Con un título de resonancias pictóricas, “Variaciones” (Sones, 2014), el tercer álbum de Dotore supone el mayor reto de Pablo Martínez Sanromá hasta la fecha: la reinvención casi total de su sonido pasando de lo acústico a lo electrónico sin que las canciones pierdan un latido característico. Resultado: un nuevo verano enganchados a la música del donostiarra.

Para ponerme en situación: el “Dotore” de hace cuatro años era casi un ciudadano del mundo en viaje perpetuo por motivos de trabajo. ¿Cuál es la situación en la que te encuentras ahora mismo y cómo ha afectado eso a tus canciones?

Llevo viviendo en Barcelona desde finales del 2008 y la verdad es que sigo viajando tanto o incluso más que antes. Como te comenté en su día, el viaje es algo fundamental en la música que hago, y aunque no siempre introduzca el nombre de una ciudad o unos instrumentos exóticos en las canciones, lo cierto es que casi todos los temas y sobre todo las letras las hago cuando estoy de viaje. Estar de viaje, sobre todo si viajas solo, te hace ser más introspectivo y te hace conectar con una sensibilidad especial con la que al menos a mí me cuesta más conectar en el día a día. Por eso no se trata tanto de hablar de la ciudad en la que estás de viaje sino de ver tu vida normal desde una perspectiva especial.

En la reseña del disco para MondoSonoro desarrollo una teoría por la cual la lesión en el brazo que te impedía tocar la guitarra te empujó a buscar otros métodos de composición y a adoptar nuevos instrumentos. Me gustaría que me confirmaras si efectivamente eso fue así y si llegaste a plantearte dejar de hacer música.

Tengo que reconocer que tu teoría es mucho más bonita y potente que la realidad, pero no tuvo nada que ver. Es cierto que tuve una operación en la mano que me obligó a cancelar algún concierto y a estar inactivo durante una temporada pero en realidad ya tenía avanzadas muchas de las canciones de este disco. Sin embargo sí que hubo una anécdota que marcó el disco. Yo sentía que la fórmula de la guitarra estaba agotada para mi y había perdido un poco la capacidad de sorprenderme. El caso es que llevaba tiempo dándole vueltas a lanzarme de cabeza a la producción y un día me olvidé la guitarra en un tren Barcelona-San Sebastián, me di cuenta al rato pero cuando llamé me dijeron que ya había desaparecido. Esto que en otro momento hubiese sido un drama, en ese casi ni me importó y lo interpreté como el empujón que necesitaba para lanzarme de lleno en este nuevo proyecto, y de hecho estuve casi dos años sin guitarra.

Se ha publicado que el disco se construyó a partir del “Dotórgano”. ¿Qué es exactamente el Dotórgano? ¿Cómo lo construiste y cuáles son sus ventajas y limitaciones? ¿Cómo han condicionado la construcción de las canciones?

El Dotórgano es una forma de llamar un poco de broma al teclado / instrumento / sampler que me construí con mis propias voces para este disco. Mis amigos empezaron a llamarlo de muchas formas y al final se quedó con “Dotórgano”.

La idea se me empezó a ocurrir a partir de la música coral clásica y contemporánea que he estado escuchando mucho en los últimos años (de hecho, sin yo saberlo todavía, los sampleos de Arvo Pärt al final del disco anterior ya estaban prediciendo este cambio :). El caso es que me parecía increíble la posibilidad de tener un coro de cientos de voces que pudiese controlar con mis propias manos desde un teclado, pero además el hecho de que esas cientos de voces fueran mis propias voces lo convertía en algo aún más especial para mi.
En números, el Dotórgano son 37 teclas, las 37 notas que mi voz es capaz de afinar, de modo que al pulsar una tecla suenan 10 voces mías. Es decir son 370 tomas de voz, que fueron seleccionadas como las mejores entre alrededor de 1500 tomas de voz. Es importante aclarar que las voces no están “pitcheadas” ni pasadas por el Autotune, así que el curro que me llevó hacerlo fue tan grande (estuve casi un año atascado con el tema) que si lo hubiera sabido no lo habría empezado, sobre todo porque el papel que ha tenido este instrumento en el disco es mucho menor del que en un principio había imaginado, aunque lo veo como un instrumento que tendré para toda la vida, y en el que además tengo intención de seguir profundizando.

