El noventa y nueve por ciento de las bandas nunca llegará a ser tan grande como aquellas que inspiraron su formación. Dentro de ese porcentaje hay algunas que son buenas, exageradamente buenas como dice el anuncio, pero el reconocimiento más o menos masivo se les escapa entre los dedos cuando sólo empiezan a atisbarlo. Puede que simplemente no estén viviendo en la época adecuada para que su propuesta rompa tanto como la de sus ídolos, y por eso su nombre termina inexorablemente relegado de los puestos más flamantes de las listas de éxitos.

Si además el tuyo es un nombre tan confuso y, digámoslo claro, feo como el de Real Estate, no hacen falta demasiados golpes de mala suerte para que el proyecto se tope con barreras naturales insalvables. Incluso consumando un maravilloso maridaje entre The Feelies, The Byrds, Teenage Fanclub y Echo & The Bunnymen. Así se presentaron los de Nueva Jersey en su debut epónimo de 2009, y así de bonita ha seguido siendo su música en sus tres trabajos posteriores, “Days” (2011), “Atlas” (2014) y el recién publicado “In Mind” (2017), un disco que ha vuelto a desatar pasiones en la crítica e indiferencia en el gran público, a pesar de contener delicatessen de tan fácil y agradable digestión como el single “Darling” (no se pierdan el estupendo videoclip correspondiente). Su líder Martin Courtney descuelga el teléfono para contarnos cómo los cocinan.

Hola Martin, enhorabuena por el disco.
Muchas gracias, ¿te ha gustado de verdad?

Sí, creo que está entre lo mejorcito del pop-rock estadounidense de la década de los 10.
¡Gracias! ¿qué otras bandas te gustan?

Así más o menos recientes… White Denim por ejemplo.
¡Tienes el mismo paladar que nuestro representante! Compartimos manager con White Denim. ¡Esto ha sido muy fuerte! (risas)

¿En serio?
¡Sí! Pero voy a serte sincero… no los he escuchado lo suficiente. ¡Pero ahora lo haré!

“Somos esos raritos que no usan samplers (risas). Pero ¿quién sabe? Quizá cambiemos algún día (risas)”.

Cuando salió “Atlas” en 2014, comentaste que te preocupaba haber dejado pasar tres años entre disco y disco, por si nos habíamos olvidado de vosotros. Han vuelto a pasar tres años hasta “In Mind”… ¿preocupado?
Sí, la verdad es que un poco. Siempre me preocupa si a la gente le va a importar o no que volvamos a la acción. Cuando estaba grabando me decía: “¿a la gente le molará esto?”

Por ahora, el single “Darling” parece estar funcionado muy bien, de hecho la he podido escuchar bastante veces en la radio. ¿Dirías que es uno de vuestras canciones más especiales? Me parece particularmente buena.
Me gusta mucho esa canción, sobre todo porque cuando la estábamos grabando, teníamos la sensación de estar haciendo algo diferente a lo que habíamos hecho en el pasado. Eso siempre resulta muy excitante en una banda que ya tiene cierto recorrido. Estamos muy orgullosos de ella, porque fue realmente un esfuerzo colectivo. ¡Me alegro de que suene en la radio española! (Risas) La verdad es que cuando la terminamos y escuchamos la grabación, dijimos: “Esta podría sonar perfectamente en la radio”.

El videoclip es buenísimo, con ese caballo precioso olisqueándoos mientras tocáis. Tengo una curiosidad: Cuando el caballo tira el teclado, ¿estaba planeado?
(Risas) Sí, estaba planeado, pensamos que quedaría muy cachondo. Estuvimos intentando de todo para que lo tirara, pero no había manera (risas), ni poniendo un poco de comida debajo ni nada. Al final tuvimos que hacer un poco de fake y fuimos nosotros mismos los que lo empujamos, pero en el vídeo no se nota.

El video termina con toda la banda haciendo una reverencia, como se hacía en los viejos tiempos. ¿Habría que recuperar esos buenos modales en el pop?
Pues sí, yo creo que sí. Nosotros lo hacemos en los conciertos siempre que nos acordamos. Nos gusta ese toque clásico.

