El noveno disco de la inquieta banda de Britt Daniel, “Hot Thoughts” (Matador/Popstock, 17) es un brillante festín de pop rítmico, que además supone su vuelta a Matador. Tres miembros de Spoon pasaron por Madrid para presentarlo. Incluyendo Daniel, con quien mantenemos una larga conversación.

Espigado, pálido y vestido de negro riguroso, el fundador de Spoon es un hombre que se piensa cada palabra, sobreponiéndose a los estragos de la promoción. La ocasión lo merece, porque “Hot Thoughts” es de esos discos que se auparán a las listas de lo mejor del año a base de anguloso e imaginativo pop bailable, lo cual tiene más mérito. No es casual que en la conversación salgan nombres tan dispares como David Bowie, Prince o Tears For Fears. El disco se beneficia del buen momento personal de Daniel y la química de una banda sin prejuicios que ha encontrado su plenitud. Pese a la alargada y omnipresente sombra de Trump. Al mal tiempo, buena cara.

Han pasado sólo dos años desde “They Want My Soul”, y me comentabas antes de empezar esta entrevista que empezaste a escribir canciones para este disco inmediatamente después de su publicación. ¿Vivís un momento creativo especial?
Dos años y medio, en realidad. Sí, sentí que estábamos en ese buen momento. Ha habido periodos en los que he pensado de forma retrospectiva: “Eso estaba muy bien, ahí escribí buen material”, pero siempre era a posteriori, mientras que esta vez lo pensaba cuando estábamos en ello. Y creo que es algo bastante raro. Pero incluso con esta sensación, nos llevó mucho tiempo desde que empecé a trabajar las canciones, después grabarlas…Hasta que, al final, todo estuvo en su sitio.

“No conozco muchos grupos sin éxito durante tanto tiempo que hayan sido capaces de cambiar las tornas”

Hacéis algo tan difícil como escribir canciones inventivas pero que a la vez tienen melodías accesibles. ¿Cómo os las apañáis? No es una combinación sencilla.
Es un buen truco, ¿verdad? (se ríe). No tengo ni idea de cómo lo hacemos. Si te tengo que decir algo, creo que es porque empezamos con buenas canciones; es decir, yo escribo un tema con acordes y melodías, en primer lugar. Y creo que es a eso a lo que la gente responde emocionalmente. Aunque una buena letra es muy importante, generalmente no es a lo que yo respondo inmediatamente con la música. En el caso de alguien muy bueno, por ejemplo Bob Dylan, por ejemplo, las letras pueden llevar todo el peso. En el último año he leído un montón de citas de David Bowie, y una de ellas decía algo así como que “todo lo que quiero está en los acordes y las melodías de voz”. Todo. Y sé de qué está hablando porque yo lo veo igual. A veces vas a ver a un grupo en directo y te emocionas, pero sales de la sala sin tener ni idea de qué decían las letras. Escuchas la melodía, pero no distingues lo que se canta, con todo el ruido. Creo que ése es el porqué.

¿Echas de menos esta cualidad en más grupos a tu alrededor?
Bueno, hay gente que lo sigue haciendo. Arcade Fire, por ejemplo. Ese tío, Will Butler, tiene buena voz y escribe buenas canciones, buenas melodías. Lo hace todo. Mmm…Bowie lo hizo en su último álbum. Creo que Deerhunter lo hace. Hay una banda de Austin que se llama The Jag Dog, que también…probablemente hay docenas de grupos, pero no los conozco, no he oído hablar de ellos.

Siendo Hot Thoughts” ya vuestro noveno trabajo de estudio (más cuatro EPs), ¿os resulta más arduo escribir buenas canciones?
Es tan difícil como siempre. Cuando llega el momento de escribir las canciones de un nuevo disco, al principio del proceso no estás muy seguro de lo que haces. Piensas: “Bueno, no está mal”, y luego progresivamente vas mejorando poco a poco, te metes en tu papel y recuerdas cómo se hace. Así que, desde ese punto de vista, a estas alturas se hace más fácil, pero aunque sea más sencillo por la experiencia que acumulas, sigue siendo arduo.

