Arca: En el universo KICK, caos y catarsis son uno
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Arca: En el universo KICK, caos y catarsis son uno

Salomé Lagares — 04-12-2021
Fotógrafo — Archivo

La invitación no incluye ninguna referencia a un código de vestimenta, pero si uno se detuviera a observar la cola incluso de forma superficial podría asumir que todos los presentes han recibido el mismísimo “dress code to kill” que Marc Jacobs hizo llegar a los asistentes a una de sus fiestas en 2015 y que posteriormente se viralizó en Internet.

“Abrigos de piel sobre lencería, lip gloss, turbantes de lamé dorado, cejas decoloradas, lentejuelas, telas metálicas”, enumeraba el diseñador como ejemplos de lo aceptable, antes de advertir con tono sentencioso: “ni zapatos planos, ni acabados matte, ni looks naturales”.

A pesar de ser tan solo lunes, la pequeña multitud fuera del club M7 de Barcelona se adhiere a esta normativa aparentemente implícita casi a la perfección: abundan las chaquetas de pelo, los jerséis en tonos neón, las deportivas de plataforma y los ojos decorados con pedrería. Es el efecto que Alejandra Ghersi, mejor conocida bajo el nombre de Arca, suele tener sobre la gente — la filosofía de la artista es un llamamiento al exceso detallista, al excentricismo preciso y meticuloso, y nunca más que aquí, hoy: en la listening party de los cuatro nuevos volúmenes de la serie KICK, un cuarteto de álbumes que la cantante y productora venezolana planea publicar progresivamente a lo largo de la semana.

“KiCk i”, el primer proyecto de la saga, llegó en junio de 2020, planteado por la propia Arca como un ejercicio de confluencia de todas sus identidades, un autorretrato expresionista en el que ninguna de sus experiencias lucha por subyugar a otra, sino que trabajan en armonía aprovechando los espacios de intersección e, incluso, beneficiándose de las contradicciones: la formación en piano clásico que recibió de niña convive con su etapa en GHE20G0TH1K, el mítico evento nocturno neoyorkino reconocido internacionalmente por su interés en la experimentación musical y la moda underground; el abrasivo y descarado reggaeton que escuchaba en su Venezuela natal se fusiona con la vulnerabilidad de las baladas que aparecen en “Arca”, su LP de 2017; el tono del disco pasa de irónico a sincero a ser ambos a la vez — Arca es simultáneamente una diva innegable y una anatema pop.

Pero conocer a la artista es saber que un intento de definirse a sí misma en sus propios términos requeriría más espacio del que ofrece un álbum de doce canciones. Un año y medio y seis sencillos de adelanto después, Arca está preparada para culminar la era KICK con el lanzamiento casi sincrónico de los capítulos ii, iii, iiii y iiiii; cuatro largos que presenta de manera anticipada a través de eventos en Tokyo, Nueva York, Ciudad de México, Londres y Barcelona.

Aunque es en esta última donde reside desde hace años, cuando entramos en el local descubrimos que Arca no está por ninguna parte — el murmullo general nos indica que ha optado por asistir a la fiesta en la capital inglesa. En su lugar, una figura vestida de negro se mueve bajo los destellos de lámparas rojas y focos de luz ultravioleta mientras alterna entre pinchar electrónica y hip hop. En el muro opuesto a la barra se proyectan imágenes de ríos de lava fluyendo colina abajo, el resto de paredes están decoradas con las portadas de los nuevos “KICK” — piezas conceptuales y ultra-detalladas diseñadas junto a un colaborador habitual, el artista gráfico Frederik Heyman, que muestran a Arca como una gigante sirena mecánica, transformándose a sí misma en una Aracne cíborg o con alas de ninfa y dos cabezas, rodeada por otros híbridos policéfalos.

El universo visual de la cantante y productora siempre ha estado basado en lo extraño, en lo alien. Las composiciones que durante mucho tiempo adornaron su música, creadas junto a Jesse Kanda, otro colaborador habitual, estaban pobladas por lo casi humano: caras deformadas, cuerpos viscosos, apéndices mutantes. Las nuevas fotografías también se acercan peligrosamente al “uncanny valley” de Masahiro Mori, pero de una forma distinta: donde las obras de Kanda ilustraban una distorsión radical de lo conocido, las de Heyman inventan una realidad en la que la unión de mujer y máquina es la regla. De alguna manera, capturan cómo han cambiado las paletas sonoras de la artista: pasando de explorar únicamente lo insólito a buscar la comunión de lo orgánico y lo artificial.

Es precisamente una pieza de Heyman, hasta ahora inédita, la que aparece en pantalla cuando empieza el show: Arca, su piel azul grisáceo, a lomos de un mamífero inclasificable y encima de un lúgubre altar, envuelta por el magma que antes brillaba sobre el muro. “Les agradezco mucho que estén aquí, son muchas canciones, lo sé”, admite en un audio pregrabado. Pero según ella, es imperativo oír el proyecto en su integridad para poder entenderlo — los temas se complementan entre ellos, se construyen uno sobre otro… Mejor pensar en la era KICK como la suma de sus partes, como un todo. “No lo escuchaste completo si no escuchaste desde la canción uno de “KiCk i” a la última canción de “kiCK iiiii””.

Para evidenciar esta simbiosis entre volúmenes, las pistas suenan desordenadas toda la noche, fundiéndose una con otra, borrando fronteras entre capítulos mientras en la pared se proyectan distintos vídeos sin preocuparse por la coordinación: “Queer”, un single de “kick iiii”, suena sobre el visual que pertenece a “KICK ii”; cuando llega “Prada”, estamos a mitad del videoclip de “Electra Rex”; imágenes de “Nonbinary”, canción perteneciente a “KiCk i”, acompañan los giros orquestales todavía sin nombre de “kiCK iiiii”.

A pesar de que las descripciones con las que Arca había anunciado cada nuevo disco prometían cuatro proyectos muy distintos en esencia, es virtualmente imposible distinguir a qué KICK pertenece cada tema, aunque los asistentes tampoco lo intentan — en poco tiempo se mueven como uno solo, desinhibidos, intentando canalizar los latigazos corrosivos, los espasmos de ritmos latinos y las sinfonías robóticas y convertirlos en algo apropiado para una pista de baile.

Hacia el final del evento, la masa heterogénea de cuerpos en la sala se mimetiza con la que muestra la pantalla, donde el videoclip de “Electra Rex” está en reproducción otra vez. De alguna forma, es la estampa perfecta para representar el universo KICK: un entretejido de matices, una abstracción primitiva y vivaz, catarsis en forma de caos y viceversa. El concepto es ambicioso y arriesgado, pero incluso si la tetralogía no acaba de convencer a los fans, la artista habrá logrado exactamente lo que quería: confeccionar un autorretrato honesto y multidimensional. Guste o no, escuchar KICK en su totalidad será como (re)descubrir a Arca — con defectos y virtudes.

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