Tiger Menja Zebra es, ante todo, bilis y sangre. Son los esputos de los restos del rock industrial emulsionados con un pop de ínfulas indies en avanzado estado de descomposición.

“Durante la gira del último disco de Camping empezamos a plantearnos el futuro. Teníamos claro que queríamos dar un giro, pero esta vez iba más allá. Empezamos a componer cada uno desde su casa. Cuando Xavi nos presento su primera maqueta lo vimos claro”.
Así nace Tigre Menja Zebra, un trío con una renovada, convulsiva y agitada visión del pop rock. “¿Cuáles son los mecanismos de la provocación? ¿Cuántas gotas se necesitan para colmar un vaso? ¿Cómo es de fina la piel ante un estímulo extremo? ¿Cómo se empieza una guerra? Estos fueron nuestros puntos de partida. Somos un colectivo en el que el humor es básico y de manera más o menos obvia se puede percibir en nuestro trabajo”.
Una formalización de ideas hacia el extremo, aunque en el fondo sin desdibujar su rúbrica de siempre. “El punto de partida para desarrollar nuestra idea era claro. Ir hacia los extremos sin miedo. Tanto a nivel compositivo como en la producción. Redactamos un ‘estatuto’ con los principios que nos guiaran a ese fin para no desviarnos en el camino. Nos apetecían temas físicos, viscerales y tensos huyendo de lo explicativo y descriptivo”. Aunque con un título así y su notable clip, ya se nota que están aquí para hacer amigos. “No tenemos intención de molestar a nadie, pero si alguien se molesta tampoco le pediremos disculpas. Mucha gente se ha descojonado viendo el video y a otros no les ha sentado nada bien. Esos feedbacks alimentan el concepto del disco”.