Uno de los aspectos más remarcables de este trabajo es el hecho de que su impronta a cámara lenta sigue siendo su rúbrica más reseñable, pero ya desligados de una simple acotación slowcore. Más allá de su patente habitual, traducida en hitos como “Dinosaur Act”, su ceremonioso toque de batería alcanza renovadas cotas de inmersión musical a través del silencio invocado, paralela a la representación sónica del silencio que el compositor francés Erik Satie dibujó en sus célebres gymnopédies.
Lo que muestra este álbum son las posibilidades ya trabajadas en “Secret Name” (1999), su anterior LP, en el cual ya incluían cuerdas dentro de una patente que abrazó la colisión entre luz y oscuridad en “Trust”, su álbum de 2002, con el que Low cerraron magistralmente una trilogía editada en Kranky Records, la cual se presume como la edad dorada del grupo de Minnesota, a la par que sus tres últimos LPs, junto al productor BJ. Burton. El mismo con quien encontraron renovados focos de belleza disruptiva mediante la experimentación con la distorsión procesada al estilo “Loveless” (1991), patentada por My Bloody Valentine, y las digresiones digitales de las seis cuerdas.
"No creo que seamos sombríos o tristes. Hay tanta alegría en nuestra música como tristeza"
Pero, aunque seguramente su pico creativo siempre será recordado por LPs como “Double Negative” (2018) y “Hey What” (2021), su seña de identidad más reseñable se encuentra en trabajos como su quinto LP, proclamación a tumba abierta de sus poderes, ya fuera desde un arranque tan luminoso como sobrecogedor como “Sunflower”, al galope de imágenes tan inquietantes como “Cuando encontraron tu cuerpo/ Enormes cruces en tus ojos/ Con tu mitad del rescate / Compraste unos dulces, dulces, dulces/ Dulces girasoles/ Y se los diste a la noche”.
Donde la mayoría contemplaría una panorámica depresiva de la poética desarrollada por Sparhawk y Parker, el bajista en aquel momento del grupo, Zac Sally, explicaba en el momento del lanzamiento del álbum que «no creo que sea deprimente en absoluto. “Sunflower” es una canción realmente alegre. No describiría la letra como oscura o melancólica. A Alan le gusta usar la palabra “sobrio” —no en el sentido de beber— para describirla. Son letras serias sobre cosas bastante serias, no sobre chicas y coches. No creo que seamos sombríos o tristes. Hay tanta alegría en nuestra música como tristeza».
La propia Mimi llegaría a decir a The Quietus que «la primera línea es un poco sombría, [Cuando encontraron tu cuerpo, con enormes X en tus ojos], pero básicamente es una canción de amor». «Es una imagen de alguien muriendo y alguien que se queda para vivir», añade Sparhawk. «Finalmente, esa segunda persona muere y termina en el mismo lugar del universo que la primera. No es una canción pesimista. Son dos personas hablando bajo la suposición de que ambas vivirán para siempre; supongo que eso es lo que es. Por aquel entonces, íbamos a tener hijos por primera vez. Tenía un deseo ingenuo de profundizar en mi comprensión del universo. Intentaba entender qué vale la pena decir, la permanencia de lo que haces y dices y la temporalidad de la vida. Creo que esa canción es bastante simple: son dos personas hablando entre sí que están en el mismo equipo».
Precisamente, la experiencia de la maternidad es uno de los pivotes sobre los que se sustentaron los miedos y anhelos de canciones como “In Metal”. La misma en la que su ambivalencia característica, entre el amor más puro y lo macabro, que nutre los textos de “Things We Lost In The Fire” llega a su punto álgido por medio del canto tan dulce como inquietante de una Parker que mezcla el amor maternal más puro con una imagen de horror gótica digna de Edgar Allan Poe: “Parcialmente odio verte crecer/ Y al igual que tus zapatos de bebé/Desearía poder mantener tu cuerpecito/ En metal/ En metal”.
Con cortes como “In Metal” y “Sunflower”, resulta de lo más lógico que Mariana Enríquez tomará el nombre de este LP para titular su libro de cuentos “Cosas que perdimos en el fuego”, donde el hilo gótico sureño bíblico de los de Duluth se adapta al milímetro en la narrativa de la escritora argentina.
Como broche final, “Things We Lost In The Fire” volvíó a contar con la presencia de Steve Albini a la producción, también presente en “Secret Name”.
Para su vuelta al abrigo de Albini, retomaron una grabación completamente analógica donde la presencia de chelos y violines subrayaron la profundidad celestial de las voces de Parker y Sparhawk, encadenadas de forma literal en momentos cercanos al slowcore de cámara. Como resultado, hitos tan estremecedores como “Medicine Magazines” y “Like A Forest” o cómo profanar las enseñanzas de Codeine con el fin de trasladarlas a un grado de belleza sacra.
En otros cortes como “Whitetail”, Low alcanza el grado sumo de la expresividad minimalista mediante la repetición eléctrica de un riff onomatopéyico que condensa el poder hipnótico del grupo en cinco minutos de fogoso mantra oratorio. Pop tallado para pervivir como una presencia fantasmagórica que se transmite como el Espíritu Santo sanador al que proclama Sparhawk en canciones posteriores como “The Holy Ghost” en referencia a su pertenencia a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyo credo parte de la idea de que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, junto con Dios Padre y Jesucristo.
En definitiva, una dimensión cristiana de poder subyugante capaz de convertir al no creyente, y de ofrecer una banda sonora tangible a todo el que ya cayera previamente en el poder de una música que no necesita de explicaciones religiosas para trascender como una fuente de poder sanador tan místico como real.

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