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Y tú, Manu, ¿qué primeros recuerdos musicales tienes?

MS: Yo he tenido hermanos mayores y siempre recuerdo estar “musicado”. Pero te puedes imaginar: Mecano, El Último De La Fila, que eran los grupos que venían a Ávila. Y recuerdo con mucho cariño los primeros conciertos a los que iba en Madrid cuando llegué, que eran del indie indie. Recuerdo ver a Manta Ray, que me fliparon, Los Planetas

Estamos haciendo esta charla en El Sol, que podría ser el lugar de encuentro intergeneracional de los últimos 37 años. ¿Cómo ves Joaquín que gente que podrían ser vuestros hijos, reivindiquen ahora vuestra historia? ¿A tus hijas les gusta lo que hacías? ¿Se crece con sus amigos en plan “Mira, esto es lo que hacía mi padre”?

JR: Sí. Les mola. Lo bueno de lo que hablábamos antes, lo de hacer canciones melódicas, es que vale para todos los públicos. Y para los niños, más. Una vez en el Gruta 77, en una Nikifiesta, estaba charlando con el Indio en la cabina y le decía “Madre mía la que hemos montado, que viene gente de toda España”. Le explicaba que la única razón que le encontraba es que son canciones como “Susanita tiene un ratón”. El tío me decía “Pero no te minusvalores”. No, no, perdona. Y a mucha honra. Una de mis melodías preferidas, con estribillazo, es esa de Paulina Rubio: “Ni una sola palabra…”.

MS: Esa canción creo que es de uno de La Oreja de Van Gogh.

JR: Es un pedazo de estribillo. Me da igual con el estilo con el que la toquen. Pero un estribillo pegadizo y melódico, que en nuestras canciones había alguno, ha servido para que, en el colegio de mis hijas, cuando tenían doce o trece años, ya había compañeros a los que le gustaban Los Nikis. Por eso, porque debe ser muy parecido a ‘Susanita tiene un ratón’.

MS: Sí. Aunque luego la canción fuera sobre “La naranja mecánica”.

“Un estribillo pegadizo y melódico ha servido para que en el colegio de mis hijas, con doce años, ya hubiera compañeros a los que le gustaban Los Nikis”

Y a ti, Manu, ¿te ven como un tío raro en la escena que os movéis, por reivindicar a grupos como Los Nikis?

MS: Bueno, Los Nikis son muy intergeneracionales. No creo que no sean un grupo no reivindicado. Creo que le gustan a todo el mundo. Por derecho propio. No creo que salga nadie diciendo “¡No! Es que no me gustan Los Nikis”. Entonces es que no tienes ni idea. Alguien que diga que no saben quiénes son, es probable. Pero que digan que no les gusta, es raro. Es que son como los Ramones. Es un topicazo, pero es la puta verdad.

JR: Es que vosotros tampoco encajáis en escena alguna. En los parámetros indies no os veo. A lo mejor, por la época, por el sonido de las guitarras, pero nadie de los indies se atreve a decir, entre comillas, “me gusta que me pegues” o “España necesita conocer tu opinión de mierda”.

MS: Ahí está la gracia. Creo.

JR: La gracia vuestra es que no estáis enganchados a un estilo, siguiendo unas normas, sino que hacéis lo que os da la gana y ya.

MS: Yo creo que sí, que el grupo tiene personalidad. Lo puedo decir casi desde fuera. Y estoy muy orgulloso de ello.

JR: Yo me acabo de enterar hace poco de que teníamos personalidad. Y es la “no personalidad”. Es como si coges a cuatro tíos del público, del montón, de lo más vulgar del todo y les subes a un escenario a tocar.

MS: Yo vi un programa de La Edad de Oro en el que os entrevistaban y tocabais con Ana Curra. No sé si era Emilio el que decía “Es que tenemos mogollón de exámenes y no podemos tocar”. Yo flipaba. En ese programa, algunos diciendo “No, es que el arte, tal y cual” y vosotros diciendo “No, es que tengo exámenes”. Me parecía acojonante.

JR: Lo mejor de ese programa, que mezclaba actuaciones con entrevistas a pedorros, o a pintores, fue en el nuestro. Había uno del público, un argentino que era de la panda de Los Monaguillosh y de Los Negativos. Estaba sentado detrás de un pintor al que entrevistaba Paloma Chamorro, que había estado en Nueva York y por ahí. Le preguntaba “¿Qué es para ti el arte?”. Pues este tío se cogía un moco imaginario y venga a darle vueltas, a metérselo en la oreja. En un momento dado se quitó la zapatilla, se sacó una pelotilla y venga a jugar con ella. Todo eso, en directo y en horario de máxima audiencia. Eso nos eclipsó.