También ha sido llamativa la publicación progresiva de las canciones en diferentes medios de websites… ¿Fue de esta forma, completando las canciones independientemente entre sí, cómo se construyó el disco? Porque supongo que también esa fue una forma de trabajar inédita para ti y de alguna forma también eso se percibe en el disco…

La idea de la publicación progresiva se le ocurrió a Sones. Había varias razones para ello. Cuando empecé a hacer las canciones, yo tenía la premisa de dejarme llevar totalmente en la dirección que me pidiera cada canción, y me concentraba en que cada canción se justificase por si misma y no necesariamente dentro de un conjunto. Yo hablaba de este enfoque con el artista-ilustrador Gorka Villaescusa, y acordamos que cada canción tendría su propia portada, que enfatizara el mundo propio de cada canción, pero encuadrándolos en un formato común, como parte del mismo disco.

Sones conoció la idea de este proyecto y se les ocurrió lo de ir avanzando el disco poco a poco, a medida que iba terminando las canciones. Esto suponía para ellos una novedad en la forma de promocionar un disco, y hacía que la gente se fuera acostumbrando al importante cambio de sonido que se estaba dando. Por otro lado, y esto no lo he hablado con ellos, se aseguraban un poco de que iría terminando los temas en fechas concretas porque ya había aplazado la fecha estimada de salida dos veces. A mi me pareció una forma bonita y coherente de avanzar. Yo jamás hubiese accedido a esto con los discos anteriores, quizás solo con dos o tres temas antiguos, pero creía mucho en todas las canciones de “Variaciones” así que me pareció un idea excelente.

¿Qué colaboraciones ha habido en “Variaciones”?

En este disco sentía que necesitaba volver a volcarme completamente. Lo compuse y grabé yo todo excepto en “Río de enero” en la que grabó baterías Iñaki Irrisarri, que ya participó en “Los veranos y los días”.

¿Y qué personas y por qué han sido importantes para que “Variaciones” sea lo que es?

Guillermo Astrain fue muy clave durante todo el disco. En realidad ha estado siempre súper vinculado con mi proyecto musical desde los inicios, ya que Guillermo es co-fundador del sello Primo (se llama “Primo” porque lo empezaron Jorge y Guillermo que son primos) y Guille fue la primera persona que creyó en mis canciones al ofrecerme grabar un disco con ellos en 2007. También ha hecho los únicos dos videoclips que se han hecho de mis canciones, y es además una de las personas con la que más conexión musical tengo que conozco. Aparece en los créditos como co-productor en tres canciones del disco, pero fue como una especie de consejero o director artístico durante todo el disco.

Brian Hernández, quien ha mezclado el disco, también ha sido clave a la hora de llegar a ciertos sonidos.

Entre bromas me decías hace cuatro años a propósito de “Los veranos y los días” que como en ese momento no tenías pareja aún no tenías material para nuevas canciones. Así que la pregunta inevitable es ¿cuál es el motor temático de “Variaciones”? ¿Has puesto tanto de tus experiencias personales en este disco como en los anteriores?

Sí, de forma más o menos explícita pero en las canciones siempre hablo de experiencias personales, para mi perdería todo el sentido hacer canciones inventándome la historia.

 

También me confesabas entonces que te frustraría saber que la gente consideraba “Los veranos y los días” un disco melancólico. ¿Dirías lo mismo de “Variaciones”? ¿Cuáles son tus sentimientos hacia este álbum?

Esto de lo que desprende un disco es algo muy relativo. Yo objetivamente diría que “Variaciones” suena más alegre o menos melancólico que “Los veranos y los días” y sin embargo puedo decir ahora que en general fui más feliz durante la gestación del anterior que durante éste. El tema de que un disco sea melancólico no siempre tiene relación directa con el estado de ánimo general. Más de una vez me ha sorprendido leer que grandes discos que considero alegres han sido compuestos durante épocas tristes, quizás como reacción precisamente. Creo que la melancolía se disfruta especialmente desde un estado de calma o relativa felicidad, si no esa melancolía puede convertirse en opresiva.

En este disco (que es precisamente aquel que va a tener una mayor exposición mediática de cuantos has hecho hasta ahora) la voz está en general sepultada por un “wall of sound” electrónico, en algún caso hasta hacerla prácticamente imperceptible y, desde luego, impidiendo descifrar las letras. ¿Es una decisión meramente estética? ¿Había algún referente en ese sentido? ¿Encuentras alguna explicación “psicológica” al hecho de haber apostado por este tipo de mezcla?

La verdad es que nunca me había quedado del todo contento con el resultado de los discos anteriores. Cuando no controlas las herramientas estás un poco vendido en el estudio, y tienes que tomar decisiones en poco tiempo. Sin embargo ahora simplemente me he acercado mucho más a lo que quería hacer en todo momento, a mí me gusta que la gente pueda acabar entendiendo la letra pero no me gusta que se quede escuchando la letra sin dejarse llevar por la música.

