Así duele un verano 21 años después
Especiales / Migala

Así duele un verano 21 años después

Enrique Peñas — hace 2 meses
Empresa — Acuarela Discos
Fotógrafo — Archivo

Hay discos cuyo alcance se prolonga en el tiempo y a los que siempre resulta reconfortante regresar. Así duele un verano (Acuarela, 1998) es uno de ellos, situando el melancólico post-rock de Migala como una isla dentro de una escena que en aquel momento apenas ofrecía referentes cercanos. Coincidiendo con su reedición en doble vinilo, tres de los entonces seis integrantes de la desaparecida banda madrileña echan la vista atrás. Unas respuestas a las que cabría sumar las palabras de Coque Yturriaga a través de las redes sociales: “Un disco que se abre con gaviotas y barcos, porque empezaba nuestro viaje loco hacia una increíble aventura. Un disco que nos hizo amigos para siempre. Porque no sólo queda la música, queda una unión que jamás morirá”.


Veintiún años después, ¿cómo recordáis aquel disco y, más concretamente, su proceso de creación? Después de Diciembre 3 am, ¿definió de forma más nítida lo que era e iba a ser Migala?
(Abel Hernández) Completamente. Diciembre 3 am fue un precioso Frankenstein que se hizo cuando aún no existía prácticamente una banda. Una colección de ideas diversas, sacadas de distintos sitios. Con algunas canciones grabadas entre varios, pero al fin y al cabo un recopilatorio, una colección de posibilidades, de caminos… En Así duele un verano la implicación creativa colectiva (e individual) fue mucho mayor y ya tocábamos juntos en directo…
(Diego Yturriaga) Recuerdo el viaje a Mojácar. Enrico cocinaba y el resto andábamos como hippies concentrándonos en eso que se llama creación. Tratando de escribir una letra, queriendo también ir a la playa. Fue un poco road movie entre la playa y el desierto. Recuerdo acabar con Rodrigo una madrugada etílica en la playa escuchando a Camarón.
(Rubén Moreno) Recuerdo la grabación inicial en Mojácar como algo extraño, divertido pero sufrido. Creo que marcó claramente la esencia del grupo: un conjunto de personajes peculiares, libres y algo inmaduros; pero todos dispuestos a pasarlo bien y, sobre todo, ilusionados como niños con lo que se estaba cociendo. No obstante, éramos un auténtico y creativo desastre.

En aquella época se hablaba de colectivo de “no-músicos”… ¿No tenéis la sensación de que esa ‘definición’ pudo despistar más que otra cosa?
(Abel Hernández) Fue una ocurrencia de nota de prensa, una forma de subrayar por parte de Acuarela nuestro amateurismo militante, y fue una provocación también. El hecho de que aún se pregunte por ello para mí significa que funcionó. Por otro lado, la mayoría éramos en sentido estricto lo que Brian Eno llamaría un “no músico”.
(Diego Yturriaga) Despistábamos mucho. Nos lo creíamos y no éramos unos creídos. Dejamos estar esa definición.
(Rubén Moreno) Yo me sigo considerando un no-músico.

“Autodefinirnos como ‘no músicos’ fue una forma de subrayar nuestro amateurismo militante y una provocación también”

En Así duele un verano se da una cierta paradoja: siendo un trabajo colectivo, es también tremendamente personal. ¿Cómo se conjugó esa dualidad? ¿Hay algo de doloroso y turbador no sólo en las canciones, sino en el propio proceso?
(Abel Hernández) La verdad es que no recuerdo estar demasiado fastidiado emocionalmente, ni dolido. Era una época turbulenta para bien, de noches largas (en los fines de semana, fuera de casa, entre semana más bien dentro, absorbiendo cosas, con música, películas, libros, muchas horas de charla…). Creo que sí que compartíamos una emoción que partía de una visión un tanto épica de la existencia. Nosotros seis y nuestros amigos (como los que participaron de distintas formas en el disco: Enrico, Alfredo, Germán…). Estábamos en ese momento de la primera juventud, de descubrimientos deslumbrantes, de apasionamiento, con lo que todo lo que conlleva y hacer música era una forma de canalizar eso de forma condensada. Aunque nos divertíamos mucho haciendo música y, a menudo, hacíamos el chorra, creo que nuestra principal premisa para considerar algo “de Migala” era que nos llevara a un estado exultante de emoción colectiva, un poco a lo secta.
(Diego Yturriaga) Mucha música, muchas conversaciones. Todos queríamos ser únicos y encontramos algo único cuando nos juntamos.
(Rubén Moreno) Yo tampoco estaba especialmente jodido, pero algo doloroso fue. Personalmente, y refiriéndome de nuevo a la grabación en Mojácar, recuerdo el caos total que se vivía en esa casa, donde lo de menos era pensar en qué íbamos a comer ese día o si había papel higiénico. Sin embargo, el proceso creativo era increíble y gratificante. Éramos totalmente libres y anárquicos, añadiendo cosas como niños jugando al Tente. La conexión que se creaba en aquel sótano fue determinante, sin duda, para todo lo que vino después.