Precisamente, en tu libro, hablando de actitud, valoras lo que hace Ariadna “Punsete” como “la no actitud”.

JR: Por eso, porque cuento en el libros cosas que sorprenden, alguien que intenta hacer algo distinto. No sé. Por ejemplo, me gusta el Renault Twingo porque, cuando todos los coches son iguales, alguien se inventa este.

Lo de Ariadna en los conciertos, ¿fue una idea suya?

MS: Total. De hecho, nosotros nos enteramos porque nos lo contaron. Nos dijeron “Oye, Ariadna no se mueve, ¿no?”. “¿Que no se mueve? Ah, ni idea”. Y no, no se movía. Claro, tú concentrado en el mástil, tocando… En el ensayo la tía se mueve. Al principio se movía poco, pero luego empezó a quedarse parada. Se vio cómoda haciendo eso y hasta hoy. Ella tampoco sabe explicarlo muy bien. Interpreta que es una manera de concentrarse en cantar.

“La clave es ser único. Nadie se ha movido menos que Ariadna y nadie ha perforado tres escenarios en su vida como Emilio”

Posiblemente tenéis los dos cantantes más antagónicos. Ariadna, que no se mueve nada, y Emilio, que iba saltando por todo el escenario para ver por dónde podía agujerear el suelo, como recuerdas en el libro.

JR: La clave es esa: ser único. Nadie se ha movido menos que Ariadna y nadie ha perforado tres escenarios en su vida como Emilio.

Vosotros, Joaquín, erais de Santo Domingo, que no de Algete. ¿Era tan aburrido como para querer montar un grupo?

JR: Sí. Éramos pijos de Santo Domingo. Pero era aburrido Santo Domingo y todas partes. Cuando tienes quince años y te reúnes en un tontódromo, es una manera de perder la tarde y no hacer nada. Pero en Santo Domingo ha habido más grupos, como Los Funkcionarios, donde cantaba Chapis.

¿Pero ya de pequeños erais musiqueros?

JR: No, no. Ninguno. Bueno, sólo Rafa. De hecho, a Rafa le fichamos porque era musiquero. Sus hermanos mayores escuchaban mucha música y fue un poco el que nos pasó las primeras cintas. Nosotros de música no teníamos ni idea. Pero no solo de tocar, sino de escuchar. Yo apenas escuchaba nada. Pero es que además, era una época en la que era más difícil escuchar música, no como ahora.

¿Cómo surge lo de montar el grupo?

JR: Dijimos “Vamos a hacer algo, lo que sea”. Pudimos haber montado también un grupo de natación sincronizada. Yo casi, casi, al primer concierto que fui es a uno nuestro. Nunca había ido de público a un concierto.

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Manu, vosotros en la Facultad, donde coincidisteis, ¿la veíais tan deprimente como para decidir hacer un grupo?

MS: De hecho, en la Facultad no montamos el grupo. Yo siempre le decía a Ariadna que había que montar un grupo. Pero estábamos entretenidos y no lo hicimos. El problema fue cuando acabamos: no teníamos nada que hacer. Ni posibilidad de encontrar trabajo ni nada que hacer. En ese erial fue cuando dije “Ahora es cuando hay que montar el puto grupo”. Quedamos un día a ensayar en un local, con pinta de que iba a ser un desastre. Y curiosamente, quedamos otro día, y otro día. Una situación parecida a la suya pero en otra generación.

JR: El tontódromo del paro.

MS: El grupo lo teníamos hecho mucho antes de hacer el grupo: “Yo toco la batería”, “Pues yo toco el bajo…”. Pero nunca lo hacíamos.

Respecto a las letras, cuentas en el libro que como se te daban bien, te tocó ese cometido. Vamos, que vieron que no ponías coma entre sujeto y predicado.

JR: Bueno. Creo que las letras se me dan bien pero porque he hecho muchas y porque le echo el tiempo que hace falta. Cualquiera podría hacer una letra pero nadie está dispuesto a perder una mañana entera en una frase. Pero yo sí. Hasta que no me sale una frase redonda no paro. Es cuestión de transpiración en mi caso. Tú coges un montón de letras que son muy mejorables, pero la gente se conforma: “Buah, así vale”.

En ese otro grupo que tuviste, y del que también te sientes muy orgulloso, Los Acusicas, le dedicabas más tiempo a las letras.

JR: Sí. En Los Nikis, total, le tenía que poner letra a una canción mía. Ahí tienes el listón en un sitio. Pero si la canción es de otro, como es en el caso de Mauro, pues le dedicas más tiempo, y están más curradas. Pero bien, porque a mí me gustan mucho las canciones que él componía y a él le gustaban mucho mis letras. Encajábamos muy bien.

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