Junji Ito nació en 1963, fue protésico dental y debutó en el cómic profesional en 1987. Ahora, casi treinta años más tarde, le tuvimos en Barcelona como homenajeado en el Salón del Manga y para celebrar el que se hayan publicado recientemente en España un buen puñado de sus títulos más importantes.

Una y otra vez no deja de sorprenderme que, cuando conoces en persona a alguno de los mangakas de terror japonés más importantes, te encuentras con una persona amable, cercana y simpática. Inevitablemente, en nuestras cabezas, hemos establecido una asociación equívoca entre la posible personalidad del autor y sus historias, personajes y dibujos. Todavía recuerdo como me impactó lo agradable que fue conmigo Hideshi Hino, sonriendo constantemente y respondiendo con sumo gusto a cada pregunta. Pero el caso de Junji Ito es todavía más curioso. Hino tiene algo de excéntrico, pero Ito podría ser ese vecino amable que nos deja pasar en el ascensor y que nunca deja de saludarte cuando te cruzas en la calle. Cuesta imaginárselo dibujando las viñetas aterradoras de “El muerto enfermo de amor”, “Tomie” –su primer trabajo profesional, lanzado a finales de los ochenta-, “Gyo”, “Black Paradox”, “Relatos terroríficos”, su adaptación de “Frankenstein” –todas ellas publicadas recientemente en España de la mano de ECC- o de las aventuras enfermas de Soichi (todavía inéditas en nuestro país).

El encuentro ha sido posible gracias a ECC y el Salón del Manga de Barcelona, pero Ito anda tan apretado en su calendario de entrevistas que reúnen a los periodistas por parejas. Oscar Senar de Viñetario y un servidor tenemos unos minutos para charlar con el autor. Tan pronto como le tenemos en frente no deja de sonreir y mostrar atención a nuestras palabras –aunque sea necesario un traductor para podernos comunicar-. Empezamos hablando de los temas que nos interesan a ambos, la inspiración para que Ito cree sus obras. “No sé qué es lo que realmente me inspira, pero acostumbro a tomar ideas de mi vida cotidiana, de los elementos cotidianos. Siempre analizo lo que me rodea para ver las cosas de una forma distinta a cómo las verán otros. A simple vista, las cosas no provocan miedo, pero bajo mi filtro particular pueden convertirse en algo terrorífico. Cuando empiezo a trabajar en una obra reviso ideas que he tenido a lo largo de los meses y me pongo en situación para sacar el veneno a todo lo que tengo a mi alrededor. (…) En Japón, a eso se le llama ‘mirar las cosas en diagonal’, buscar otra visión más oscura y retorcida a lo que tienen enfrente”. Y en lo aprendido del gran clásico del manga de horror japonés Kazuo Umezu, prácticamente ninguneado en nuestro país (Ponent Mon se atrevió a publicar “Aula a la deriva” en 2009-2010). “A mis dos hermanas mayores les encantaban los mangas y las novelas de terror, así que crecí leyendo esas cosas. A los cinco años ya quería hacer mis historias de terror. Más tarde descubrí que había mangas de deporte o de amor, pero no me interesaron lo más mínimo. Pero descubrir a Kazuo Umezu o a Lovecraft fue una revelación. Cuando se refieren a mí como el gran maestro del terror, les digo que no, que ese es Umezu, él es el auténtico sensei a sus ochenta años”. A Umezu y Lovecraft podemos sumarle muchas otras influencias procedentes del mundo del cine, como bien comentó en la posterior charla con sus fans. “Me inspiran muchos libros y ver mucho cine, eso te da muchos recursos de cara a enfrentarme a mis propios trabajos. ¿Directores? Pues además de un clásico como Akira Kurosawa, me ha influido mucho la filmografía del italiano Dario Argento, y otros como Richard Donner con ‘La profecía’, Ozu o también Kiyoshi Kurosawa”.

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En todo caso, pese a las deformidades, los peces pestilentes y las carnes pútridas, Ito nunca ha sido tan extremo, ni tan radical como Suehiro Maruo o Shintaro Kago. Por eso me intereso por descubrir cuáles son los límites para Junji Ito. Ha maltratado a colegialas, a mutilado a jóvenes sin piedad, etcétera. “Uhm… es difícil. Creo que quizás la violencia contra los niños. A veces se convierten en cosas o no les he tratado todo lo bien que debería, pero… sí, la violencia contra los niños (…). Cuando empecé no tenía límites, aunque me costó descuartizar a un personaje tan bonito y frágil como Tomie, pero con el tiempo y hablando con mi editor he ido controlando un poco lo que dibujaba y escribía. Hay que tener presente que, al principio, en Japón me leían jóvenes colegialas, así que eso es algo que tuve que tener muy en cuenta”. Los lectores de Ito han ido cambiando. Quizás en sus inicios sus obras se movían de mano en mano entre jovencitas de instituto, pero conforme su obra ha ido creciendo y traduciéndose en diversos idiomas el perfil de sus lectores ha cambiado mucho. Mantiene a las jovencitas y a los jovencitos, pero son muchos los aficionados al cómic que han acabado rendidos a sus pies y sumergiéndose en un universo en el que el terror más sangriento se da cita con el horror más psicológico. Y lo cierto es que es un maestro, sobre todo en lo segundo. “Oh, gracias. Es un gran cumplido para mí”.

“Cuando empecé no tenía límites, aunque me costó descuartizar a un personaje tan bonito y frágil como Tomie”

Ahora bien, que Ito sea uno de los grandes maestros del manga de terror de la historia no le impide añadir notas de humor a buena parte de sus obras, algo que no todos los autores del género se atreven a hacer. Al margen del simpático “El diario gatuno de Junji Ito” (Tomodomo, 15), en buena parte de sus relatos e historias, no faltan los toques de humor negro. “Es que soy un gran aficionado al humor japonés y me encantan los cómicos televisivos. Muchas veces se me ocurren ideas graciosas y las anoto todas. Me da pena olvidarme de ellas y no usarlas, así que si veo que alguna vez puedo encajar alguna en mis historias sin que desentone, lo hago”.

Aunque en España todavía falta por publicar obras suyas como los mangas protagonizados por Soichi, Junji Ito continúa trabajando en su material, sin prisa pero sin pausa, como él mismo comenta. Su siguiente trabajo es la adaptación de una de las novelas del malogrado escritor japonés Osamu Dazai (búsquen sus libros en España de la mano de la siempre atractiva editorial Sajalín). “Admiro la obra de Dazai. Fue un gran novelista, pero al final de su vida hizo cosas muy crueles. Su obra es muy seria, así que la adaptaré a mi estilo y, aprovechando el lenguaje del manga, haré aparecer fantasmas para que sea algo más terrorífica y tendrá más puntos en común con mis propios trabajos. La obra tendrá un total de veinticuatro episodios, de los que llevo completados diez, así que habrá que tener paciencia. Y eso me gusta. Si la gente está impaciente tendrán más ganas de leerlo”.