En 1998 Así duele un verano quedó de alguna manera como una isla dentro de una ‘escenaque apenas tenía referentes cercanos. ¿Qué recuerdo os queda a vosotros de la manera en que el público se acercó a vuestra música y a este álbum en particular?
(Abel Hernández) Con Así duele un verano empezamos a salir a Francia, Bélgica… Sabíamos que en España éramos un poco anómalos (pero es que pienso que eso que se llamaba “indie” en España en ese momento era anómalo: Manta Ray, Le Mans, El Niño Gusano, Sr. Chinarro, Mus… ). A mí no me gustaba esto. Supongo que al resto tampoco. Pero sin más. Nos reíamos bastante de ello y en general.
(Diego Yturriaga) Gracias a que Labels licenció el disco entramos en otra escena: Dominique A, la revista Magic… Siempre hubo un respeto de mucha gente dentro y fuera de España, lo que pasa es que eres más curioso con los extranjeros. Nos sentíamos así.
(Rubén Moreno) Pues a mí me sorprendió mucho. No esperaba que hubiese un público en Francia o en Bélgica para lo que estábamos grabando. En la España de fiesta and feria era normal que fuésemos raros y no muy apetecibles, especialmente en concierto, pero al final resultó que, en la intimidad, Así duele un verano entraba mejor.

“En Migala no había ningún rollo cultureta ni por asomo, aunque pero tampoco éramos unos tarugos”

s allá de nombres más o menos recurrentes (Tom Waits, SmogLambchopLeonard Cohen, Scott Walker…), recuerdo que alguien puso sobre la mesa una referencia que me pareció bien tirada: el cine de Jean Luc Godard y, en concreto, una película como Vivir su vida. ¿Las referencias cinematográficas fueron para Migala tan importantes como las musicales? ¿Compartís (o compartíais en aquella época) eso que decía Anna Karina de que “la verdad está en todo, incluso en el error”?
(Abel Hernández) Las películas eran una parte más de nuestras vidas, no algo separado, como un embellecedor, como un filtro cultureta. Y lo era como otras muchas cosas. Pero sí, claro, era importante. De de la de unos más que de la de otros pero creo que a cualquier chaval digamos “con inquietudes” de ese momento le interesaba el cine a distintos niveles (entretenimiento, descubrimiento, placer, inspiración…). Creo que compartía entonces esa frase de Anna Karina y si me preguntas ahora diría que la verdad sólo está en el error.
(Diego Yturriaga) Lo que podría haber sido un error se convirtió en un disco. El cine era parte de la vida. Las letras tienen muchas imágenes y procurábamos acercar a lo que hacíamos todo lo que nos daba vida.
(Rubén Moreno) No había ningún rollo cultureta ni por asomo, aunque tampoco éramos unos tarugos. Algunos más que otros tenían un bagaje cinematográfico del que se extraían ideas, emociones, frases o imágenes. Sin embargo, lo que se hizo con esas referencias cinematográficas fue una inclusión fluida y, creo, totalmente coherente, como si lo lleváramos haciendo toda la vida. De hecho, es algo que ya se llevaba haciendo desde Diciembre 3 am, y en el caso de Abel, mucho antes. Sobre Anna Karina podría añadir que la única verdad es que el error está en todo.

Pasado el tiempo, ¿hay alguna canción que os haya acompañado especialmente desde entonces, alguna que recordéis de forma especial? ¿Y alguna que ahora, al reencontraros con el disco, os resulte extraña? Pienso por ejemplo en Gurb Song y cómo el recitado con que empezaba desapareció más tarde en la lectura que hicisteis en Restos de un incendio… ¿Cambiaríais ahora muchas cosas?
(Abel Hernández) El disco me parece bien tal y como está. Si por un momento pudiera volver atrás, creo que simplemente grabaría y mezclaría un poquito mejor algunas cosas. Y si tuviera que hacerlo ahora, no usaría el inglés, desde luego. Pero es lo que nos salió entonces, y eso está bien.
(Diego Yturriaga) Me fui a dar un paseo en bici a la playa y cuando volví estaba el resto inventándose Low of Defenses en bucle… parecían poseídos. Flipé de su flipe. Luego participé añadiendo cosas en Villalba en otras sesiones terminando el disco.
(Rubén Moreno) En general, yo no cambiaría nada. Para mí no tendría mucho sentido. Es nuestra obra imperfecta, sin complejos. Lo que me sigue sorprendiendo es cómo va envejeciendo el disco, o mejor dicho, cómo envejecemos nosotros mucho más que él. Por otro lado, no creo en las visiones retrospectivas si no son regeneradoras. Sobre canciones especiales, no suelo escucharlas por separado. Cuando lo escucho de año en año, lo escucho entero y del tirón. Sin embargo, y ya que mencionas Gurb Song, precisamente esta canción me trae muy buenos recuerdos de cuando se fraguó en mi casa, además de recordarme al inspirador del título, claro.

Una pregunta más, aunque hace unas semanas ya vi un rotundo “no” en el Facebook de Acuarela… A cuento de la reedición, ¿en algún momento os habéis planteado un reencuentro aunque fuese puntual?
(Abel Hernández) Hombre, es una cuestión que siempre está en el aire. Pero nosotros nos seguimos viendo, seguimos haciendo cosas juntos y algunos, incluso, tocan juntos. No nos planteamos un reencuentro de Migala en el sentido de una reunión y así, no.
(Diego Yturriaga) Por estar bien…estaría muy bien. Aunque fuese para tocar lo que nos acordamos de las canciones para amigos.
(Rubén Moreno) Sí, efectivamente es un tema recurrente que me hace gracia. No lo veo, la verdad, ahora es todavía más complicado que cuando lo dejamos. Además, dejarlo así, con el buen sabor de boca de La increíble aventura, me pareció y me parece una manera elegante de echarnos a un lado. Y, como otros creo que piensan, volver a juntarnos de manera puntual para rememorar tiempos pasados puede ser más penoso que glorioso. Únicamente veo juntarnos para crear algo nuevo.

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