La reinvención siempre es un proceso complicado en los grupos musicales. Durante años se trabaja por perfeccionar un lenguaje y cuando ya te sientes cómodo entre sus reglas gramaticales, te das cuenta que te has cansado de él. Necesitas otro lenguaje que te pueda permitir decir cosas diferentes. Eso es lo que descubres al escuchar “Drums And Guns” (Sub Pop/Popstock).

Este proceso se lleva por delante fans, logros pretéritos y recuerdos imborrables, para abrazar un nuevo camino desconocido, en el que casi siempre se acaba tropezando. Le ha ocurrido a todos los grandes de carrera dilatada: Neil Young, Bob Dylan, David Bowie… Aunque a Low no les ha pasado exactamente eso. Es cierto que “Drums And Guns” cierra definitivamente la etapa en la que Low era un grupo cálido, sutil, orgánico, pero no se puede considerar un tropiezo: llega por sí mismo a justificarse como ese cambio de orientación, esa necesidad de exploración de nuevos medios, esa obligación a no aburrirse ni anquilosarse. Alan Sparhawk se justifica:

“Es cierto que siempre tienes en la cabeza lo de la evolucionar y cambiar, pero no fue así esta ocasión”

“Cuando terminamos la gira anterior tuvimos claro que queríamos hacer algo diferente, pero la pregunta era cómo hacerlo, qué cosas experimentar. Cuando entramos al estudio sabíamos cómo iban a sonar las canciones si las hubiéramos tocado con guitarras, bajo y batería, así que decidimos dejar todo eso a un lado y probar a hacer las cosas de manera diferente. Fue un gran salto para nosotros. Es cierto que siempre tienes en la cabeza lo de la evolucionar y cambiar, pero no fue así esta ocasión. Fue un cambio abrupto en cuanto entramos al estudio. Antes de meternos a grabar, tocábamos las canciones de una manera más directa, como hasta ahora, como una banda de tres componentes. Pero cuando empezamos con la grabación todo fue diferente, decidimos dar un cambio radical, huyendo de un modo de hacer las cosas. De hecho, la única cosa que hemos mantenido han sido las voces de las canciones”. El disco, por tanto, pierde esa organicidad en pos de una mayor frialdad, del uso de drones y samples para construir unas canciones más duras, más crudas, que mantienen una distancia con el oyente y en las que, una vez más, Dave Fridmann ha puesto sus manos. “Es muy flexible, y está siempre abierto a cualquier experimento que quieras llevar a cabo. No impone sus ideas. Los primeros días de grabación fueron difíciles para nosotros. Comenzamos a probar cosas, reunir las ideas que teníamos, probar sonidos y aparatos con lo que no estábamos familiarizados. Nos sentíamos muy inseguros, y más de una vez pensamos en volver atrás, a la manera habitual de trabajar, pero él nos ayudó mucho, nos impulsó, nos animaba a seguir intentándolo hasta que dábamos con algo bueno. Al final, en unos días, todo lo que buscábamos se materializó. No era tan solo cuestión de tener un soporte, sino de tenerlo de alguien de quien esperas tenerlo. Confiamos mucho en los gustos y las opiniones de Dave y eso nos dio seguridad. Si hubiéramos tenido el soporte de alguien con cuyo gusto no nos alineásemos, hubiéramos estado cuestionándonos” ¿Es este disco el reflejo de una forma diferente de ver la vida, un cambio personal radical? Puede que sea una de las respuestas a la pregunta, después de las crisis que asolaron a Sparhawk tras su penúltima visita a nuestro país. “Tuve que ingresar en el hospital porque tenía problemas de salud mental y depresión, y estar viendo a un psiquiatra… De todos modos, ¡creo recordar que los conciertos en España fueron muy buenos! (risas). Ahora me encuentro mucho mejor”. En un gesto de sinceridad, Sparhawk reconoce como la situación afectó al grupo y a la marcha de Zak Sally, reemplazado en este nuevo disco por Matt Livingstone. “Hubo muchas cosas, aunque no puedo hablar por él. Ahora tiene un hijo, se casó y vive con su mujer en una nueva casa. Por aquellos entonces, yo estaba muy enfermo, y me convertí en una persona con la que resultaba muy difícil trabajar. Supongo que eso también fue un factor. Él estaba llevando su vida hacia la dirección que él quería, y era una percepción diferente de la música y de cómo quería hacer las cosas. No importa cómo ni por qué llegó hasta ahí, pero desafortunadamente ocurrió de la forma en que ocurrió. Yo estaba teniendo problemas, y era una persona difícil de tratar por aquellos entonces. Supongo que fue la gota que colmó el vaso. Es una pena que ocurriese de esa manera, pero así fue como ocurrió”. Todavía hay camino que recorrer, y paradas que superar, y más aún vista la constante evolución musical. ¿Hasta dónde les llevará? ¿Recrudecerán su discurso? ¿Volverán a su cercanía emocional? ¿Serán capaces de integrar ambas propuestas? Próximo episodio en su casa.