hundido hasta el olvido el puritanismo reaccionario del “disco sucks”. Medicina rompecaderas bajo un arco iris de ritmos sensuales de dos rombos.

Gloria Gaynor – “Never Can Say Goodbye”   (1975)

Junto a Donna Summer y Chic, Gloria Gaynor ejemplificó la quintaesencia de la música disco. Y en este disco, de 1975, la misma quedó atrapada y definida en una primera cara antológica, donde la cultura del remix, que representa su traslado a la pista de baile, es elevada al cubo por medio de 19 minutos donde son engarzados clásicos con la solera de “Honey Bee”, la titular del álbum y “Reach Out, I’ll Be There”. Todas las características del género están condesadas en estas tres galopadas de ritmo, purpurina y soul de altos vuelos, para las cuales el productor Tom Moulton fue parte básica en su ensamblaje. Por cierto, ¿cómo olvidar la versión que hicieron Communards de “Never Can Say Goodbye”.

Giorgio Moroder –  “From Her To Eternity” (1977)

Dos años después de que Giorgio Moroder se uniera a Donna Summer para moldear “I Feel Love”, la canción roseta de la liturgia disco, el mítico productor le daba un nuevo arreón synth a este género musical. Disfrazado de kraftwerkiano con pantalón de campana, este iluminado del ritmo se adelanta a su tiempo por medio de tan estimulante como didáctica lección dance. Entre el poso italo disco y la geometría bávara, Moroder se explaya en una sinfonía futurista repleta de hallazgos, como su uso del vocoder para el filtro vocal y los beats de impacto metálico, que aúpan este artilugio rompecinturas a Santo Grial de la música de baile. Uno sublimado por la cita visionaria que reza la contraportada: “en este disco solo se usaron discos electrónicos”.

VV.AA.: “Saturday Night Fever” (1977)

¿Existe algún disco más icónico que este dentro de la música disco? Imposible. La aportación de los Bee Gees más inspirados al mismo dispara la relevancia de la que fue la banda sonora más vendida de todos los tiempos. La imagen casposa de John Travolta, que surge durante su escucha, no puede echar por tierra rompepistas con el efecto imparable de “Nigh Fever”, “You Shoud Be Dancing” y “Stayin’ Alive”. Más allá de la aportación de la familia Gibb, no debemos obviar un cierre con la savia de “Disco Inferno”, casi once minutos de algarabía funk sin un gramo de grasa. Tampoco faltan ilustres como Kool & The Gang o KC and the Sunshine Band. Presencias que acaban por hacer de “Saturday Night Fever” el puerto de entrada ideal al credo de la liberación disco.

Chic – “C’est Chic” (1978)

Solamente por la presencia de “Le Freak”, este álbum ya se habría ganado el cielo. Sin embargo, en la cúspide autoral de unos Bernard Edwards y Nile Rogers en estado de gracia, nos topamos con una suite almidonada de sensualidad de terciopelo raso para la que visten sus calambrazos funk de etiqueta y elegancia simpar. No hay superficialidad que valga en un mensaje que incluye joyas como “I Want Your Love” o “Everybody Dance”, pero también de baladas quiet storm tan cremosas como “Savoir Faire”.

Michael Jackson – “Off The Wall” (1979)

Al igual que la primera cara del debut en largo de Gloria Gaynor marca la línea a seguir en los años de instauración de la música disco como género dominante de los setenta, el primer acto de “Off the Wall” es su consumación y estilización absoluta. Y además, se incluye “Don’t Stop Til You Get Enough”, la única canción capaz de rivalizar con el “I Feel Love” de Donna Summer por subirse a lo más alto del cajón del pódium disco. Sobre la misma, el periodista Simon Reynolds llegaría a decir que “el ‘pop total’ proviene de artistas que eran, a la vez, más ingenuos y, en cierto sentido, más enfocados en sí mismos, narcisistas e idiosincráticos que Jackson. Pero no puede negarse la carga especial de la que está imbuida la música hecha por personas que saben que están haciendo historia y que pueden confiar en llevarla al mayor escenario imaginable”. Pues eso, ni más ni menos.