¿Cuándo sabes que tienes una buena canción entre manos?
Cuando te alejas de ella y vuelves a escucharla un día o una semana después y te suena bien. A veces, cuando trabajas en una canción durante todo un día, crees que la estás haciendo mejor y mejor y al final te intentas convencer a ti mismo de que es buena porque has trabajado en ella, pero nada de eso tiene importancia cuando la dejas por un tiempo y vuelves a oírla, evaluándola desde fuera, como si no la hubieras hecho tú. Si en ese momento respondo emocionalmente a ella, si todo me suena guay y en su sitio, es que está bien. Al final, todo se reduce a eso, a cómo de genial suena una canción. Es algo difícil de definir.

Parece evidente que estamos ante vuestro disco más “funky” o abiertamente sexy o bailable. No sé si vuestra idea era hacerlo así desde el principio, o ha acabado siendo así de forma natural.
Ha sido algo natural. Me sorprende que me digan que es un álbum “bailable”. Sabía que “First Caress” era bailona, pero no escribí la música en ese caso: Fue Alex. Mmm…Supongo que el pulso rítmico de “Hot Thoughts” es bailable, pero nunca lo pensé en su momento. Me limité a hacer que las canciones fueran las mejores que pudiera hacer. En realidad, siempre he incorporado elementos de soul y RnB en mis discos.

Es cierto, desde el principio has introducido influencias muy diversas con mucha naturalidad.
Sí, me ayuda a sentirme bien. Se trata de hacer que las canciones sean mejores.

¿Hubo algún tipo de inspiración específica para estas canciones?
No lo sé, normalmente…(pausa muy larga). Sentí que estaba en un buen lugar, en un momento muy positivo. Quizá ésa ha sido la mayor inspiración. Saqué de mi vida a algunas personas que me habían causado mucha incertidumbre y ambigüedad. En el momento en que se fueron, me quité un gran peso de encima.

Habéis vuelto a coproducir el disco con Dave Fridmann. ¿La grabación ha sido muy diferente a vuestros discos anteriores?
En realidad, ha sido muy similar a la del disco previo cuando fuimos a trabajar con Dave en su estudio perdido en el bosque (Tarbox Road Studio). Nos recluíamos allí y luego, a las dos semanas, salíamos y volvíamos a Austin, donde yo escribiría durante una semana o dos, y vuelta a empezar. Creo que es un buen método de trabajo. Antes solíamos grabar en el estudio de Jim (Eno, batería y miembro fundador de la banda junto a Daniel) en Austin, pero para bien o para mal así es como lo hacemos ahora.

Entonces, a la hora de empezar a trabajar en una canción, ¿cuál es el detonante?
Normalmente, llevo al resto del grupo una maqueta. Si está muy bien, comenzamos a trabajar sobre ella y nos ponemos a grabar directamente. Si no es así, si está sólo bien, lo que hago es reunirme con toda la banda para averiguar entre todos qué enfoque le podemos darle. Pero sí, normalmente llevo los acordes y la melodía vocal, y a partir de eso buscamos diferentes direcciones. Hay una canción en este disco, “I Ain´t The One”, que escribí con una guitarra acústica, sabiendo que no quería una canción de raíces, sino futurista. De modo que probé junto a los demás un enfoque diferente, fue la primera de todas en que lo hicimos así. Y conseguimos que la canción cambiara ese toque country por un aire solitario y un poco horripilante.

