Los gallegos Triángulo de Amor Bizarro han reconocido siempre influencias muy diversas, algo que esta selección firmada por Rodrigo Caamaño Díaz, voz y guitarra, no hace más que confirmar. Este mes de mayo actúan en Murcia (SOS 4.8, 7 mayo), Irún (Irún Rock, 14 mayo) y Madrid (Festival Tomavistas, 21 mayo).

 

Einstürzende Neubauten – “Halber Mensch” (1985)

En el 2005, cuando empezábamos a ensayar en El Taller Electrónico en A Coruña, básicamente queríamos reventar todo y hacer música industrial. Llegamos a instalar una gigantesca chapa de 8×4 metros en la mazmorra que era nuestro local de ensayo, con la esperanza de producir algún sonido grotesco y terrible con ella. Hacer música, vamos. Pero solamente conseguimos que sonase a algo parecido a una lata de Coca-Cola golpeada con un tenedor. También montamos instalaciones con tuberías, sistemas con aire a presión, entes horribles de madera y chapa oxidada con pastillas de guitarra incluidas y demás horrores de la ferretería amateur. También grabábamos vídeos amenazantes. Bueno, realmente eso es lo que pensábamos que hacíamos. En la práctica simplemente bebíamos y nos colocábamos mucho, y soñábamos con ser como ellos. Fue una época genial.

 

Nick Cave And The Bad Seeds – “Henry’s Dream” (1992)

Pues mi disco favorito de los Bad Seeds, junto al primero, principalmente porque tiene algunas de las canciones que más me gustan de ellos. Poco más que decir de la mejor banda de rock en su mejor época.

 

Juan Pardo – “Gallo de pelea” (1989)

En mi casa, cuando yo era pequeño, no se escuchaba a Bob Dylan, a Serge Gainsbourg, a The Monkees ni a demás cantantes que convierten la infancia en una bonita teleserie de tonos pastel. Como en los demás hogares gallegos que disponían de sonido de baja, media o alta fidelidad, y cuando las terribles instalaciones de la Fenosa te lo permitían, se escuchaba a Juan Pardo. Siempre. Todo el día .Y como en esas edades se absorben los estímulos como una esponja, seguro que su influencia está más presente en TAB de lo que pensáis, y, más seguro aún, amenaza en mi interior con desbocarse proyectada hacia el futuro.

 

The Upsetters – “Superape” (1976)

El año pasado, mientras componíamos “Salve Discordia”, nos metimos toda la banda a saco con el dub. Y ahí seguimos. No voy a descubrir yo a Lee Scratch Perry como un genio absoluto y universal de la música, todos le conocéis. Y este disco y su continuación, clásicos entre los clásicos, son la entrada perfecta a su estilo menos vocal, más rítmico, experimental y psicodélico. Ya sabéis, hacedle caso al Super Simio, que come pescado asado, raíces, pan de millo y hierba.

 

Suicide – “The Second Album” (1980)

Me compré este disco un poco engañado, ya que en la edición española venía con las primera maquetas de extra, y yo pensaba que eran las maquetas y el primer disco. Era en esa época que nadie recuerda llamada “antes del Internet”, cuando comprabas un disco con tu limitadísimo presupuesto tenías que dejarte llevar por tus creencias, nadie iba a resolver nada por ti. Al principio me llevé un chasco, ya que simplemente quería el primer disco, que es el mítico, en CD. Pero al cabo de las escuchas obligadas para amortizar el gasto, acabó entrando a ostias en mis oídos de adolescente. Y bueno, pues que el segundo disco de Suicide también es la ostia consagrada, un disco increíble que todos mataríamos por hacer.

 

Ilegales – “Ilegales” (1982)

El mejor disco de rock and roll en español, ideal para bailar, romper escaparates y además con las mejores letras. Está muy lejos de lo que se solía hacer por aquí en la época, especialmente de los grupos más famosos. Lejos de los clubes de pijos espantaviejas y transgresores de palo que todos asociamos con la época, el primer disco de Ilegales es una obra llena de ideas eternas, original, escrito e interpretado con pericia y fiel reflejo de la verdadera juventud de la España de los ochenta, todo lo contrario al retrato retorcido, difuminado e inofensivo que nos venden en los programas de nostalgia.