Donna Summer – “Bad Girls” (1979)

Sin duda alguna, si por un álbum Donna Summer será siempre recordada, ese siempre será “Love To Love You Baby” (1975). Sin embargo, también sería de necios obviar las ambiciones dispuestas en “Bad Girls”, nada menos que un doble LP plagado de clásicos instantáneos como la titular, “Hot Stuff” y la gloriosa “Dim All The Lights”, todos singles de esta fábrica de hits a granel. No en vano, hasta media docena de sencillos fueron extraídos para invadir las emisoras de radio entre abril de 1979 y finales de 1980. Lujuria Hi-NRG a mayor gloria de una Summer siempre respaldada por sus inseparables Giorgio Moroder y Pete Bellotte, productores de este gran carnaval de la química disco.

Sylvester  – “Stars” (1979)

Sylvester fue el gran icono gay de toda esta generación, la voz que convirtió al sello Fantasy en epítome de la música disco y el falsete más agudo que haya dado jamás la música negra. En “Stars”, es donde alcanza su plenitud creativa por medio de un trabajo pensado, y elaborado, para la pista de baile. Un póquer de invitaciones al desenfreno carnal, armado desde una suerte de crescendos progresivos irresistibles como “Stars” y brisas huracanadas de cuerdas, tal que en la insuperable épica rítmica de “I (Who Have Nothing)”. Barroquismo disco de cinco quilates equilibrado por el minimalismo electro de “I Need Somebody To Love Tonight”, el verdadero hallazgo de esta muestra simpar de propiedades disco.

Sparks   “Nº1 In Heaven” (1979)

Después de haber sembrado la era glam con la saga más imaginativa de todas, la siguiente mutación de los hermanos Mael vino dictaminada por su alianza con Giorgio Moroder. De tan inesperado matrimonio musical, surge una certeza: con el permiso de Sylvester, nadie más apropiado para extraer los límites del falsete que Russell Mael. De su montaña rusa vocal brotan milagros como “Tryouts For The Human Race”, donde el calambrazo electro tan típico del italiano sube la fiebre hasta el éxtasis total, y se traduce en precedente de la alquimia house. Lo mismo se puede decir de “La Dolce Vita”; pero, sobre todo, de “Nº1 In Heaven”, cierre por todo lo alto, gracias a su contagiosa belleza celestial.

Abba – “Super Trouper” (1980)

La fibra disco vibra a lo largo de la mitad del álbum con el que ABBA abrieron los ochenta, tras su dominio incontestable en la segunda parte de los setenta. Más allá de singles impepinables como “Super Trouper” y “The Winner Takes It All”, donde este disco engarza con la brillantina funk de la música dance es en “Lay On Your Love On Me: el último, y al principio no deseado, single que salió de esta nueva demostración de poderío por parte de los suecos, y cuyo doce pulgadas se acabó convirtiendo en un habitual de las discotecas del momento.

Larry Levan – “Genius Of Time” (2016)

Dentro de la gran cosecha de productores y DJ’s generada por la cultura de la remezcla tan propia de la era disco, seguramente, Larry Levan sea el único que se pueda equiparar en importancia a Giorgio Moroder. No en vano, más allá de ser el rey de las noches desde la cabina del Paradise Garage, Levan también se erigió en cirujano del remix por medio de una colección de más de 250, con los que levantó los puentes de la tradición disco hacia lo que sería la apertura dance de los ochenta y sus diferentes ramificaciones. En este recopilatorio, donde apenas contamos con 22 de sus demostraciones, podemos asistir a sus habilidades para dotar de ritmo vía intravenosa la materia prima a tratar, ya sea a través de su intuición para introducir bajos o mantener siempre la tensión rítmica. Entre sus clientes, sobresalen los Peech Boys y Gwen Guthrie, aunque escoger entre semejante bacanal disco siempre estará abonado al día con el que te levantes o, más bien, cómo quieras abrir (y cerrar) la noche.