“Es genial que la gente tenga ahora esa relación de fetichismo con los vinilos”

Después de todos los cambios de formación que habéis vivido, ¿dirías que la actual es la mejor?
(Gran sonrisa). Oh, sin ninguna duda. ¿Por qué? Bueno, hay gente en el grupo que puede hacer cosas que yo no. Durante mucho tiempo, si había una parte de guitarra o de teclado en algún lugar del disco, tenía que ser capaz de tocarla. Y ahora ya no es así. Podemos meter cosas mucho más sofisticadas. Hay una canción que se titula “The Way We Get By” (de su disco de 2002 “Kill The Moonlight”), que es como la cumbre de mis habilidades pianísticas. Y es muy, muy simple. Ahora podemos hacer muchísimo más. El sonido de “Inside Out” (de “They Want My Soul”), todos esos solos y la introducción, yo nunca podría haber llegado a eso.

¿Dirías que tus letras han cambiado mucho en este álbum con respecto a otros discos?
No lo creo. ¿Tú oyes cosas muy distintas?

No me ha parecido, en principio…
Sí, creo es un poco lo mismo. Escribo constantemente. Si escucho una frase rara o se me ocurre algo especial, lo escribo inmediatamente. Antes solía hacerlo en papel, ahora en el móvil. Eso está bien. Porque a veces, cuando estoy escribiendo una canción, empiezo con sílabas pero realmente no tengo letras, o sí las tengo pero no son buenas. Así que es bastante cómodo tener ideas escritas por ahí. Si no las tuviera ahí a mano, sería todo un quebradero de cabeza. ¡Tengo que venir con unas letras ya! A veces necesitas todo un marco mental diferente para ponerte a ello.

¿Cómo os sentís habiendo vuelto a Matador, que fue vuestro sello original en los 90?
De maravilla. Realmente, los aprecio. Si podemos tener éxito con cualquier sello, quiero que ellos sean los primeros, porque me caen bien personalmente. Me gustan los discos que publican y son gente con la que mola estar y salir por ahí. Cuando tratas con una discográfica, lo más importante son sus ideas y cómo las llevan a la práctica, y creo que son buenos en ello. Pero es que además, en este caso, es gente con la que te puedes llevar bien. Me gusta estar en contacto e incluso ir a cenar con ellos. Eso marca la diferencia.

Como una banda que nació en los 90, ¿qué piensas del modo en que la gente se relaciona ahora con la música? Con Internet y demás.
Es diferente, ¿no? Quiero decir…yo uso Spotify si quiero encontrar alguna cosa o necesito saber algo rápidamente, pero si voy a escuchar música, normalmente me desconecto. No quiero decir que esté mal, pero sí que creo que la gente se está perdiendo algo de los días cuando poseías una cinta, un CD o un vinilo. Cuando estaba en el instituto y empecé a escuchar mis primeros discos, normalmente en cinta casete, no tenía muchos. Recuerdo un momento en particular -debía estar en octavo o algo así, con catorce años-, en el que tenía como seis o siete y los machaqué a tope. Recuerdo “The Unforgettable Fire” de U2, The Art of Noise, “Around The World in a Day” de Prince, “Songs From A Big Chair” de Tears For Fears…cosas así. Cuando haces eso, creo que entablas una relación profunda no sólo con el disco, sino con el artista. Más tarde, empecé a tener más dinero y conseguí un trabajo cortando el césped, de modo que pude comprar más. En lugar de tener seis, tenía, no sé, 40. Pero aún así, sigue habiendo mucha diferencia con la posibilidad de tener acceso a discos ilimitados por tiempo ilimitado. No estoy diciendo que lo de ahora esté mal y que quiera volver al pasado, pero está claro que hoy la relación de la gente con los discos es distinta. Puede sonar un poco hipster, pero me parece genial que la gente tenga ahora ese fetichismo con los vinilos. Eso no puede ser malo.

¿Echas en falta algo de aquellos días en que empezasteis en los 90?
¿Aparte del vinilo y que la gente tenía discos? No mucho, la verdad. Teníamos un presidente mejor.