Como decíamos han pasado tres años desde “Atlas”, ¿cuándo empezaste a escribir estos nuevos temas?
La mayoría de ellas son de otoño de 2015, así que podría decirse que son bastante recientes. No hay ninguna que sea anterior. Seis meses después ya estábamos grabándolas. Lo malo ha sido todo el tiempo que ha pasado desde que terminamos la grabación. Es una sensación muy rara tener un disco terminado y que pase tanto tiempo sin que nadie lo escuche. Le acabas dando más y más vueltas escuchándolo en casa, te entran dudas… Sólo quieres verlo en la calle de una vez.

“Para mí, componer nunca llega a ser una lucha, pero sí puede ser duro por momentos. Me suele resultar mucho más fácil componer la música que las letras, desde luego”.

¿Las canciones reflejan tu estado de ánimo en aquella época?
Mmm… eso es difícil de explicar con palabras. En esa época me acababa de mudar y mi mujer estaba embarazada de mi segundo hijo. Sí… recuerdo que le estaba dando bastantes vueltas a lo raro que es mi trabajo, a estar en una banda siendo una adulto padre de dos hijos. No es una situación normal, y en el fondo eso siempre te preocupa un poco. Estaba viviendo esa época familiar maravillosa, y a la vez manteniendo una carrera profesional que tiene mucho de inusual. Ya sabes, los otros padres no salen de gira como yo. Y a veces me daba por pensar que todo sería más fácil si fuera como ellos, si tuviera un trabajo normal. Pero me gusta demasiado lo que hago, escribir e interpretar música. El mayor problema es lo de tener que viajar tanto y separarte de la familia tanto tiempo. Todo esto se refleja por lo menos en un par de canciones del disco.

Tus canciones se mueven entre la reflexión metafórica y el costumbrismo, ¿dirías que componer te resulta fácil? ¿O pasas por momentos de mucha frustración hasta quedar satisfecho?
No me resulta fácil, es trabajo. Pero es un trabajo que me gusta, que disfruto mucho. Para mí, componer nunca llega a ser una lucha, pero sí puede ser duro por momentos. Me suele resultar mucho más fácil componer la música que las letras, desde luego. Como en todo lo más difícil es empezar, pero cuando el proceso ya está en marcha, si me pongo las pilas puedo llegar a avanzar bastante en un día. Y creo que es porque me lo estoy pasando bien sacando acordes, ritmos de batería, etc… Cuanto mejor me lo pase más avanzo. Pero el proceso con las letras es distinto, más introspectivo y sí, puede que menos divertido, porque no quiero parecer un estúpido, y termino exigiéndome mucho a mí mismo. Quiero que mis letras sean inteligentes, que tengan sentido para quien las escuche. Valoro mucho las buenas letras, cuando son estimulantes intelectualmente hacen que un disco sea mucho mejor. Si un disco te hace pensar, adquiere mucha más relevancia en tu vida. Por eso a veces requiere mucho esfuerzo escribirlas, a veces me quedo atascado y necesito pasar unas cuantas horas mirando a las musarañas en una cafetería o paseando por ahí para que las musas vuelvan a su sitio.

Valora los discos sesudos, ¿y los que sirven como música de fondo, para escuchar mientras haces tus tareas? No te ofendas, pero “In mind” también funciona muy bien así.
No me ofende en absoluto, al revés, me parece genial que lo digas porque creo que los buenos discos deben ser así. No me gusta mucho el concepto de música de fondo, pero si un disco funciona de las dos formas, tanto prestándole toda tu atención como dejándolo de banda sonora, es que es de los buenos. Y creo que es un hecho que “In Mind” puede funcionar de fondo, no es nada agresivo ni disruptivo.

¿Alguna vez has pensado que vuestro estilo de música y el formato clásico de guitarra, bajo y batería está perdiendo actualidad?
La verdad es que el gusto popular ha cambiado mucho, pero también creo que sigue habiendo muchísimas bandas de guitarras estupendas, porque es lo natural, ¿sabes? No es natural que un chaval de 15 años pretenda sonar como un disco mega-producido, lo natural es que le apetezca coger la guitarra para hacer un poco de ruido, lo natural es que le apetezca escribir sus propias canciones y no que se las entreguen de diseño. Nosotros somos una banda de guitarras, así es como nos categorizan en las tiendas de discos. Somos esos raritos que no usan samplers (risas). Pero ¿quién sabe? Quizá cambiemos algún día (risas).

