En “How Did We Get So Dark” (Warner, 17), el dúo británico Royal Blood se enfrenta el temido segundo disco con un sonido más sexy y melódico. Hablamos con uno de los grupos que mantiene la llama del rock británico en plena efervescencia.

Tremendo fue el pelotazo del debut epónimo de Royal Blood, y tremenda ha sido la expectación que ha desatado su sucesor. Ya desde el lanzamiento de los adelantos “Lights Out” (que acumuló 2 millones y medio de reproducciones en YouTube en un mes) y “Hook, Line & Sinker” (medio millón en una semana), el segundo disco del dúo de Brighton ha dado señales de éxito que permiten colocarlo como “uno de los álbumes más esperados del año” en la escena internacional de rock. En “How Did We Get So Dark” hay pocos cambios, más en contenido que en forma, porque Ben Thatcher (batería) y Mike Kerr (bajo y voz) permanecen fieles a la dupla bajo-batería y es en el sonido donde se adivinan nuevas intenciones. “Sí, es definitivamente más sexy”, dice el baterista. “Y creo que tiene que ver con la falta de presión, el relax que hemos sentido en el estudio. Puede parecer que me estoy tirando el rollo, pero es verdad. Hemos estado más relajados ahora que con el primer disco, también a la hora de participar en el proceso de producción, y hemos querido darle un toque algo glam a las canciones, y no que sólo fueran puros headbangers, ya sabes”. Con estos pequeños aderezos, Ben cree que su música habrá cambiado “lo suficiente como para atraer a nuevos tipos de público. Veremos qué pasa”.

Grabado el pasado noviembre entre Bruselas y Londres con los productores Joylon Thomas y Tom Dalgety respectivamente, este disco ha sido para ambos la prueba de que van por el camino correcto. “En el estudio sentimos que teníamos mucha experiencia acumulada, muchas ideas nuevas, más apertura mental. La creatividad fluía muy rápido a nivel musical, la verdad. En cuanto a las letras, Mike ha estado escribiéndolas durante los últimos tres años más o menos, y los temas centrales han sido las relaciones de pareja, las rupturas sentimentales, los regresos… Ocurren muchos cosas a nivel lírico en el disco, y creo que Mike ha estado especialmente inspirado”, asegura Thatcher, que no ve elementos autobiográficos en las letras. “Creo que Mike estaba escribiendo sobre situaciones que se dan entre las parejas, a nivel general. No son cosas que le hayan pasado a él en particular”.

La portada del disco muestra dos figuras femeninas contrapuestas, sin mostrar la cara, en sobrio un blanco y negro que encaja a la perfección el título del disco, sacado de un tema, el primero del tracklist, en el que Mike habla de corazones rotos y depresiones post-ruptura. Pero, ¿es esa elección de título una ligera pista de cómo se han sentido estos dos chavales últimamente? “Pues si te digo la verdad, es una pregunta que todavía nos estamos haciendo a nosotros mismos”, responde Thatcher. “El título viene a ser algo así como la respuesta a la pregunta que nos hicimos al repasar las letras del disco, y ver la temática más bien oscura que recorre casi todos los temas. Aún no sabemos si es el mundo el que se ha puesto más oscuro, o somos nosotros los que por algún motivo lo percibimos más a nuestro alrededor”.

La duda acerca de su estado anímico reciente nos surgió al leer esta declaración de su socio: “Quizá sí deberíamos habernos tomado más descansos en nuestra primera gira”. Ben reconoce que “esos meses fueron una puta locura, y si no hubiéramos tenido tan claro que íbamos a esforzarnos por aprovechar el momento, podría haber acabado con nuestra salud”. También cree que sería razonable bajar el ritmo un poco en esta nueva gira, “o al menos intentarlo, porque a veces no es posible si quieres llegar a todas partes con tu música”. Pero también sabe mantener el espíritu entusiasta del músico que encuentra la senda del éxito, sin importar la cantidad de piedra que haya que picar: “Hay trabajos muchísimo más duros y no veo a la gente quejarse por eso. Ojalá este sea nuestro oficio para siempre”.

Al baterista de Royal Blood le conocimos en el festival DCODE de 2014, donde estuvo de lo más afable con la prensa. “Ya me acuerdo, estuvimos jugando un partido de fútbol con los periodistas y todo”, exclama. “Te agradezco mucho el comentario. Me gusta que se notara que no íbamos de divas ni nada de eso”. Ben es, en efecto, un tipo simpático. Pero la cosa se tuerce un poquito al lanzar dos preguntas que le tocan un poco la moral. La primera es:“¿Dirías que Mike ha avanzado mucho en su forma de hacer sonar el bajo como si fuera una guitarra?. Al principio le coge desprevenido y contesta que “totalmente”, pero súbitamente recapacita, cambia el tono y asegura que “en realidad nunca hemos intentado que el bajo sonara como una guitarra. Queremos que suene como un bajo frío y penetrante, guerrero, ¿sabes? Sabemos que hay partes que suenan muy a guitarra, por supuesto, pero la intención es que todo el mundo sepa que es un bajo”. La segunda, a cuento de la posibilidad de integrar a un tercer miembro algún día, le resulta casi absurda. “No se nos ha pasado por la cabeza ni un momento. La gracia de Royal Blood está en que seamos dos, Mike y yo, y en la química que fluye entre nosotros. Eso es lo que lo hace excitante y diferente”.

La cosa se reconduce charlando sobre la efectividad de sus nuevos hits sobre el escenario. Ya han ido adelantado seis temas en diferentes ciudades, y al parecer todo ha ido según lo esperado “aunque a veces sea complicado tocar temas que no han sido publicados”, reconoce Ben. “La gente se queda un poco expectante (risas), pero por ejemplo “Lights Out” y “Hook, Line & Sinker”, que ya se pueden escuchar, ya provocan buenos pogos (risas). Concretamente, las reacciones a Lights Out han sido las que mejores señales nos han dado de que hemos elegido un buen camino en este disco”.

Hablando sobre sus experiencias en directo, Ben recuerda una muy especial, “el festival Splendour In The Grass de Australia. Se hace al lado de unas playas increíbles en la zona de la Costa Dorada. Es el sitio más exótico en el que hayamos tocado jamás”. Y es que estos dos muchachos han recorrido ya medio planeta con sólo un disco publicado. Pero viajar no parece resultarles demasiado inspirador para crear música. “En cuanto a letras, las giras influyen poco porque al estar tan ocupados, en realidad no tenemos tantas cosas que contar que interesen a la audiencia. No vamos a hablar de taxis, aviones y hoteles, ¿verdad? (risas). No me malinterpretes, nos encanta estar de gira y dar conciertos por todo el mundo es algo fantástico, pero no nos inspira demasiado para escribir porque aunque nos pasen cosas muy chulas, no creemos que sean interesantes para los demás”.

Los chicos de Royal Blood, que confiesan estar deseando colaborar con los franceses Justice (¡suena potente!), han irrumpido a lo bestia en una industria en la que “lo que hoy funciona, puede no funcionar mañana”, dice Ben con sabiduría. “Es la conclusión que sacamos a lo que hemos visto en la industria musical. Todo cambia muy rápido, y hay muchas cosas a las que todo el mundo tiene que adaptarse, los fans, los músicos y los empresarios. Hay que estar muy al día y eso lo hace excitante. Es difícil aburrirse currando en esto”.