(Risas) Debéis estar aterrorizados…Desde aquí todo parece muy raro, aunque nosotros también estamos lejos de ser perfectos.
No es divertido. Es…(enorme suspiro). Al menos, algunos republicanos están empezando a alzar la voz contra él. Eso me da muchas esperanzas. Escuché a John McCain decir que Trump está empezando a hablar como un dictador. Se refería al asunto de los medios. No es un tipo con el que esté de acuerdo en muchas cosas, pero me alegro de que haya sido lo suficientemente…”patriota” como para dejar a un lado la política y llamarle la atención.

En fin, dejemos la política: Volvéis a Madrid en unos meses a tocar en el Mad Cool. ¿Os gusta tocar en festivales?
Sí (amplia sonrisa). Es un festival nuevo, ¿verdad? Será la segunda edición…No hemos tocado en Madrid desde 2012, cuando estuvimos en el Día de la Música. Hacía muchísimo calor. En los festivales, en ocasiones, es difícil conectar con el público. Pero, ya sabes, pagan mejor, y tienes la oportunidad de tocar delante de mucha gente, lo cual siempre es una buena oportunidad. Tienen cosas divertidas, suelen ser toda una experiencia, pero en lo que se refiere estrictamente a dar un concierto, la verdad es que prefiero una sala de este tamaño (se refiere al restaurante del hotel en el que conversamos) por encima de cualquier otra cosa. Los teatros son estupendos también.

¿Y cuánto disfrutas a estas alturas sobre el escenario?
Es lo que más me gusta, y aunque tocamos una vez en enero y con Alex (Fischel, guitarra y teclados) en mayo del año pasado, la banda no ha tocado nada desde entonces. Ahora vamos a hacer unos pocos conciertos aquí y allá y luego, en abril, una gira propiamente dicha en estados Unidos. Después vendremos a Europa a algunos festivales, y también a salas.

¿Te resulta más difícil meterte en una gira en este momento?
Llevo sin hacerlo dos años, pero para mí sigue siendo la parte más divertida de todo esto. De hecho, cuando terminamos la última gira me sentí muy deprimido sabiendo que no lo íbamos a hacer en mucho tiempo (risas). Me encanta tocar.

Sois una banda que habéis llegado al éxito con vuestras propias reglas. ¿Cómo te sientes al respecto?
¿Cómo lo hacen otras bandas?

No sé, escribiendo canciones que no quieren hacer, haciendo discos que no quieren hacer. O tocando donde no quieren tocar. (En este preciso momento, por el hilo musical del hotel suena su disco; brillante idea del personal).
Vaya, esto sí que es marciano (risa perpleja). Bueno, sí. Somos afortunados, sobre todo teniendo en cuenta que no tuvimos éxito durante mucho tiempo. Las cosas mejoraron en 2002 pero no fue hasta 2006 o 2007 cuando nos empezó a ir realmente bien, en cuanto a venta de discos y los conciertos. O sea, que estamos hablando de doce años. No conozco muchos grupos que no tuvieran éxito durante tanto tiempo y en un momento dado fueran capaces de cambiar las tornas, así que me siento realmente afortunado.

No quería terminar sin preguntarte por el arte de la portada, que llama mucho la atención. Siempre cuidáis mucho el aspecto visual de vuestros discosl, que suele ser bastante enigmático y artístico. ¿Qué es, una especie de calavera de colores? ¿Qué simboliza?
Es una acuarela de una calavera, sí. La hizo una amiga. Ni siquiera sabía que pintaba, pero la seguía a través de Instagram. Un día vi esta imagen y dije: “Joder, eso es como la portada de un álbum”. Nunca había enseñado sus obras en ningún sitio, así que estaba encantada. En realidad, la había hecho para sí misma, y fue una bonita coincidencia que yo la viera. Después de permitirnos usarla, hizo una imagen para cada canción del disco. Las utilizaremos de alguna manera. Lo que me gusta de la imagen es que es preciosa pero grotesca al mismo tiempo.

Quizá una ominosa premonición de estos tiempos.
Mmm. ¡Quizá sea eso!…No, no lo había pensado. Simplemente me atrajeron los colores, la imagen iba perfectamente con los “Hot Thoughts” (literalmente, “ideas calientes”).