Tenéis un nuevo miembro, Julian a la guitarra y coros. ¿Cómo ha sido su encaje en la banda?
Le conocemos desde hace mucho, así que ha sido muy fluido. Somos amigos de la infancia, y los demás en el grupo también han tenido relación con él durante bastantes años. Ha ayudado a generar unas armonías increíbles.

¿Por qué se marchó Matt Mondanile? ¿Es para dedicarse a su proyecto Ducktails, o hay algo más? Quizá perdió la pasión…
Sí, algo de eso hay. Tuvimos una conversación con él, porque empezamos a notar que ya no trabajábamos tan bien con él como antes. Por una serie de razones, la conexión ya no era la misma. Está lo de Ducktails, sí, pero creo que él ya sabía que no iba a participar en este disco desde hace mucho. Creo que cuando lanzamos un comunicado explicando su marcha no fuimos del todo claros con eso.

¿Y tú, mantienes la misma pasión del principio?
Sí, yo creo que más o menos es la misma.

Pero ser padre lo cambia todo, como decías antes.
Exacto. Eso es verdad, lo complicado todo un poco. Pero también he dicho que sigo amando la música, crearla y tocarla. La diferencia es que hay que reservar cada vez más energía para la familia. Cuando no tenía responsabilidades era más fácil dedicarla por completo a una sola cosa.

 

Es la primera vez que vuestro teclista de gira (Matt Kallman) participa en una grabación, ¿verdad?
Sí, de hecho ya se me hace muy raro escuchar lo de “teclista de gira”, porque hace tiempo que lo consideramos un miembro de pleno derecho del grupo, lleva cuatro años con nosotros. Ha hecho grandes contribuciones al disco, con la construcción de melodías, etc… y ya en el anterior participó con algunas cosillas, aunque llegó cuando estaba casi todo terminado.

Veo que sólo tenéis un concierto en España.
Sí, en el Vida Festival. Me han dicho que es muy bonito.

¿Y no os apetecería tener más fechas?
Por supuesto que sí, amo España, y no es una de esas frases que sueltan todos los artistas. Mi mujer y yo íbamos al mismo instituto, y la primera vez que nos liamos, es decir, cuando empezó todo, fue durante un viaje de fin de curso que hicimos a Madrid. Después, ella hizo un semestre en Barcelona y yo pasé un tiempo en la ciudad cuando fui a visitarla. Los dos éramos muy jóvenes y lo pasamos en grande, así que España es muy importante para mí.

Quizá debería comentárselo a algún promotor.
Sí tío, hazlo. ¡Consíguenos pasta!

¿Alguna vez os han molestado las comparaciones?
Más que nada nos resultan curiosas. Mucha gente habla del parecido con Teenage Fanclub, puede que con razón, y eso nos gusta porque es una gran banda. Pero lo divertido es que no la habíamos escuchado nunca, aparte de los dos o tres temas clásicos que conoce todo el mundo. Para mucha gente es una banda muy importante, pero no para mí. Personalmente nunca me he sentido demasiado atraído por ellos, no por nada en particular, es algo que no ha sucedido. Quizá ahora un poco más, porque tanta comparación terminó picándome la curiosidad y los he escuchado más, así que puede que en “In mind” sí haya algo de influencia de su música. Con los Byrds es otra cosa, también sale a relucir su nombre cuando se habla de nosotros, y ahí sí vemos más conexión porque sin ser un de nuestros grupos favoritos, sí somos fans.

¿Has vuelto a tener contacto con Jeff Tweedy desde que grabasteis “Atlas” en su estudio?
No, pero sí con su hijo Spencer (risas). Estuvimos pasando un rato genial el año pasado en el Pitchfork Festival, y también volví a verle en el Solid Sound Festival, que es el que organizan los propios Wilco. Su padre es más difícil de ver (risas).

Para terminar, ¿nos puedes hacer una recomendación de algún songwriter nuevo que mole mucho?
Sí, sin ninguna duda recomendaría a Michael Nau. Hace música de guitarras (risas), con instrumentaciones sencillas pero preciosas. Su disco se llama “Mowing”. Nuestro bajista Álex lo descubrió y nos ha convertido a todos a su religión.