En “Los veranos y los días” me confesabas haber sampleado a Arvo Pärt, y de hecho hace un rato hacías referencia a aquello como una suerte de punto de partida de este disco. Este álbum parece a priori mucho más apropiado a los homenajes encubiertos, aunque personalmente no he sido capaz de identificar ninguno. ¿Confiesas…?

En este disco hay sampleos de Steve Reich, Art Blakey, Moondog… pero están tan modificados en pitch y tempo que ni siquiera son perceptible. 

Tengo curiosidad por la canción que cierra el disco “Deprisa” por su estructura que parece enfrentar dos canciones diferentes entre sí y que de alguna forma le da la mano al pasado y el presente de Dotore con ese cierre levantado con una guitarra acústica.

Sí, esta canción es la última del disco y se compone de dos partes claras; una primera parte muy densa, con bases electrónicas, sintes, pianos… y una segunda parte muy ligera formada solo por un rasgueo de guitarra y voces. Las dos partes repiten la frase “los días cada día pasan más deprisa, no dejes que los días pasen tan deprisa” pero desde un ánimo completamente diferente, la primera desde una óptica melancólica y la segunda desde una óptica optimista y vitalista que deja el ánimo alto. Creo que es una bonita forma de acabar un disco y además esa forma de cantar, animada y al límite de mi voz, solo se repite en “Balinesa”, que al ser la primera canción del disco invita a volver a darle al play y convierte el disco en un poco circular, o al menos eso es lo que busco. También es como decir: “eh! que aun me acuerdo de hacer canciones con guitarra y voz!”.

Háblame del paso de un sello minúsculo como Discos Primo a otro más profesionalizado como Sones. ¿Qué es lo que esperas que puede/debería aportarte Sones? ¿Tienes en ese sentido unas expectativas concretas con “Variaciones”?

El paso de Primo a Sones fue muy fácil. Primo son mis amigos de toda la vida y fue genial poder hacer con ellos los dos primeros discos, y ver como hacían cosas tan especiales con el packaging, presentación, etc… Obviamente seguimos quedando y viéndonos de continuo. Ahora estar con Sones supone un paso adelante en muchos sentidos y la verdad es que no puedo estar más contento. Sones es una discográfica profesional, todos viven de ello pero me maravilla de verdad ver cómo mantienen la ilusión de unos chavales haciendo un fanzine. Ha sido una auténtica gozada ver lo que se han volcado con este disco. Por lo demás no tengo expectativas concretas, yo solo quería hacer el mejor disco posible con la tranquilidad de que el ahora el disco tendrá cierta cobertura.

Hace unos días compartías una mixtape con Kraftwerk, Beach Boys, Moondog, Prince, The Durrutti Column, Isaiah Rashad, Kate Bush, Vondelpark, Moondog, Shuggie Otis, Lewis,… Tal vez lo que más llamativo me resulta de la selección son los acercamientos al r’n’b y el soul. En cualquier caso, ¿cabe entender esa lista de canciones una forma de aproximarse al universo sonoro de “Variaciones” o era en esencia un listado de favoritos de siempre de Pablo Martínez? Y por curiosidad y visto tu eclecticismo como fan, ¿hay algún estilo musical que directamente te supere y sea superior a tus fuerzas?
No, la verdad es que es una lista que mezcla algunas canciones que me gustan de siempre con otras más de ahora, grupos de amigos, etc… Pero no se puede considerar para nada representativo del universo sonoro de “Variaciones”.

Respecto a los estilos que escucho en casa, sí que soy muy ecléctico, y puedo pasar de ponerme un disco de música clásica a otro de hip hop tranquilamente, de hecho esa combinación es bastante habitual para mí. No se me ocurre ningún estilo que no me guste, cuando algo es de calidad cualquier estilo me ha llegado a emocionar.

¿Qué le depara el futuro (inmediato o no) a Dotore…?

A corto plazo estamos preparando los conciertos y tocaremos todo lo que podamos. Hemos adaptado el disco para que me puedan acompañar en directo Iñaki Irisarri y Håvard Enstad, que ya participaron en el disco anterior y tocaron conmigo en casi todos los conciertos. A medio plazo quiero empezar a trabajar en nuevas ideas que empiezo a tener y que casi seguro volverá a suponer un cambio de rumbo muy importante.


Si deseas escuchar el nuevo trabajo de Dotore y leer un detallado análisis canción a canción de los temas que forman parte del tercer álbum del proyecto musical del donostiarra Pablo Martínez, puedes hacerlo en este mismo link.